REVISTA R

Discreto, casi se podría decir que tímido, Hugo Arrevillaga es en realidad el monstruo del teatro mexicano. Ha dirigido más de 40 obras y la mayoría no s ólo son éxito de taquilla, sino la fascinaci ón de los críticos. Acaba de estrenar D éjame entrar, una historia de vampiros, bullying y amor.

 

Luego de sus obras anteriores, ¿por qué ahora una historia de vampiros?

La gente menosprecia un poco el género del horror; sin embargo, me declaro un ferviente admirador del mismo. Me entusiasma abordar personajes como éste.

¿Se puede romper con el cliché?

Se le debe al autor, John Ajvide Lindqvist, particularmente. Genera, a partir de una niña de aparentemente 12 años, un ser muy complejo al cual se le ha negado la posibilidad de morir, ¡porque está muerta! Lleva 200 años existiendo y está aburrida de eso, busca de alguna forma retomar aquello a lo que nosotros llamamos vida. Se plantea un personaje muy complejo en sí mismo porque es una chica que, además, está buscando de una manera muy intuitiva y, me parece, poética y hermosa, el amor.

¿Cómo evita caer en Crepúsculo?

La misma historia ya lo hace. Los personajes tienen en sí mismos un conflicto profundo, pues esta chica lo único que está buscando es la sobrevivencia, pero tiene compasión. ¿Cuándo hemos visto un vampiro que tenga compasión de sus víctimas? Ella se niega a ir a buscar a sus víctimas y morderlas, por lo que envía a alguien para que asesine a esas personas, les drene la sangre y ella no los contagie de vampirismo.

En Las lágrimas de Edipo, adaptó la historia al caso de Ayotzinapa ¿Ésta es la historia que quiere contar hoy?

Sí, siempre me ha seducido la idea de contar una y otra vez historias sobre el primer amor. En la génesis del amor se plantea toda una vida futura, para bien o para mal. Ahí aparecen nuestros primeros miedos o nuestras primeras pasiones, en fin. Entonces una historia en la que confluye el horror, el vampirismo, la ciencia ficción y algo tan concreto que vivimos día con día, como lo es el amor, me parecía importante.

Una parte fundamental de la historia es el bullying, ¿usted fue bulleado de niño?

No tanto como Óscar, el personaje, pero supongo que todos, de alguna u otra manera, sufrimos bullying o bulleamos. Tengo recuerdos en los que sí me sentía aterrado de llegar a la escuela porque había un compañero que sabía que ese día me iba a molestar por lo que traía puesto o cómo me había peinado, o me iba a quitar el lunch…

¿Y qué fue de ese miedo?

Ese temor profundo que sentía en la infancia de alguna manera se ha convertido en otro miedo cada vez más grande. Vamos creciendo y los monstruos cada vez se vuelven más complejos, más inasibles, más incomprensibles para nosotros. Cuando empecé a leer este texto, empezaron a salir de mi inconsciente muchos de aquellos miedos y muchas imágenes que creía completamente olvidadas. Entonces dije: “si en esa época hubiera escuchado esta historia, me habría dado fortaleza para afrontar aquellos momentos”. En la obra, resulta que el vampiro no es el monstruo… Exactamente: el monstruo son los seres humanos, eso me parece extraordinario de este autor. Él plantea, y lo vemos paralelamente, que por un lado ella asesina, sí, pero por un instinto de supervivencia. En cambio, los jóvenes que bullean a Óscar lo hacen por pura diversión, la violencia la ejercen como un acto lúdico, simple y llanamente.

¿El mal empieza en la infancia?

El mal empieza desde que nacemos. Justo nos preguntábamos ¿qué es la maldad entre los seres humanos?, ¿cómo se genera? Pienso en el taxista que asesinó a Mara, la joven de Puebla. ¿Qué había en su corazón?, ¿cómo se desarrolla al interior la maldad en un ser humano para ejercer un acto tan atroz como éste? Me da la impresión de que no sólo depende de lo que vivimos durante la infancia, sino que probablemente la maldad, como muchas otras cosas, corra en ese torrente de información genética de la que al final somos un receptáculo y nos convierte en quienes somos…

Pero eso significaría que no hay escapatoria…

Es importante decir que las autoridades no han logrado entender que la educación realmente puede prevenir el crimen, sensibilizar y generar un sentido de compasión y de humanidad frente a otro ser humano. Se apostó por canalizar muchos recursos a una guerra contra el narco que amputó importantes posibilidades al sistema educativo mexicano, a la investigación, al arte, a la cultura…

¿Con más libros, tendríamos menos muertos?

Con más libros, más obras de teatro, más arte en las calles y con mucho más diálogo entre las familias.

¿El teatro es un vampiro?

Por supuesto: el teatro es un vampiro y lleva chupándome la sangre desde hace más de 15 años. O, mejor dicho, me he dejado chupar la sangre. Al final uno se pregunta: “¿Realmente ha valido la pena hacer todo esto?”.

¿Ha valido la pena?

Sí. Veo a mi familia, de la que a veces tengo que separarme por estar largas jornadas, y los veo muy felices. Es ahí cuando siento realmente que contar historias sí está, de alguna forma, logrando hacer que el entretejido social se fortalezca. Soy un creyente de que el teatro realmente nos fortalezca como seres humanos.

¿El escenario es una adicción o una maldición?

Es una adicción. Quienes hemos estado haciendo historias sobre la escena, no podemos parar de hacerlo, cada vez buscamos hacerlas más complejas o más hermosas y esta búsqueda de la belleza es insaciable. Ahora, quisiera poder dejar de lado un poco el teatro para poder hacer algo que quiero desde hace muchos años: mi ópera prima en cine, pero el teatro no deja de chuparme la sangre, no me deja ir.

¿Le preocupa un día no llenar el teatro?

Fíjese que no, porque desde ahí vengo. Cuando empecé a hacer teatro muchas funciones fueron canceladas porque no llegó absolutamente nadie. Estoy consciente de que eso podría llegar a suceder; es decir, hay mucha gente que quiere ir al teatro, pero tal vez haya poca que puede pagarlo, cada vez menos tal vez. En el momento en el que yo perciba que la gente ya no quiere escuchar las historias que cuento, tendré que dejar de hacerlo. No pienso seguir martirizando a nadie, jajaja.

¿Qué le da miedo?

Que una historia contada por mí en escena no tenga la suficiente potencia para hacer que el espectador se vaya con las manos llenas a su vida cotidiana. Eso me da mucho miedo: que el espectador pierda su tiempo conmigo.

¿Cuándo fue la última vez que brincó en una butaca?

Con la película francesa Voraz, me impactó mucho. También David Lynch cada que lo vuelvo a visitar o cada vez que veo El inquilino de Polanski, me da nuevamente un brinco en el corazón. Agradezco profundamente que una historia me logre sacar de mi percepción lógica de la vida.

¿Es lo que usted busca?

Me encantaría lograrlo, que el espectador de pronto en sólo un gesto perciba algo inquietante y extraordinario que lo saque por completo de su percepción cotidiana de la existencia.

¿Qué haría usted si fuera inmortal?

Sufriría. Saber que mi vida no es eterna me hace abrir los ojos por la mañana, todos los días, disfrutar esto, besar y abrazar a las personas que amo; me obliga a vivir lo más profundamente que puedo mi vida cotidiana. Si fuera inmortal, sería muy infeliz.

¿Cuál quiere que sea su epitafio?

“Contó historias”.

¿Cómo se llamaría la obrade este sexenio?

Tiempos oscuros.

CINCO DATOS

1. Abandonó la carrera de Comercio Internacional para estudiar actuación en el CUT.
2. Incendios fue éxito teatral de 2010, lo que le dio amplia proyección.
3. Existen dos versiones cinematográficas de Déjame entrar.
4. De su asociación artística con el dramaturgo Wajdi Mouawad surgieron Cielos, Sedientos y Camino para recuperar mi rostro, ente otras de sus obras.
5. Presentó Enrique IV en el mítico teatro Globe de Shakespeare, en Londres.

Escrito por Miguel de la Vega / Agencia Reforma

Reportero de Agencia Reforma


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