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MUMBAI, India.- En el segundo mayor mercado para Cinépolis en términos de asistencia después de México, y donde Bimbo incursionó este año para expandirse en Asia, la economía nacional crece a más del triple que el ritmo de México, pero ese auge no se libra de claroscuros.

 

Un auto de Jaguar Land Rover –compañía adquirida en 2008 por el gigante indio Tata Group– circula por una calle que es hogar de los que no tienen casa, mientras rebasa a los clásicos rickshaws (mototaxis o tuk tuks).

 

Una señora sin techo pide ayuda para comprar alimentos en la esquina del hotel de lujo Taj Mahal Palace de Mumbai, un complejo que aloja a estrellas del espectáculo, presidentes, primeros ministros, duquesas, príncipes, reinas y reyes –y que también pertenece al conglomerado que factura anualmente un equivalente cercano a 5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) de India.

 

Este país del sur de Asia, donde operan otras firmas mexicanas como Kidzania, Mexichem, Nemak o Kuo, registra una tasa promedio de expansión de su Producto Interno Bruto (PIB) de casi 10 por ciento anual en lo que va del siglo.

 

En 2016, creció 7.1 por ciento, muy por encima del 2.3 de México, y el Fondo Monetario Internacional (FMI) espera que crezca 6.7 por ciento este año, arriba del 2.1 por ciento proyectado para el país.

La nación asiática ha vivido las últimas décadas con liderazgos y estrategias diferentes, pero con la misma visión de fondo: una especie de “hyperscale-low cost”, es decir, crecer más que ningún otro país y ser competitivo a bajo costo.

 

El último gran plan para ello se llama “Make in India”, un programa gubernamental lanzadoen 2014 para alentar a empresas nacionales y multinacionales a fabricar sus productos en la nación del sur de Asia a cambio de beneficios fiscales, incrementos en los topes de Inversión Extranjera Directa (IED) y, precisamente, una relación costo-beneficio atractiva.

 

“En 1991, el sector servicios representaba alrededor de 40 por ciento del PIB, pero después de algunas reformas empezó a crecer muy rápidamente hasta tener 61 por ciento ahora, especialmente por los sectores de telecomunicaciones, TI (tecnologías de la información) y servicios financieros.

 

En cuanto a la manufactura, las reformas no llegaron tan rápidamente”, refiere Sharmila Kantha, jefa del Departamento de Asuntos Económicos de la Confederación de la Industria India (CCI).

 

“Queremos cambiar la cara de India”, reconoce Raveesh Kumar, vocero del Ministerio de Asuntos Exteriores. Con un PIB de 2.2 billones de dólares, India es la séptima economía más grande del mundo –detrás de Estados Unidos, China, Japón, Alemania, Reino Unido y Francia–.

 

Pero, al dimensionar esa magnitud en el segundo país más poblado del mundo, resulta una renta per cápita de mil 709 dólares, con lo que cae hasta el lugar 169 de 264 países evaluados por el Banco Mundial (BM). México ocupa el sitio 80, con 8 mil 201 dólares por persona.

 

Además, el país sudasiático está en el lugar 131 de 188 en el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas, indicador que contempla dimensiones de salud, educación y riqueza por cada habitante. Al ver el boom del país, cada vez más indios aspiran a escalar socioeconómicamente y algunos valoran como referentes a figuras del tipo de Sundar Pichai o Satya Nadella, actuales directores de Google y Microsoft, lo que ha generado una bien, otros se preguntan ‘¿por qué a mí no?’.

La gente vende sus tierras y propiedades para mandar a sus hijos a escuelas en el extranjero”, cuenta Simran Maira, intérprete de español-inglés-hindi y profesora egresada de la Universidad Complutense de Madrid.

 

De todos modos, una frase condensa el día a día empresarial y la visión económica y financiera de la nación: “creo en Dios, pero también me gusta el dinero”.

 

Son palabras de Nayan Mehta, director financiero de la Bolsa de Valores de Mumbai (BSE), que presume ser la más rápida del mundo y, con un nivel de capitalización de 2 billones de dólares, es la décima más grande a nivel global.

 

En la sede de BSE no sólo hay una figura de toro característica de los mercados de valores –sí, como en Wall Street–, sino que un símbolo acompaña a varios traders: Ganesh o Ganesha, el elefante-Dios, señor del éxito y destructor de los obstáculos.

 

El mismo ícono, ese dios de la riqueza y de la buena suerte, se observa en otros centros de negocios del corazón económico y financiero de India, así como en la propia Nueva Delhi.

 

MÉXICO EN LA INDIA

Las autoridades y la iniciativa privada de India tienen claras las oportunidades para los inversionistas de México y América Latina en su país: agricultura; procesamiento de alimentos; aceite comestible; biotecnología; madera; minería; energía  renovable, particularmente solar y biomasa; industria farmacéutica; autos; ingeniería pesada; y turismo y hospitalidad, especialmente en hoteles medianos y pequeños.

 

“En comercio, hay muchas oportunidades para los dos países. México es fuerte en aguacates, agave syrup, tequila y mezcales, pero no hay mucha exportación de esos productos todavía a la India.

Al otro lado, India quiere exportar mangos, textiles y arroz. En términos de inversiones, hay muchas oportunidades en infraestructura, procesamiento de alimentos y aviación, ya que México es más fuerte en esos sectores e India quiere su apoyo”, explica Ashwani Kumar, Representante Comercial de la Embajada de India en México.

 

Tata Consultancy Services (TCS) –filial de Tata Group– delinea además en qué materias esperan que los egresados mexicanos y latinoamericanos sean especialistas para sus empresas: matemáticas, programación, tecnología, economía y finanzas, pero sobre todo pide adaptabilidad porque dichos ámbitos cambian muy rápido.

 

“No puedes crear un programa (software) y vivir de eso toda tu vida porque el mundo cambia más rápido”, dice Ameet Nivsarkar, director global de Asuntos Corporativos de TCS, firma que opera en Ciudad de México, Guadalajara y Querétaro.

 

Ashok Das, secretario para América Latina y el Caribe del Ministerio de Relaciones Exteriores, expone que India desea compartir la experiencia de trabajar bien a bajo costo, y las empresas están convencidas que ese debe ser su mayor diferenciador.

 

“Siempre hay competencia pero también hay una solución: los productos tienen que ser efectivos, deben tener un beneficio y un precio bajo; si cumplimos todas esas necesidades, entonces podemos crecer. Lo que están haciendo nuestros competidores nosotros tratamos de hacerlo mejor y con mejores precios”, dice Vijay Sardana, jefe de Agronegocios, Políticas y Proyectos de UPL, grupo indio de agroquímicos que compite con titanes como Syngenta, Monsanto y DowDuPont.

 

Es el mismo énfasis del Consejo para la Promoción de las Exportaciones Farmacéuticas de India (Pharmexcil). “India ofrece ambas cosas al mundo: calidad y asequibilidad”, asegura Tushar Korday, miembro del Comité de Administración de Pharmexcil.

Actualmente, siete farmacéuticas indias están en el top 20 global de compañías de genéricos, un mercado que ya representa casi una tercera parte de los ingresos para esta industria.

 

“El enfoque de la industria farmacéutica india no es el impulso de las marcas, sino el desarrollo de genéricos de bajo costo”, agrega Korday.

Escrito por Staff / Agencia Reforma

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