INTERNACIONAL

Los asistentes no pudieron disimular su descontento.

 

BARCELONA.- La independencia de Cataluña, por lo menos la declaración de ayer, fue tan efímera como un suspiro. Miles de soberanistas se congregaron en lugares públicos de toda la provincia para escuchar las palabras mágicas en la voz de Carles Puigdemont. Alrededor del edificio del Parlament se organizó una concentración de cerca de 30 mil personas con pantallas gigantes para seguir tan histórico momento.

 

Puigdemont caminó hacia el estrado principal con una carpeta negra en la mano. Allí estaba el discurso que había revisado unos minutos antes con las gafas en la boca y una pluma en la mano derecha.

 

Antes de comenzar a hablar tomó agua, carraspeó y provocó el silencio del hemiciclo y de los que estaban en las plazas. ¿Qué diría? ¿Cumpliría con la promesa de declarar la independencia? Las preguntas que circularon estos días en las charlas de cafés ya tendrían respuesta. Y fue declarar la independencia y suspenderla apenas nacida.

 

“Nos han engañado”, corearon varios de los asistentes.

 

El sector juvenil de los radicales de izquierda llamó traidor a Puigdemont.

 

Las fotos de personas decepcionadas o enojadas no fueron difíciles de encontrar. “Ha sido políticamente correcto para no armar un lío en Europa. Esperaba que lo dijera más claro, pero también pensé que hoy no era el día”, afirmó Albert Astorino, estudiante barcelonés de 21 años. Sin embargo, otros expresaron menos comprensión: un hombre mostró su impotencia pateando una papelera mientras gritaba, y un joven exclamó: “Traición”.

 

Escrito por Homero Fernández / Agencia Reforma

Reportero de Reforma


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