OPINIÓN

En las más de cuatro décadas que llevamos en este oficio no recordamos que ningún Jefe de Estado públicamente haya piropeado a la esposa de otro mandatario.

 

Como estímulo para que se rían durante el fin de semana, estimados lectores, por favor no dejen de ver en la versión electrónica de este su periódico (en reforma.com/trumpenparis) el videíto del hombre que México más adora odiar, Donaldo Juan Drumpf, "tirándole los perros" a la Primera Dama de Francia, Brigitte Trogneux.


En las más de cuatro décadas que llevamos en este oficio no recordamos que ningún Jefe de Estado públicamente haya piropeado a la esposa de otro mandatario.


Jamás le pasó a John F. Kennedy con Jackie, a Nicolas Sarkozy con Carla Bruni, ni a Rainiero de Mónaco con Grace Kelly... ¡y vaya que en esos casos había material!


Existe una poderosa razón por la que esto no sucede: porque en nuestra galaxia, y probablemente en todas en las que pudiera haber vida inteligente, esto es algo muy corriente y de mal gusto.


Si observan el video, se escucha que el hombre del peluquín pelo de elote, volteando hacia la señora Macron, quien se encontraba al lado de su esposa, Melania, le dice en inglés: "¡En qué buena forma estás... hermosa!".


Misógino, cretino: si acaso pensó que la estaba halagando, más bien demuestra, además de su ignorancia y falta de cultura, pues de manera abierta está cosificando a una mujer inteligente, preparada, digna Primera Dama de una nación soberana, culta y súper desarrollada, y que simboliza a todas las mujeres francesas, que la representación del pueblo norteamericano que llevó a Francia le queda muy grande.


¿Verdad que Macron no le dijo a Melania que qué monona está?


Claro que no, porque esos comentarios sexistas no tienen nada que ver con la diplomacia ni con las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y Francia.


Aun en privado se hubiese visto mal, pero en público debe haber causado, además de burlas por lo babas, un gran malestar en Francia.


Estos detalles pintan al hombre, y sirven para reforzar lo que sabemos: que el hoy Primer Mandatario de los Estados Unidos por gracia de Putin- no tiene la menor idea de lo que es ser Presidente, del comportamiento al que debe sujetarse, de la responsabilidad del puesto, entre otras cosas, de actuar de una manera caballerosa y educada que no ofenda a nadie y que no TRIVIALICE las relaciones formales entre naciones, confundiéndolas con un comportamiento como en las fiestas de su fraternidad colegial.


Volvemos a lo dicho: "la culpa no es del indio, sino de quien lo hizo compadre".


Estamos convencidos que los republicanos conservadores que apoyan a este desubicado y lo cubren y justifican en todos sus yerros y dislates, aún no tienen la menor idea del DAÑO que le están causando a Estados Unidos no sólo tolerando, sino haciendo propio el cúmulo de pifias por este hombre cometidas aun antes de que llegara al poder.


¡Fraternizando con los rusos para fregarse a Hillary!


Esto no es de estadistas, éste no es el comportamiento de un hombre preocupado por el bienestar de su nación: es el de uno que se lleva las trancas y lo único que defiende son sus propios intereses, los cuales ubica por encima de cualquier consideración: ajeno por completo a lo legal y lo moral.


Le da lo mismo desde el poder insultar y agredir a quien se le pega la gana; mentir, engañar, intimidar: para él todo se vale con tal de salirse con la suya.


Y en este juego, al no ponerle un alto, los republicanos se han convertido en sus cómplices y van que chutan conjuntamente a convertir a los Estados Unidos -pueblo admirado y no por su poderío, sino por sus tradiciones democráticas, de justicia, de "fair play" y de equidad e igualdad- ¡en una nación tercermundista más!


Intolerante, xenofóbica, misógina, racista, divisiva. Y todo por tener y sostener- a un hombre superficial, inculto, ignorante, que no por haber heredado dinero de su padre lo califica ni remotamente para representar al que antes era el ejemplo mundial de una sociedad de libertades absolutas con justicia, cabida y bienvenida para todos.


¡En lugar de promover estos valores, el hoy Presidente de los Estados Unidos prefiere dar exhibición de su sexismo rampante!
¡Nos damos!

Escrito por Manuel J. Jáuregui

Columnista de Reforma


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