OPINIÓN

Anécdotas a un año del cambio de gobierno…

Quien no conoce su historia, está condenado a repetirla…

 

Nunca supe quién o quienes fueron, pero entendí el mensaje de inmediato. Había salido a hacer ejercicio y regresado. En el ínter de volver a subirme al auto, no más de una hora, arrancaron los dos espejos laterales, justo frente al portón de casa. Escribía columna política para Luces del Siglo  ? cuando aún era un semanario ? , para un diario local y otro nacional, así como colaboraciones en radio. Así, era un tanto difícil precisar de dónde venía exactamente el “mensaje” hasta que… llegaron un par de un mails; eran amenazantes, con muchos calificativos altisonantes y hacían referencia a lo sucedido con los espejos, como una metáfora de lo que podría pasar…

 

 

Lo comenté con el director del diario nacional y, para no hacer el cuento largo, gracias a sus influencias, me contactó de inmediato un agente de la entonces SIEDO (Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada) para tomarme una declaración; fue un poco intenso: apenas bajó del avión, me citó en una residencia en Isla Dorada, de esas incautadas. Desde que entramos me dijo que era propiedad de un “pez muy gordo del narcotráfico”; ni me lo hubiera dicho, sólo entrar ahí y ser interrogada dentro, en esa enorme casona, con lujos caducos por el abandono, fue intimidante; en algún instante, de esas ráfagas de pensamientos locos, me imaginaba que en cualquier momento ingresaría un par de sicarios preguntándonos qué $%&$% hacíamos en la casa de su patrón (sí, ya debo dejar de ver narcoseries, ja ja ja).

 

 

¿Porqué no sólo me citó en un café y hacerme todas las preguntas?, quizá así manejaban sus protocolos de seguridad, pero bueno; horas más tarde, ese mismo agente me citó de nuevo, pero ahora en las oficinas de la Procuraduría General de la República para poner una denuncia formal. Luego fue a casa junto con un compañero especialista en tecnología, para ver si podían detectar en mi computadora la dirección IP desde donde se enviaron los mails. No sé si salió peor el remedio, porque todo el asunto en general, que se llevó horas de tensión, no fue nada agradable.

 

 

Confieso que luego no le di seguimiento a la denuncia, pero lo que sí sucedió, fue que poco a poco se me fueron las ganas de seguir escribiendo análisis sobre política local. Mi conclusión fue que las opciones se reducían a alabar al gobierno en turno o atenerme a las consecuencias. ¿Jugarle al héroe? Decidí que no valía la pena. Así que mejor nada, fue el motivo principal por el cual dejé de colaborar en diarios durante varios años y dedicarme de lleno a la empresa editorial; hasta ahora que, sinceramente, se respira y se percibe otro ambiente, de apertura y respeto, al menos hasta el momento… Eso sí, sé ahora que lo ganado, nunca es para siempre, hay que cuidarlo…

 

 

Al paso del tiempo, se iba uno enterando de las consecuencias para quienes sí fueron valientes y sí se la jugaron hasta que pudieron; para ser sincera, fueron pocos, contados: unos perdieron su trabajo a la mala, sus espacios en medios, a otros los hostigaron de una forma verdaderamente infame, alguno incluso tuvo que irse del país, a otros los compraron para lambisconear al gobierno y para desprestigiar adversarios… Eso fue en el ámbito periodístico.

 

 

En el empresarial, los mensajes a veces eran más sutiles o más fuertes; ahora sí que dependiendo el sapo la pedrada. A las empresas, pequeñas o grandes, se les amedrenta a través de diversas formas: negación de permisos, licitaciones a modo, demandas fantasma, cobros indebidos, exigencia de mochadas, pagos postergados, clausuras raras, multas exorbitantes y también con un arma feroz: auditorías fiscales. Por más que sea contribuyente cumplido, normalmente encuentran algún detalle para dañar. Y bueno, no olvidemos también los inaceptables despojos a propiedades privadas y embargo de cuentas bancarias, a través de demandas de seudo empleados en la entonces corrupta red de las Juntas de Conciliación y Arbitraje.

 

 

En el ámbito político, las cosas no eran mejor: en tiempo de elecciones, a los militantes y candidatos de partidos de oposición no sólo los perseguían y asediaban en toda su campaña, sino incluso llegaron al extremo de quemarles sus autos. Vaya situación. El hostigamiento también fue de una forma infame. Y a quienes habían sido gobierno, los auditaban y volvían a auditar para ver si encontraban algo y poder así no sólo desprestigiarlos, sino, en una de esas, encarcelarlos o negociar su “obediencia”…

 

 

Hubo mucho más, poco a poco se han ido conociendo historias como de narconovela, pero de la vida real; y claro, mirado a la distancia, ¿quién se iba a atrever a exigir, a protestar? Pocos decían algo y es comprensible…

 

 

Recuerdo aquel 5 de junio del 2016, el día de las elecciones, ya tarde, cuando se iban conociendo los primeros resultados, me encontré en el súper a una pareja, amigos empresarios; platicando en confianza me dijeron que habían votado por Carlos Joaquín; pero saben, su confesión fue al oído, muy quedito, temerosos de que alguien escuchara, no fuera a ser que al final cambiara la tendencia, bien conocían las nefastas consecuencias.

 

 

Así vivíamos, temerosos, pues un bandido tenía a su alcance el poder de todas las instituciones y ¿qué podíamos hacer nosotros, comunes mortales? No mucho, hasta poder utilizar nuestra arma infalible: el voto masivo, el voto de castigo. Quizá por eso, muchos quintanarroenses nos sentimos aliviados esa noche del 5 de junio y más aún cuando llegó el esperado 25 de septiembre: por fin un nuevo gobierno, ya no un bandido sino una persona decente en el poder, hasta inéditas rechiflas contra los ahora ex-gobernantes escuchamos en la toma de protesta en Chetumal; fue un respiro, una esperanza de mejorar, de cambiar lo podrido y bueno, como en todo, cada quien tendrá su opinión.

 

 

Si me preguntan la mía, mucho ha cambiado para bien aunque, por más que quiera ser eficiente y sí sea eficiente el gobierno actual, llevará algunos años aún recomponer lo destrozado, especialmente en el tema de seguridad. El asunto a estas alturas es que, para bien o para mal, ya nos volvimos muy exigentes. Queremos resultados para ayer. La impaciencia de los quintanarroenses es enorme y ello siempre es un factor de presión… En lo personal sí celebro el primer año del gobierno del cambio y considero que en las altas posiciones del poder se tendrá la madurez para entender que esa impaciencia, que esa exigencia, dentro de todo, es un factor saludable, pues una sociedad temerosa y pasiva no le sirve a nadie, vamos, no le sirve de nada al país…

 

 

Escrito por Yvette Hesse E.

Dir. GENTE Q. Roo Revista Impresa y Digital de Negocios y Política. Producto de Gpo. Editorial Kankun.


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