BUENA MESA

Atmósferas de antaño

Quien mantiene buen sabor y servicio nunca será abandonado por sus clientes, filosofía que marca a Cenaduría Chabelita. Este principio fue refrendado hace un par de meses, cuando el local que Chabelita Ledezma fundó hace más de 60 años, en el barrio de El Refugio, en Guadalajara, fue requerido por su propietario.

Desanimados por el temor a perder su clientela, ella y su familia se despidieron del sitio que recibía bajo láminas de asbesto a los fieles del pozole calientito acompañado de tacos dorados y sopes de picadillo, requesón y frijol. Pero la lealtad de sus comensales los siguió a un local más grande que inauguraron hace unas semanas y ubicado cerca de La Normal.

Lo decoraron a la mexicana y lo llenaron de la atmósfera que caracterizaba a la cenaduría que inició en 1953.

En el negocio me siento en familia, porque aquí trabajan mis primas, sobrinas e hijos; y así es como yo hago sentir a todas las personas que vienen, que lleguen a un lugar a gusto,

comparte Isabel González, propietaria del lugar.

Como pocas cenadurías de antaño, la de Chabelita conserva en su nueva sede un foco grande al ingreso del local. Isabel cuenta que hace varias décadas la luz encendida significaba que los comensales podían llegar, ya que todavía había cena.

Uno de los imperdibles es el pollo dorado con adobo de chilacate y papas fritas al comal. El plato se sumó a la carta una vez que Chabelita lo estaba preparando para su familia, pero a un cliente se le antojó y les pidió que lo ofreciera junto con los demás antojitos.

 

Tradición en Tlaquepaque

A las siete en punto las puertas de la Cenaduría Victoria se abren, justo cuando las manos de las cocineras enrollan tacos de papa, rajas, frijol y requesón que dejan caer sobre el aceite caliente, cuyo sonido avisa que las primeras órdenes pronto estarán listas. Ubicada a un par de cuadras del Centro de Tlaquepaque, este lugar tiene más de 40 años.

Mi abuelita María del Refugio Melchor salía con su brasero determinados días, pero cuando mi mamá Victoria Panduro se casó comenzó a vender durante los fines de semana hasta que en 1984 empezó a abrir todos los días porque los clientes lo pedían,

resalta Celia Zamarripa, quien junto con sus hermanos Lourdes y Raúl son encargados.

Entre los platos más representativos están las tortas doradas similares a los pambazos, idea de un conocido de la familia que pidió que antes de preparar su torta pasaran el pan unos instantes por la manteca en la que se cocinaban los antojitos.

Otros básicos son el pozole, que desde temprano comienza a cocerse, y las codornices acompañadas de papas y ensalada. Hasta los 70 años doña Victoria supervisaba el sabor de los alimentos y que el atole estuviera en su punto, cautela heredada a sus hijos, sobre todo a Lourdes, quien actualmente con algunas de sus hijas y sobrinas se encargan de gran parte de la cocina.

“Mi papá Refugio Zamarripa durante muchos años estuvo supervisando el comal, y mi mamá se fijaba que todo estuviera en buen estado, limpio y fresco”, indica Lourdes.

 

Sabores de familia

Hay comales que atesoran sabores y sazón de los cocineros, pero el de la Cenaduría Esther guarda una tradición familiar de 24 años. El negocio inició en los 90, cuando Fidel Sánchez se quedó sin trabajo.

Se valió del talento culinario de su esposa, Esther Zárate, y empezaron a vender cena en el barrio El Santuario. Al principio fue difícil aclientarse, pues los negocios pequeños eran poco frecuentados; tuvieron que ampliar su oferta de antojitos mexicanos y ganarse la confianza de los comensales.

Empezamos con ventas bajitas y poca clientela, me llena de orgullo que el negocio creciera como ahora,

dice Fidel.

Alrededor de las 18:00 horas el aroma del pozole hirviendo, el picor de las salsas verdes y rojas recién licuadas y la manteca caliente en el comal comienza a atraer al comensal.

Las favoritas son las tostadas y tortas de lomo, pierna y manitas; las flautas de tortilla raspada y carne; y los sopes de rajas, requesón, frijoles y papas. Aunque los fieles a su sabor los mantiene a flote, los cierres viales por las obras de la Línea 3 del Tren Ligero les han mermado un 40 por ciento en ventas. Pero este panorama no desalienta a la familia Sánchez Zárate.

Dónde: Calle González Ortega 452, esquina con Manuel Acuña, El Santuario.
Horario: Lunes a domingo, de 18:00 a 0:30 horas.
Contacto: 3658-0096 y 333-667-2901.
Tip: Esta cenaduría, además de su local, también cuenta con servicio de banquetes a domicilio; el costo es de 75 pesos por persona.

Escrito por Fabiola Hernández

Reportera de Agencia Reforma


Twitter

Facebook