FARANDULA

Los mayas andan por los sacbés, como llaman a sus caminos sagrados. Recorrer estas veredas blancas, dicen, dota a los viajeros de aprendizaje y buena fortuna, y Armando Manzanero lo constata.

CIUDAD DE MÉXICO.- Los mayas andan por los sacbés, como llaman a sus caminos sagrados.

 

Recorrer estas veredas blancas, dicen, dota a los viajeros de aprendizaje y buena fortuna, y Armando Manzanero lo constata.

 

Su andar lo forjó como persona y ahora, casi 70 años después de su despertar musical, lo llevará de regreso a su tierra, donde se le homenajeará con el show Celebrando a Armando Manzanero, En Vivo desde Chichén Itzá.

 

"Le doy muchas gracias a Dios de que yo haya caminado todo eso, porque me enseñó a trabajar, a ser puntual, a no tener que estar con tanto problema y parafernalia, para conducirme en este mundo que es tan bello", dice en entrevista.

 

Para honrar el legado del autor, ya se alista el primer concierto de un mexicano a los pies del Templo de Kukulkán, pensado para fin de año, y el proceso de autorizaciones parece ir viento en popa.

 

Pero mientras se confirma, el compositor disfruta de traer su natal Yucatán a la memoria; con volver a recorrer los sacbés desde la silla de uno de sus lugares más personales.

 

"El mundo de los míos era de caminos blancos. Vivíamos a las orillas de la ciudad, en el pueblo tan mágico de mi madre, que es Tikul, y en Seyé, el pueblo de mi papá.

 

"Entré a una Big Band a los 15 años, y entonces los músicos caminábamos. También íbamos en tren, y en las plataformas que llevaba henequén, cabíamos con todo y piano. Avanzábamos por caminos blancos", evoca.

 

Chichén Itzá se sitúa al final de uno de esos caminos hechos de estuco o cal, y antes de volver, Armando se emociona de recordar que dos de sus más entrañables recuerdos son de ahí.

 

El primero se forjó a los 10 años, cuando su abuela lo llevó a conocer el sitio arqueológico considerado como una de las Nuevas Maravillas del Mundo.

 

A esta mujer la tiene presente en todo momento. Incluso al recorrer una sala adornada con pieles, una fuente a ras de piso, como las acostumbradas en Asia, y al sentarse en su butake.

 

"Así se llama esta silla. Mi abuelita tenía una y por eso le hice una canción: 'Te recuerdo ahí, sentadita en tu butake, contemplando el almanaque que se iba a terminar'".

 

El segundo fue en 2008, cuando el creador de "Adoro" cantó su tema en maya frente al tenor Plácido Domingo.

 

"Cuando yo empiezo con la introducción al lado de Plácido Domingo en Chichén Itzá, que para mí es inolvidable, me acordé que de la mano de mi abuela fui por primera vez a Chichén Itzá... ¡Cuando era monte!

 

"Se me vino a la mente la delicia de mi abuela con su fustán y el huipil encima; sus zapatitos de origen chino... Ya desde entonces los chinos tenían venta en Yucatán. Ella me llevó de la mano con sabucán, que era un bolso de henequén", recuerda.

Escrito por Enrique Navarro/ Agencia Reforma

Reportero de Reforma


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