ENTRE MUROS

CIUDAD DE MÉXICO  6-Ago .- La institución del despacho Cruz y Ortiz Arquitectos, en 1974, fue precedida por años de amistad y estudio conjunto por parte de sus fundadores, los españoles Antonio Cruz y Antonio Ortiz.

 


Además de compartir el nombre, estos creativos han construido juntos una trayectoria de más de cuatro décadas, marcada por obras como la ampliación del Rijksmuseum de Ámsterdam, el Pabellón de España en la Expo Hannover 2000, la Estación de Autobuses de Huelva y, más recientemente, el Estadio Wanda Metropolitano, futuro hogar del Atlético de Madrid.

 


El trabajo de este despacho, con oficinas en Sevilla, Ámsterdam y Madrid, abarca una diversidad de usos y dimensiones: desde proyectos culturales y educativos hasta grandes construcciones para deportes, centros de transporte, vivienda e incluso edificios oficiales.

 


En una visita a México, el arquitecto Cruz compartió algunas perspectivas sobre la profesión a la que ha dedicado su vida, tanto en la práctica como en la docencia.

 

 

¿Cómo llega a la Arquitectura?


Estas cosas son muy casuales. Tanto mi colega como yo no provenimos de familias de arquitectos, pero uno va encontrando su destino en la vida, por casualidad a veces. Uno va a una actividad sin saber mucho dónde se está metiendo.

 


Es importante que luego te guste, que sepas reconducir tu personalidad a aquello que vas encontrando con el tiempo. Pero no podría decir que hubo algo que me jaló, no lo sabría decir.

 

 

 

¿Cómo empieza la relación con el arquitecto Ortiz?


Nos conocimos en la escuela de arquitectura de Sevilla desde que empezamos, a los 17 años o algo así. Hicimos amistad y, con dos amigos más, continuamos los estudios en Madrid. De esta amistad surgió la idea de poder trabajar juntos. Nos fue bien y hasta aquí hemos llegado.

 

 

 

¿Diría que el despacho se rige por una filosofía?


Realmente puedo decir que casi ni la tenemos. No trabajamos desde unos a prioris en el cual hay algo que queramos demostrar. O sí lo hay, pero consiste en que, desde que empezamos a trabajar, fuimos tratando de encontrar soluciones que eran específicas para cada problema.

 


En lugar de pensar tener una solución previamente decidida y tratar de aplicarla a los encargos que nos iban llegando, decidimos encontrar dentro de cada encargo cuál era la solución más adecuada. Nos gusta descubrir la oportunidad escondida en cada proyecto.

 

 

¿Qué representó trabajar en el Rijksmuseum?


Es un proyecto que ha sido muy importante para nosotros por varias razones. En primer lugar, por la importancia y significado de un museo nacional de un país tan importante como es Holanda. Es una oportunidad que llega pocas veces.

 


Por otro lado, ocupa un largo periodo de nuestra carrera: trabajamos en este proyecto prácticamente 15 años. Nos sentimos muy satisfechos con el resultado y que ha tenido una magnífica acogida.

 

 

 

¿Hay diferencias al trabajar en Holanda y en España?


En cada país es distinto el papel que se le asigna a los arquitectos. Esto es algo que uno tiene que entender, reflexionar y recomponer su manera de trabajar.

 


Mientras en España el arquitecto es responsable de casi la totalidad de las cuestiones que hay en una obra, su papel en Holanda está más centrado en los aspectos formales y funcionales del edificio y no tanto en temas técnicos, estructuras, instalaciones o incluso la economía del proyecto.

 

 

 

¿Cuál es el reto de hacer obras de orientación pública y de gran escala?


Cada edificio tiene su problema específico y, al final, siempre queda la invención de la forma, que es el más importante de todos. Cómo, una vez resueltos los problemas de funcionamiento y de construcción, que son muy importantes, debemos los arquitectos hacer una aportación formal, encontrar una imagen que sea posible, que transmita o que individualice el edificio.

 

 

¿Qué consideraciones se deben tener en el diseño de una estación de transporte?


Hay que pensar en las personas que van a usar los edificios, cómo van a llegar, qué esperan encontrar, cuál es su pensamiento, qué les preocupa, si vienen con tiempo o llenos de prisa. Es muy importante la claridad visual, que una persona entienda perfectamente a dónde debe dirigirse.

 


En un museo esto no sería tan importante. Es más importante el ambiente, el clímax del edificio, que te ayude o que te haga placentera la visita. Un muy buen uso de la iluminación es algo de mayor interés en un espacio de este tipo.

 

 

 

¿Y en el caso de un estadio?


Son proyectos de mucha dificultad en cuanto a la funcionalidad de los edificios en sí, especialmente el espacio escénico, donde va a ocurrir la prueba. Hay que organizar una masa de 75 mil espectadores, tener recorridos de llegada, una buena visión, hay que resolver problemas de evacuación.

 

 

 

¿Qué destaca del Wanda Metropolitano?


Va a ser muy importante para la zona de la ciudad, porque el segundo club más importante de Madrid y un estadio con 70 mil personas de capacidad va a generar unos flujos de personas a su alrededor y una actividad económica considerable. 

 

 

 

¿Cuál es la lección más importante que intenta impartir en la docencia?


Si es que la enseñanza de la arquitectura fuese posible; a lo mejor se trata más de enseñarle la actitud ante el trabajo que cómo hacerlo. Por ejemplo, que algunas veces hay que tirar todo el trabajo desarrollado para empezar de nuevo, que hay que trabajar sin prisas, que las cosas necesitan su tiempo para encontrar la mejor solución y que ésta no va a llegar inmediatamente te pongas a trabajar.
 

 

 

 

Escrito por Andrea Martínez de la Vega / Agencia Reforma

Reportera de Reforma


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