ENTRE MUROS

"Lo que se trata de favorecer es al tránsito de personas en cualquiera de las modalidades que existan."

 

CIUDAD DE MÉXICO 2-Jul .- Facilitar el tránsito de los usuarios, sea éste peatonal, en transporte colectivo, privado o incluso en bicicleta, fue la prioridad del arquitecto Manuel Cervantes Céspedes al momento de proyectar, junto con el también arquitecto Javier Sánchez, el Centro de Transferencia Modal (Cetram) Cuatro Caminos.

 


Los Cetram, también llamados paraderos, son espacios donde confluyen diversas formas de transporte colectivo y que, en este caso, donde se edificó el ala sur del complejo, también cuenta con zonas comerciales.

 


"Lo que se trata de favorecer es al tránsito de personas en cualquiera de las modalidades que existan. Tiene su parte comercial, pero lo primordial no es eso", dijo Cervantes, líder de CC Arquitectos.

 


"Creando esa conexión directa entre Metro, camión y calle, y viceversa, en esa línea se fue generando una serie de servicios de ciertas índoles; hay bancos, tiendas, una torre de vivienda".

 


Mientras el aspecto comercial contribuye al objetivo de abrir el Cetram lo más posible a la Ciudad, las limitantes que plantean el túnel del Metro, sobre el cual no se puede edificar, y la cercanía con la Escuela Militar de Transmisiones marcaron la pauta para cumplir con otra premisa: replegar el transporte.

 


"La premisa fue que todo el perímetro que vive hacia la Ciudad fuera totalmente de uso comercial o de servicios, es decir, que no hubiera transporte, que no te toparas con un camión", expuso el artífice.

 


"Ya que existía esta barrera urbana, que es el Ejército, mandamos lo que no queremos vivir el día a día en la calle a la parte menos expuesta y más hostil, y dimos al frente urbano la experiencia de conectividad peatonal y de servicios".

 


Este planteamiento arquitectónico modifica la dinámica urbana común en paraderos al hacer de las banquetas zonas más seguras. En este caso, incluso se plantaron árboles que, a largo plazo, harán el perímetro más agradable.

 

 

Estética que funciona El tamaño del terreno donde se construyó el ala sur del Cetram benefició la seguridad de los usuarios, pues permitió a los arquitectos evitar los andenes lineales que predominan en otros complejos de este tipo.

 


"Ese cruce, además de ser peligroso, genera un problema con el tránsito de los camiones, se frenan y todo se entorpece", explicó Cervantes. "Para evitar el cruce, lo que ideamos fue, los metros lineales de estos andenes, hacerlos una isla".

 


"Sales del Metro, llegas por una pasarela donde hay uso mixto, te bajas en una gran isla o andén, en donde de manera más segura y sin interferencias de camiones te puedes mover de un lado a otro".

 


Señalizaciones electrónicas que indican el nombre de la ruta y los horarios simplifican la navegación de los usuarios por la isla y hacen más eficiente el uso del espacio.

 


La eficiencia también fue uno de los conceptos que rigió las decisiones en torno a los materiales utilizados, cuyo origen mexicano facilita, de ser necesario, una reposición inmediata.

 


"Hicimos una estructura metálica que se va repitiendo a lo largo de todo el edificio, como modular, y tiene como premisa ser muy racional", señaló. "Usamos ecotecnias que son obvias, la iluminación natural, la ventilación cruzada, para no requerir de sistemas o insumos".

 


"Se escogió el acero porque era la manera más eficiente, rápida y quizás astuta de hacer el edificio. Se pintó de blanco por una cuestión de generar amplitud. En el piso, siempre el mármol Santo Tomás, es nacional, muy noble, duro y económico".

 

 

 

 

 

Escrito por Andrea Martínez de la Vega / Agencia Reforma

Reportera de Reforma


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