CULTURA

Su visión iba más allá del arte mismo. Fue un "neólogo". Así lo describió en los 60 su amigo Fernando del Paso, y él, Felipe Ehrenberg, adoptaría la etiqueta de por vida. El pasado lunes falleció a los 73 años.

CIUDAD DE MÉXICO.- Fue el eslabón entre el arte moderno y contemporáneo, involucrado en las diversas aperturas y polémicas del arte en México desde mediados de los años 60 hasta los años 2000.

Todavía el sábado pasado, Felipe Ehrenberg habló con Fernando Llanos de una exposición en Londres, aquella ciudad que lo acogió en la juventud, que ahora se quedó en el tintero.

"Estaba muy activo en su casa, donde tenía por lo menos unas 15 piezas espectaculares, con un sentido del humor y con una crítica política de punta. Iba a hacer un libro, no sé en qué haya quedado", contaba la noche del lunes Llanos.

Llanos curó la retrospectiva “Manchuria” de 2008, que hurgaba en el pasado "rico e intenso" del artista, en su trabajo, para desmitificarlo.

Fue un pionero en disciplinas como el performance, los impresos, los esténciles... Era un curioso profesional e insaciable. Un Autodidacta que estudió hasta segundo de secundaria y hablaba cinco lenguas. "Su gran legado es ser esa semilla en tantos ámbitos, un maestro que nos mostró muchos caminos", decía antier Llanos.

Una de sus especialidades fue introducir cuestionamientos que implicaron un constante viraje en su obra.

"Había una inquietud en el trabajo mismo que hizo de él una parte importante del mundo de la renovación gráfica urbana de los años 60, que emergió en un diálogo crítico con el pop, que se manifestó de manera muy clara tanto como en su gran contribución a la revista El corno emplumado, como en la pintura de signos urbanos", planteó Cuauhtémoc Medina.

La artista Maris Bustamante piensa en Ehrenberg como en una de las piezas más grandes e importantes de los años 70 que modificó para siempre los caminos del arte en México. Ido prematuramente, como mueren los que hacen algo importante: "Podríamos haber pensado, con lo fuerte que siempre fue, que podía haber estado hasta los 90 años dando y causando bastantes problemas".

Un hombre con un gran carisma que siempre dirigió hacia el arte.

"Fue un artista no objetual de los que quedan muy pocos", se dolía Maris. Lo llamó en los 70 el "hombre más guapo del performance en México". Siempre opuesto a las cosas infames, dispuesto a dar soluciones. Tuvo una vida rica y amplia.

"De Felipe se puede decir todo, menos que no supo vivir”, remató la artista.

 

Escrito por Staff / Agencia Reforma

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