SUPLEMENTOS

CIUDAD DE MÉXICO.- Cuando María Fernanda di Giacobbe habla de las plantaciones y los sabores del cacao de su natal Venezuela, una gran sonrisa se dibuja en su rostro. Ella convirtió al chocolate en un estandarte de cambio y bienestar social.

"En mi familia son todas mujeres cocineras. Yo nací en los 60, cuando las mujeres se incorporaban al campo laboral y en mi casa lo que se hacía era cocinar. Mi madre empezó un negocio de pasteles de bodas y dulces. Nosotros pasábamos las tardes después del colegio decorando pasteles y comiéndonos los dulcitos debajo de la mesa", recuerda.

Paradójicamente, en una casa donde la conversación giraba en torno a ingredientes y preparaciones y donde se hacían competencias para ver quién guisaba mejor, se escuchaba muy a menudo: "estudien para que no sean cocineros". María Fernanda hizo caso; se tituló en letras, filosofía y arte, aunque nunca dejó de cocinar.

"Al salir de la universidad, monté un pequeño café donde se hacían exposiciones de pintura, poesía y teatro. El trabajo se fue multiplicando y eso nos hizo tener más cafés dentro de los museos de Caracas hasta que hubo un paro petrolero en contra de Chávez".

Poco a poco, Di Giacobbe fue especializándose en cacao y chocolate. Con la fundación de su empresa, Kakao, desarrolló el concepto de bombón venezolano con técnicas europeas y sabores regionales.

"Hicimos cajas de bombones Amazonas con hormigas, bachacos (insectos), túpiro (fruto ácido) y asaí (baya) y los sabores de Caracas son combinaciones de guayaba con queso crema o dulce de leche con limón.

"Invitábamos a señoras y amigos cocineros a crear bombones. Fue todo un descubrimiento de una memoria gustativa que se estaba perdiendo y que envolvimos en la piel de un bombón.

"Cuando vimos que eso conectaba muy bien con las personas, nos invitaron a dar talleres en comunidades cacaoteras y así llegué a la plantación. En el momento en que llegas se te nublan los ojos de ver tanta riqueza cultural y del paisaje. Es muy bello y hay muchísimos recursos".

De la mano de la organización civil Trabajo y Persona, Di Giacobbe creó proyectos de capacitación para mujeres de las comunidades cacaoteras en situación de vulnerabilidad. Les ayuda a convertirse en microempresarias de la bombonería para traer estabilidad y bienestar a sus comunidades.

"Cuando crecí, Venezuela no estaba bien, pero se construían hospitales, había museos y muchos más intercambios con universidades del mundo; parecía un país moderno. Hoy es un país roto y sin beneficios. Llegamos a este punto porque la corrupción era demasiada, las personas cada vez tienen menos y los que están en el gobierno cada vez tienen más".

Fernanda cree firmemente en el cacao como una solución para los problemas sociales y económicos que aquejan no sólo a Venezuela sino a toda Latinoamérica. Sería bello que el cacao acabara con el narcotráfico y la corrupción, que el chocolate nos librara de esas amarguras, expresa.

En Venezuela, las plantaciones cacaoteras están a cargo de las mujeres, pero se trabajan en familia. Todos abren los frutos, los ponen a fermentar y los secan al sol.

"Al cacao se le canta, se le baila y se le festeja en todas las fiestas religiosas. En Venezuela somos indígenas, españoles y africanos; se mezclan tres religiones en una sola cultura de dioses y todos están unidos al cacao. Tenemos las cosechas de San Juan, de San Benito, la del Niño Jesús, pero también las de los diablos de Yare y de Kuriepe", describe.

Venezuela posee una importante riqueza cacaotera. En su territorio pueden encontrarse 32 variedades criollas, más de 100 trinitarias e incontables forasteros aún sin catalogar.

"Falta mucho por hacer. Nos hace falta que la Universidad se abra todavía más a las plantaciones de cacao. Nos hace falta libertad, seguridad, somos muy precarios en insumos, se rompieron las cadenas productivas y tenemos mucho por reconstruir".

"Mi sueño es tener una visión más femenina del mundo, donde no haya tanta guerra y competencia, donde los cocineros más que ser cocineros de autor, seamos cocineros de oficio", concluye.

 

Escrito por


Twitter

Facebook