REVISTA R

 'Me moví para conseguir los fondos'


Sandra Luz López Barroso
(Oaxaca, 1984)

 

El Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) es una de las dos principales escuelas de cine en México, pero sus recursos han sido recortados por el gobierno federal en casi un 50 por ciento entre 2012 y 2017.

 

Sandra Luz López Barroso es una de sus egresadas. Cuando se iba a titular, en 2016, con la realización de un documental, la cineasta descubrió que la institución no tenía dinero para financiar la postproducción del filme.

 

Desde que comenzó el rodaje, en 2014, la escuela le brindó respaldo para la realización del largometraje, pero en el primer semestre de 2016 tuvo que buscar otros recursos.

 

La documentalista elaboró junto con la editora de la película, Andrea Rabasa, un avance de tres minutos para mostrarlo en diferentes foros y hacerse de financiamiento.

 

El filme, titulado Artemio -que se enfoca en un niño de 10 años que espera volver a Estados Unidos después de haber viajado a la ranchería donde nació su madre en Guerrero tras su deportación-, participó en el Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México (DocsMx), en junio de 2016. Ahí ganó un premio en especie, equivalente a 250 mil pesos, para poder terminar su película en los Estudios Churubusco, donde fueron mezclados sonido e imagen de la película.

 

Con su exhibición en el DocsMX, la obra fue elegida por el festival Ambulante para otorgarle otro apoyo económico de 300 mil pesos, que le sirvió para pagar los servicios de los técnicos de los Estudios Churubusco y terminar la postproducción. Participó en una gira por 10 entidades del país. También obtuvo una mención especial en el Festival de Cine de Guanajuato y un lugar para ser exhibida en el festival DocFest de Sheffield, Reino Unido, donde Sandra ganó el Premio New Talent.

 

"Es increíble estar en una escuela como ésta por la facilidad que te da para hacer cine. Pero los costos son elevados. Como recién egresada no podría pensar en hacer una película con mis recursos", añade.

 

Sandra Luz calcula que su película, por ser documental y no ficción -que resultaría más cara-, costó un millón y medio de pesos. Los primeros 200 mil se los prestó su familia en 2014.

 

Después de que Artemio recorrió distintos festivales, la cineasta postuló para comercializar y distribuir su documental a través del estímulo Gabriel García Márquez, que otorgan la Fundación Kellogg y el Imcine. Con ello, Sandra Luz ofrecerá 10 funciones de su película a finales de 2017, en Oaxaca y la Costa Chica de Guerrero, la zona donde se desarrolla la historia.

 

Su próximo objetivo es colocar el filme en una plataforma de internet para llegar a más espectadores.

 

Sandra Luz realizó su documental como parte de un trámite escolar y haciendo uso de los materiales de la institución, por lo que la película pertenece a la institución, aunque no se haya podido completar todo su proceso por falta de recursos.

 

La cineasta sugiere que, en las condiciones de austeridad que enfrenta el CCC, deberían de replantearse los derechos de las películas que se realizan ahí, ya que si obtuviera una retribución económica, los recursos se quedarían en la escuela.

 

"Si la escuela no tenía dinero y yo me moví para conseguir los fondos, merezco al menos una retribución económica, si es que la hay. Como estudiante te corresponde un apoyo económico. Me correspondían 50 mil pesos, pero no existían ni siquiera para pagarle a la colorista...".

 

Uno de los aprendizajes de la cineasta es que, para seguir haciendo cine en México, debe buscar financiamiento en el extranjero.

 

"Los fondos internacionales no te piden que les cedas los derechos. Es un donativo. Sigues siendo dueña de tu trabajo y no pagas el porcentaje a otra instancia. Estamos trabajando con una compañera de mi generación como productora y conseguimos el Fondo Latino de Tribeca. Es un apoyo que nos va a permitir comenzar un rodaje y sólo tenemos que entregarle un teaser (avance) más largo y que aparezca el logo de Tribeca. Lo mismo pasa en Sundance, ITFA. Todos los fondos internacionales son en ese tenor", explica.

 

Sandra Luz asegura que el cine documental en México sí puede ser un buen negocio. Se inspira en algunos de sus maestros en el CCC, como Everardo González y Tatiana Huezo, premiados internacionalmente.

 

"No viven exclusivamente de sus películas, pero sí de su trabajo relacionado con el cine documental. Yo aspiro a vivir del cine documental. Pero hay que ajustar varias cosas: observo en Imcine y en mi escuela que como autor no eres dueño de tu trabajo", agrega.



'Grabamos con Mini DV'


Emilio Aguilar Pradal
(Veracruz, 1986)

 

El primer largometraje del director Emilio Aguilar Pradal es un ejemplo de cómo los avances tecnológicos han modificado los costos de producción.

 

Aguilar Pradal decidió titularse en el CUEC con un largometraje de ficción, que emula un documental. Una cámara de video, pocas luces, una sola locación y dos actores le permitieron filmar el "falso documental" Los amaneceres rojos (2017), cuyo gasto le significó menos de 120 mil pesos, que pagó con su dinero y la ayuda de su familia, que vive en Veracruz.

 

"Quería que fuera un material muy anacrónico y nos regresamos tres generaciones y grabamos con lo que es el Mini DV, un material que es cinta, cuando hoy todo se hace con tarjetas".

 

Para la postproducción, que sería lo más costoso, Emilio pudo editar las imágenes en su propia computadora debido a que el material no es tan pesado.

 

Su película fue seleccionada por el Festival Bolivia Lab para que le postprodujeran el sonido. Y un amigo la terminó sin costo.

 

Emilio calcula que con ello se ahorró por lo menos un millón de pesos.

 

El también autor del premiado cortometraje Los desposeídos buscará que su primer largometraje Los amaneceres rojos comience su ruta de festivales que inician los filmes de su tipo en México.


 

Escrito por Andro Aguilar / Agencia Reforma

Reportero de Reforma


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