BUENA MESA

Un mandil dignifica, te hace feliz y hasta puede generar una empresa 100 por ciento sustentable llamada Hedley & Bennett, hoy en Los Ángeles y con más de 40 empleados en su mayoría de ascendencia mexicana; todos trabajando en una fábrica a la que ellos mismos denominan: un Disneylandia para adultos.

 

La chispa para tal ecuación surgió de Ellen Bennett Pérez, una chica de apenas 29 años, de origen inglés y mexicano, y que poco cree en lo imposible.

 

“Cuando tenía 18 me fui a la Ciudad de México, sin nada, sólo con ganas de estar en contacto con esa parte mexicana que tengo y que viví gracias a mi abuela materna, que era de San Luis Potosí”, compartió Ellen durante su ponencia “Evolución: From Line Cook to CEO”, en la tercera edición de Paralelo Norte 2017.

En tierra azteca trabajó de todo, desde edecán hasta anunciando los pronósticos de la lotería nacional, y terminó su carrera de cocina en el CESSA.

 

“Regresé decidida a ser una gran cocinera y me metí a trabajar a uno de los restaurantes más exclusivos de LA, Providence, con estrellas Michelin. “Ahí trabajé y trabajé en la línea de cocina haciendo los platos más increíbles, pero mientras eso pasaba no podía dejar de ver los rostros de mis compañeros, siempre serios, estresados, incluso tristes, entonces dije: ‘esto no puede ser’”, narró frente a estudiantes y periodistas en el Auditorio San Pedro.

 

El ambiente le hizo reflexionar sobre qué podría dignificar y poner una sonrisa en sus compañeros, y los delantales llegaron a su mente.

 

“Como mujer y mexicana, porque pedí mi nacionalidad, sabía que sentirte bien con lo que traes puede cambiar todo, así que se me ocurrió decir que hacía delantales a los cocineros de varios restaurantes, y sin dinero y sin saber coser, comencé a levantar pedidos”, confesó, ocurrencia que ahora viste a chefs internacionales como Mario Batalli, David Chang, y nacionales, entre ellos José Ramón Castillo; a celebridades como Martha Stewart o se venden en tiendas como Whole Foods o en www.hedleyandbennett.mx.

¿Pero cómo lo hizo?, cocinándole a varios de sus amigos que sabían de trazos a cambio de patrones, reinvirtiendo lo ganado y poniéndole ese sabor latino con colores y telas llenasde vida y comodidad.

 

De eso sólo han pasado cinco años, y Ellen y su staff o “apron squad”, ya no sólo crean delantales, han sumado filipinas y están trabajando en una línea para niños, creados en su empresa, donde la diversión continúa,pues una tirolesa de pared a pared, y su sala de juegos, no dejan negarlo.

 

“No tengan miedo a construir algo desde cero, usen su juventud para generar y no se rindan, porque cualquier cosa que haga feliz y dignifique a las personas, como la comida, y en  mi caso los delantales, es perfecta para no desistir”, concluyó entre aplausos.

Escrito por Wendy Pérez / Agencia Reforma

Reportera de Reforma


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