DE VIAJE

FRÁNCFORT DEL MENO, Alemania.- La ciudad donde se coronaba a los Emperadores, el corazón financiero de Alemania y la urbe germana más cosmopolita son algunas características que invitan a los viajeros a recorrer esta metrópoli ubicada en el Estado de Hesse.

 

Pero hay un atributo más que la hace irresistible a la vista: su skyline. Incluso, por ser la única ciudad alemana con rascacielos (la Torre Commerzbank es la más alta, con 260 metros) y porque aquí cruza el río Meno (Main en inglés y alemán), Fráncfort del Meno presume con cierto orgullo su apelativo de “Mainhattan”, en relación con la isla neoyorquina.

 

Para disfrutar su silueta hay varias opciones: a quienes les guste caminar, lo ideal es hacerlo por ambas orillas del río Meno y cruzar el Puente de Hierro (Eiserner Steg) –exclusivo para peatones– para quedar colmado con las siluetas de los edificios más antiguos de la ciudad, como la Catedral de San Bartolomé (Kaiserdom) y la Iglesia de los Tres Reyes (Dreikönigskirche), en contraste con los modernos rascacielos de cristal y acero, como el Westendstraße 1 y la Eurotorre.

“Aunque en ésos no hay nada bueno, sólo banqueros”, dice como broma Hadid, un taxista iraní que desde hace 25 años vive en esta ciudad. En parte, tiene razón.

 

Pero sobre esas miles de oficinas está el único mirador para el turismo dentro de los rascacielos: la Torre del Meno, que permite dominar Fráncfort desde el cielo, a 200 metros de altura. Si se desea ver el rostro moderno desde el Centro Histórico, entonces hay que elegir la Torre de la Catedral, que ofrece panorámicas a 95 metros de altura.

 

Para quienes visitan Fráncfort sin prisa –la mayoría llega por negocios–, lo mejor es navegar el Meno. En un crucero de casi dos horas, se ven todas las construcciones en ambas orillas. Kim, junto con su hijo Lucca, eligió esta opción mientras su esposo atiende unas citas de trabajo.

“Quería ver la ciudad sin agobiarme, y pasear en barco no es algo que hagamos de manera cotidiana”, dice la vietnamita mientras intenta retratar a su pequeño de 4 años a bordo del Johann Wolfgang von Goethe, navío de la empresa Primus Linie.

 

Ambos lucen contentos y relajados. Aprovecharon la navegación río arriba para comer unas salchichas y beber refrescos de manzana en el interior del barco y, río abajo, para gozar del clima otoñal en la cubierta y aguardar a que el cielo se pinte un poco de azul ahora que el sol ha salido.

 

El skyline también espera.

 

Escrito por Ivett Rangel / Agencia Reforma

Reportera de Reforma


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