VIDA

La discapacidad era “invisible” para Guillermo Peláez hasta que formó parte de ella. Un medicamento provocó que su audición fuera perdiéndose poco a poco.

 

La primera vez, recuerda, con un aparato logró recuperar su oído, pero los médicos le advirtieron que llegaría el momento de que en su mundo reinaría el silencio.

 

“Para mí fue la muerte, no quería convivir con nadie, quería irme a una isla desierta donde no hubiera sonidos, me deprimí”, comenta. Cuando Guillermo sintió tocar fondo, supo de Segunda Mirada, una asociación civil que se dedica a trabajar con personas con discapacidad auditiva o visual, dándoles otro ángulo de la vida. A través de talleres, se dio cuenta de que había más gentecomo él que ha encontrado la manera de hacerse oír y ver. La discapacidad, dice, se volvió visible.

 

María del Rayo Reyes, integrante de Segunda Mirada, señaló que la asociación nació con el objetivo de romper paradigmas y realizar una verdadera inclusión social de las personas con discapacidad.

 

“Nuestro principal objetivo es apoyarlos generando programas que los lleven a lograr una vida independiente, es ser ese puentecito que les ayude a despuntar”, destaca.

 

Si bien hay instituciones educativas que dan atención a personas con sordo-ceguera, la preparación académica es básica, posteriormente, en nivel medio superior y superior, hay barreras que hacen que se queden en el “limbo”. “Lo que queremos hacer es impulsarlos, para que pasen a estar en la nada a algo, para que tengan iniciativa en trabajar o buscar una profesión que les guste o ser independientes en casa”, asegura.

 

Como parte de este impulso, hay talleres productivos donde se les enseñan algunos oficios, que les permitan obtener un ingreso. Pero también se enfocan a cuestiones psicológicas y de aceptación, pues muchos, como Guillermo, adquirieron la discapacidad. Antes de ser canalizados a los grupos, se hace un perfil de cada persona para integrarla con quienes tienen las mismas necesidades.

 

Estos talleres han logrado que Guillermo se dé cuenta de que su discapacidad auditiva no es el fin del mundo, ha logrado vencer las barreras e incluso, ya piensa en estudiar una carrera.

 

Abren puertas

  • 15% de la población tiene discapacidad.
  • 1 de 4 personas mayores a 15 años no sabe leer y escribir (INEGI).
  • 7 de 10 no tienen un trabajo, como producto de la discriminación.

Además, a los beneficiarios se les enseñan oficios, como repostería.

Escrito por Staff / Agencia Reforma

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