CULTURA

CIUDAD DE MÉXICO.- Ya con Flavio, al arrancar el programa, con el aria "Bel contento", Philippe Jaroussky era lo que prometía la publicidad: esa voz francesa en flor, portentosamente aguda, el actual Farinelli.

Pero ése, para sorpresa de todos, no sería todavía Jaroussky, el contratenor más celebrado de los últimos lustros.

Estaba en el Palacio de Bellas Artes la noche del sábado y lo acompañaba Händel en su segunda visita a México tras el éxito de hace un año. Un Händel, el primero de la noche, del que vendría Siroe, Rey de Persia, para consolidar al visitante, con "Deggio moriré, oh stelle"!, y el doble de aplausos se haría de la sala.

Pero ese Jaroussky, acompañado de Le Concert de la Loge, no sería todavía Jaroussky. Arrancaría el primer bravo desde la platea con Imeneo, ¡La belleza!, "Se potessero i sospir miei", y ahora sí era Jaroussky, la sala pensaba.

Hasta parecía que ya no podía superarse, escalar más, hallar la voz que le floreciera aún más en cada aria, pero sucedió.

"Vile, se mi dai morte" de Radamisto, ya desprendió a toda la gente de las butacas, siguiendo la reacción de un hombre grueso de tirantes en la fila K de la luneta central, el primero en ponerse de pie, mientras la voz de Jaroussky aún se sentía aletear en la sala, se había quedado volando.

Y aún vendrían arias de Giustino y Tolomeo, de cariz más melancólico, y de nuevo incursiones en Radamisto y Flavio, anunciando el final del festín.

Al término, Jaroussky se referiría en español a su público mexicano, recordando su debut en el mismo escenario en mayo del año pasado.

"La gente gritaba ¡'Lascia ch'io pianga'! ¡'Lascia ch'io pianga!'", recordó, aria para soprano de Händel que el francés quedó entonces a deber y ahora saldaba ante descomunales bravos. La noche había sido redonda.

Escrito por Staff / Agencia Reforma

Con la red más extensa de periodistas profesionales cubriendo México, REFORMA es la institución informativa con más credibilidad y prestigio del País.


Twitter

Facebook