PRIMERA FILA

Los artistas en escena ocuparon la música, la animación y su cuerpo para crear todo tipo de formas y figuras en la pantalla y llevaron al público por distintos escenarios.

CIUDAD DE MÉXICO.- Si tomas la danza, la aderezas con música, le pones un toque de luz y, como ingrediente secreto, le agregas animación y arte digital, entonces tienes el espectáculo Enra. Ese híbrido show, nacido en 2012 en Japón, fue el que presenciaron una mil 200 personas la noche del miércoles en la función que se realizó en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris.

Al iniciar sólo estaba una gran pantalla sobre el escenario y a un costado una especie de consola a la que se acercó el director creativo, Nobuyuki Hanabusa. En un ambiente casi a oscuras, Hanabusa hizo un jugueteo con sus manos para que en la pantalla surgieran animaciones al compás de sus movimientos, introducía "Próxima", la más reciente versión del espectáculo.

Lo que vino después, a cargo de los seis artistas en escena, fue algo que no podría definirse porque es una mezcla de acrobacias, ballet, malabares, gimnasia rítmica y hasta kung fu.

Pero el elemento clave en el show, que duró poco más de una hora, fue la animación, pues en cada número juega un papel esencial. Porque dentro de sus ejecuciones los artistas, quienes tienen experiencia en alguna de las disciplinas involucradas, utilizaron la pantalla ya fuera como escenario de fondo, para crear formas y figuras con sus movimientos o trasladar al público a otras locaciones.

Enra fue de lo sutil de un baile de ballet adornado con flores, a la acción de pelear contra cubos multicolores y hasta hacer sentir al espectador que ve un videojuego en 3D, donde el performer es el protagonista y debe nadar y saltar por los pasillos de un lugar inundado que es proyectado en la pantalla.

En solitario, por parejas, en tríos o los seis juntos, las actuaciones de los artistas fueron celebradas con aplausos por parte del público. Aunque Aoi Nonaka y su dominio del diábolo para generar formas en la pantalla fue de lo más ovacionado de la noche. Sobre todo porque sus coreografías fueron impecables y su sincronía con las animaciones no daba margen al error, apelando a la fama de organizados y perfeccionistas que tienen los japones.

El cierre es muy similar al comienzo, el director creativo se acerca a la consola y hace aparecer los créditos del espectáculo. Sin embargo, aún faltaba el toque final en el que, ya más liberados, pero sin perder la sincronía, los artistas se despiden entre bailes y coreografías en comunión con la lluvia de arte gráfico de la pantalla, logrando que parte del público se pusiera de pie para ovacionarlos.

Escrito por Fidel Orantes / Agencia Reforma

Reportero de Reforma


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