DE VIAJE

CARTAGENA DE INDIAS, Colombia.- El coro de “La Rebelión”, la famosa canción de salsa compuesta por el cartagenero Joe Arroyo (1955-2011), suena repetidamente en la mente de esta viajera.

 

Su letra cuenta la historia de la subversión de un esclavo que en “los años 1600”, justo en esta ciudad, le exige a un tirano que “no le pegue a la negra”. Los tiempos han cambiado, y en Cartagena de Indias –el destino favorito entre los viajeros que buscan un entorno romántico con el sabor caribeño– actualmente la afrocolombianidad se celebra, saborea, escucha y observa a cada paso.

Por las callecitas de la ciudad amurallada, en la Plaza de San Pedro Claver, o por el Parque de Bolívar, es común encontrar mujeres de lustrosa piel oscura vendiendo fruta.

 

Tienen la costumbre de dejarse retratar por su clientela, turistas que quedan fascinados tanto por la frescura de los productos que venden como por su vestimenta. A veces, en esta última resaltan el amarillo, rojo y azul, los colores de la bandera colombiana.

A estas mujeres se les conoce como palenqueras y son el eco de los palenques o comunidades fundadas por esclavos fugitivos en el siglo 17. De entre ellas, Palenque de San Basilio es el único pueblo que sobrevive, con unos 3 mil 500 habitantes, y está situado al sureste de Cartagena.

Es innegable que gran parte del encanto de este destino, tanto material como inmaterial, tiene herencia afro. “Buscamos Cartagena porque mezcla la belleza de la naturaleza con historia”, cuenta André, un brasileño que está de babymoon con Juliana para celebrar el próximo nacimiento de su bebé.

 

Junto a otros viajeros, la pareja de futuros padres recorre el Castillo de San Felipe de Barajas y aprende que fue mano de obra esclava la que levantó este fuerte, a mediados del siglo 17, para defender al sitio de los invasores. Más tarde, planean comer en alguno de los restaurantes que hay alrededor de la Plaza de Santo Domingo, comprar artesanías en Las Bóvedas, buscar sitio en una terraza para contemplar cómo el atardecer cae sobre el Mar Caribe y, de noche, desean experimentar un paseo en carroza bajo las luces ambarinas que le dan un toque nostálgico a la ciudad.

Sin esperarlo, Cartagena de Indias invita a la reflexión: más allá de su belleza arquitectónica, el destino se queda en la memoria como un recordatorio de rebeldía y resistencia. Además, inspira a mantener la lucha en contra del racismo, la discriminación y la exclusión.

Escrito por Analine Cedillo / Agencia Reforma

Reportera de Reforma


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