OPINIÓN

El 2018 cobrará al PRI la factura por sostener a funcionarios como Ruiz Esparza, responsable del socavón en el Paso Exprés.

 

El resultado de la investigación realizada por la Secretaría de la Función Pública (SFP) en relación a las causas del mortífero socavón, confirma lo que muchos mexicanos sospechaban: culpabilidad de la SCT en cuanto a falta de supervisión, revisión y corrupción de sobra en la ejecución del Paso Exprés.

Esto coloca al Secretario Ruiz Esparza, gente cercana al Presidente Peña desde el Edomex, en la picota. Si él no es el responsable del catálogo de faltas y delitos, incluso, descubiertos por la SFP en esta obra mal hecha, pero pagada a precio de oro que le costó la vida a dos personas, ¿entonces quién es? No se puede seguir dando el lujo el Presidente de nadar de muertito en lo que toca a la pésima y controvertida actuación del Secretario de Comunicaciones y Transportes, el mentado Ruiz Esparza, a quien se trajo del EDOMEX, con todo y las constructoras favoritas, para instalarlo como marajá en el penthouse de las oficinas de la dirección de la SCT.

 

Si no se lo truena el Presidente, el mismo priismo le reclamará en el 2018 no haber actuado a tiempo para eliminar los símbolos que cotidianamente le recuerdan al electorado lo pésimo administrador que es el PRI, y su propensión hacia actos de corrupción extrema, incluso cuando se trata de obras tan mal realizadas que ponen en riesgo la integridad física de los ciudadanos.

Aunque no lee libros, estamos razonablemente ciertos de que el Presidente Peña sí lee encuestas, tanto las que ellos realizan a un enorme costo, como las que otros realizan.

La de Grupo REFORMA saldrá pronto a la luz y casi seguramente reflejará lo que todos ya sabemos: que AMLO encabeza las preferencias electorales por entre 9 y 10 puntos porcentuales, y que el mejor candidato del PRI (que no quiere decir que sea bueno) está –dependiendo de quiénes sean los rivales– en el tercero o cuarto lugar a ocho meses de la elección.

Como partido, el PAN encabeza los sondeos, seguido de cerca por MORENA. Lo que los encuestadores llaman “los negativos”, tanto del PRI como del Presidente, o de los posibles candidatos tricolores, son enormes. ¡Nadie, o casi nadie, los quiere! Por puro y estricto sentido de supervivencia, Peña Nieto tiene que reconocer los errores de su administración (muchos y grandes), y asumirlos él para no traspasarlos al candidato de su partido, y así dar señales de que entiende y que está dispuesto a enmendar.

 

Hasta la fecha nada indica que esto vaya a suceder: el Presidente en lugar de emplear el dinero público para ayudar a los damnificados del terremoto y los anegados por “Katia”, prefiere regalarlo semanalmente en carretillas a las televisoras y diarios amigos para que produzcan y promuevan sus spots de “no sé en qué País vivan ustedes, pero en el que yo vivo está ATM”.

¡A nadie convencen estas campañas publicitarias!, compran voluntades, sí, pero no las que importan ni mueven a la población.

NADA MÁS LOS HECHOS convencen, por ello decimos que al detectar la Secretaría de la Función Pública el catálogo de fallas y delitos en tan sólo UNA OBRA a cargo de la SCT de Ruiz Esfarsa, si Peña no lo cesa de manera inmediata estará martillando un clavo más en su féretro político.

Siendo su propio partido, el PRI, el que se le voltee encima por traer suelto el timón y carecer de la voluntad política para enmendar los más lacerantes de sus errores gubernamentales, los cuales se apilan en el ánimo de los votantes, haciendo que éstos se inclinen por otras opciones diferentes al PRI.

 

Más claro no puede cantar el gallo: estamos ante la pérdida de vidas humanas ocasionada por la INEPTITUD Y CORRUPCIÓN de una Secretaría a cargo de la gente más cercana y más identificada con el Presidente ¡desde el EDOMEX!

¡Caray! ¿Qué necesita ocurrir para que el Presidente reaccione ante la evidencia –descubierta y destapada– por la Función Pública de SU mismo Gobierno?

El costo de seguir sosteniendo a Ruiz Esfarsa representaría un SOBREGIRO político por parte de PEÑA, por el cual el propio priismo lo crucificará al no poder cubrirlo.

Escrito por Manuel J. Jáuregui

Columnista de Reforma


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