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“En un mundo de exceso visual, los perfumes apelan a nuestro inconsciente, nos muestran y revelan”, afirma.

 

Olivier Polge nació en Grasse, lugar donde se cultivan las flores más bellas de todo el planeta, y encontró inspiración en su padre, Jacques, experto del aroma que también ha creado legendarios perfumes.

 

“Desarrollar una fragancia es como ser un director de orquesta: hay que armonizar toda una serie de elementos, naturales y químicos, hasta lograr el efecto deseado. Todo con una cadena humana, tecnológica e industrial que puede invertir más de ocho años en la realización de un solo producto de este tipo” 

comparte.

 

Además, este amante de los viajes asegura que su disciplina tiene la capacidad de cautivar hasta el nivel más profundo del ser humano.

 

“En un mundo de exceso visual, los perfumes apelan a nuestro inconsciente, nos muestran y revelan”, afirma.

 

Ahora, Polge desarrolló una fragancia para Chanel, legendaria firma que no había lanzado una esencia desde hace 15 años.

 

Este experto platica en exclusiva sobre los retos que le significó crear esta propuesta, llamada Gabrielle Chanel.  

 

“Ésta expresa el espíritu rebelde y libre de Coco, quien siempre buscó cambiar su entorno y modificar los códigos vigentes, y que lo hizo elaborando aromas con elementos químicos y nombrando uno de ellos con el número cinco”, comenta.

Polge, quien desde 2013 colabora con esta reconocida marca, decidió trabajar con flores blancas, pero no de manera evidente, sino envueltas en maderas y exquisitos bálsamos.

“Son las que le gustaban a Mademoiselle Chanel, como el ylang ylang, el jazmín, la flor de azahar y el nardo, que se condensan con un toque de alquimia para potenciar ciertos olores y lograr algo único”, dice.

“Se acompañan de notas de madera de sándalo, cáscara de mandarina, un toque de pomelo y también una pizca de grosella negra”, añade.

Escrito por Fernando Toledo / Agencia Reforma

Reportero de Reforma


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