VIDA

QARAQOSH, Bajdida, Irak 15-Abr .- A cada paso la tierra seca se parte en terrones cada vez más pequeños. A pesar de la aridez, el verde de las hierbas comienza a cubrir el suelo. "La primavera en Irak", dice el padre Jorge Jahola mirando la punta de sus pies rodeadas de brotes. Ese será el único momento del día en el que el padre se permitirá posar sus ojos en otra cosa que no sea la destrucción que lo rodea. "Es muy bella esta estación", dice y apura el paso. Es mediodía y todavía queda mucho por hacer antes de que se ponga el sol.

El ruido de unos pájaros y el motor de algunos camiones que pasan a la distancia son los únicos sonidos que acompañan el caminar del padre Jorge en Qaraqosh, una ciudad cristiana en la meseta de Nínive, Irak.

En agosto de 2014, los 50 mil habitantes huyeron con lo que tenían puesto mientras los combatientes del grupo yihadista Estado Islámico se apoderaban de la ciudad. La mayoría de los cristianos encontró refugió en el Kurdistán iraquí y otros dejaron el país.

En octubre de 2016, el ejército iraquí recuperó Qaraqosh. Cinco meses después de la liberación, la ciudad sigue vacía. Ningún habitante volvió.

Para ser más claro, nadie pudo volver, porque las 6 mil 800 casas fueron destruidas, incendiadas o saqueadas.

"Ni una sola quedó intacta", dice el padre Jorge, levantando el dedo índice de la mano derecha mientras intenta una sonrisa para disimular. Intentará esa sonrisa durante todo el día. "Hay tres categorías de destrucción: parcial, total o incendiada".

Las categorías las creó el mismo cura cuando decidió documentar los destrozos hechos durante los más de dos años en los que la ciudad estuvo bajo el control yihadista. El padre dividió la ciudad en 10 zonas y, con un grupo de voluntarios de su parroquia, fotografió cada inmueble de Qaraqosh, anotando qué tipo de destrucción sufrió cada uno.

"Todo pertenece a la historia, también las casas. Y la historia cambia. Por eso hacemos una fotografía de toda la ciudad. Guardamos este instante del tiempo para el futuro", dice el cura. "Debemos transmitir la situación de Qaraqosh a las próximas generaciones. Es una obligación moral".

El inventario servirá también -explica el religioso- para presentarlo ante la comunidad internacional y a los posibles donantes. "Para poder pedir lo que se necesita", dice el cura que además de las casas deberá reparar seis de las 10 iglesias que hay en Qaraqosh, entre las católicas y ortodoxas. Las otras cuatro fueron destruidas. Todavía no sabe cuánto costará reconstruir la ciudad, pero piensa que serán más de 100 millones de dólares.


Con un sombrero pescador y una campera para protegerlo del frío matinal, el padre camina con rapidez por las calles desiertas. Atrás, casi corriendo para mantener el paso, lo sigue Noor, 20 años, cámara en mano. Esta mañana de febrero ambos volvieron a recorrer los 80 kilómetros que separa Qaraqosh de Erbil, la capital del Kurdistán iraquí, donde la mayoría de los cristianos encontró refugio, para corregir algunos errores del inventario.

Noor anota algunos datos sobre una casa de la zona F y se ofusca cuando tiene que volver a corregir la nota porque el lápiz se movió cuando el suelo tembló. Cerca de la ciudad, las artillerías del ejército bombardean las posiciones del EI en Mosul, a poco más de 30 kilómetros.

Cada tiro sacude Qaraqosh y espanta a los pájaros, pero no perturba el trabajo de algunos cristianos que vienen durante el día desde Erbil para visitar sus casas y tratar de recuperar algo.

"Se llevaron hasta nuestras cuatro colmenas", dice Adib Benham Tamous mientras camina por lo que queda de su propiedad. Todas las habitaciones fueron vaciadas. Su hermano, que vivía enfrente, tuvo menos suerte y al robo los saqueadores le agregaron un incendio que arrasó con su casa. Apenas sobrevivió un ventilador de techo con sus aspas dobladas hacia abajo. Noor lo fotografía.

A unas cuadras, Hussein Ahmed, de 18 años, intenta abrir la atascada puerta del armario de su habitación. Tiene que forzarla varias veces, pero al final cede. "¡Acá está!", dice con una voz que denota que la pubertad todavía no terminó su trabajo. Entre sus manos sostiene un oso de peluche blanco, con un corazón que dice I love you. "Me lo regaló mi papá cuando tenía 11 años", dice Hussein. Es la primera vez que vuelve a su casa, iluminada por los rayos del sol que entran gracias a un enorme orificio en el techo creado por un mortero.

La familia Ahmed es una de las pocas que no profesan el cristianismo en Qaraqosh. Pertenecen a la minoría Kakai, una religión que se inspira en el zoroastrismo y el en islam chiíta y que también fueron perseguidos por los yihadistas.

"En 2006, vivíamos en Mosul y nos tuvimos que escapar acá, a Qaraqosh. En 2014, estuvimos obligados a abandonar otra vez nuestra casa e ir a Erbil", dice Hussein. "Hoy, no sabemos si vamos a volver, o si nos iremos a Bagdad, o quedarnos en el Kurdistán", agrega sin olvidar mencionar la posibilidad de irse del país, como lo hizo uno de sus hermanos mayores que vive en Ucrania.

Otros hermanos que emigraron al exterior son los del cura Jorge. Sus dos hermanas huyeron a Francia y el mayor, Samir, a Jordania.

"La va a dejar así para siempre. Quiere que sea un testimonio del mal que han hecho otros", dice el padre parado frente a las ruinas de lo que fue la casa de su hermano, un diseñador de interiores que construyó su propio hogar. La biblioteca fue convertida en cenizas, las paredes cubiertas de negro por el fuego y las pocas pertenencias que no fueron robadas cubren el suelo hechas pedazos. "Va a ser difícil perdonar", dice el padre mientras camina con cuidado pisando cerámicas y vidrios rotos que antes habrán sido algún adorno.

"Me ofendieron y yo no ofendí a nadie... Dios maldiga al Estado Islámico y a todos los que lo apoyaron. Dios, no dejes piedra sobre piedra de la gente que tomaron los bienes de otros", se lee en una pancarta que su hermano dejó en el balcón luego de visitar su casa y antes de regresar a Jordania. "No creo que vuelva acá", dice Jorge y explica que su hermano tenía muchos amigos en los pueblos musulmanes de alrededor, de quienes se sospechan participaron en los saqueos.


El sol ya comienza a esconderse en el horizonte, allá dónde está Mosul. El cura enciende el motor de su coche. Hay que irse de Qaraqosh. Las rutas bombardeadas, los toques de queda y los numerosos puestos de control hacen que el camino sea más complicado que lo normal. Antes de partir, el padre Jorge toma del baúl una sotana y se la coloca. "Es más fácil pasar por los controles cuando saben que sos cura", dice y se ríe porque sabe que tiene razón. En tiempo récord pasa uno a uno los controles del ejército, la policía y de las milicias kurdas.

Pero el tiempo no está de su lado cuando piensa en el futuro de su comunidad en Irak. "Hay que esperar para saber qué hay qué hacer", dice y vuelve a sonreír mientras mira Qaraqosh perderse en el espejo retrovisor.

 

 

IRAK Y EL ESTADO ISLÁMICO

ORIGEN

También conocido como Daesh, el Estado Islámico es una organización terrorista salasta que actualmente opera principalmente en Irak y Siria. Su objetivo es establecer y expandir desde esta región un califato mundial. El origen de la organización se remonta a principios del siglo, como un grupo de resistencia islámico sunita y extremista llamado Yama’at al-Tawhid wal-Yihad. 

DE AL-QAEDA A EI

En 2004, la agrupación juró lealtad a Al Qaeda y cambió de nombre a Al Qaeda en Irak. Fungió como uno de los principales grupos de resistencia en el país durante la ocupación estadounidense. En 2011, el grupo se involucró en la guerra civil en Siria y cambió de liderazgo. En 2013, cambió su nombre a Estado Islámico de Irak y Siria, estableció nuevos objetivos y se independizó de Al Qaeda

EXPANSIÓN

A partir de ese punto, la prioridad de EI fue establecer un califato en la región basado en la sharia (Ley Islámica) y su propia interpretación radical del Islam. Aprovechando el vacío de poder en Irak, resultado del retiro de tropas estadounidenses, el grupo tomó algunas áreas del Oeste y Norte del país e inició la imposición obligatoria de la sharia. Nombró a la ciudad de Mosul como su capital iraquí. Y, aprovechando la guerra civil que se desató en Siria desde 2011 en contra del ré- gimen de Bashar al-Assad, extendió su califato tomando ciudades al Este y Norte de Siria y proclamando al-Raqa como su capital siria.

OFENSIVA CONTRA EI

En 2014, se creó una Coalición Internacional para combatir al Estado Islámico en Siria e Irak, conformada por 66 países. Además de Estados Unidos, ocho países han realizado ataques aéreos en los territorios de Irak ocupados por el EI. Sólo Turquía ha enviado tropas terrestres a combatir al grupo.

DEBILITAMIENTO

Los principales avances de la coalición en contra de Daesh se han suscitado desde nales de 2015. Durante 2016, el territorio controlado por el grupo terrorista se redujo alrededor de un 16 por ciento. Año tras año su poder en la zona se ha degradado, en 2015 dominaba 90 mil 800 kilómetros cuadrados, y para nales de 2016 controlaba 65 mil 500 kilómetros cuadrados.

MOSUL

En la lucha contra Daesh en Irak se identican principalmente tres actores: las fuerzas gubernamentales iraquíes apoyadas por la Coalición Internacional, los grupos armados kurdos conocidos como peshmergas, y Turquía, que cuenta con bases militares en territorio iraquí. La capital de Daesh en Irak, Mosul, es el principal escenario de batalla. La mayor parte de Mosul y el Noroeste de Irak son controlados por Daesh. Este territorio limita su frontera con la región autónoma del Kurdistán iraquí; mientras que las fuerzas gubernamentales controlan el Sureste y la parte Este de Mosul. La ofensiva para recuperar esta ciudad comenzó el 17 de octubre de 2016.

QARAQOSH

En agosto de 2014, el Estado Islámico tomó Qaraqosh, la ciudad cristiana más grande de Irak, provocando la huída de la mayoría de sus 50 mil habitantes; la destrucción de viviendas y templos. Más de dos años después, el 21 de octubre de 2016, el ejército iraquí anunció la recuperación de este territorio. Sin embargo, la población no ha podido regresar a sus casas

 

Escrito por Staff / Agencia Reforma

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