OPINIÓN

Es un privilegio ser testigos del nacimiento de una nueva carrera espacial.

 

La semana pasada tuve el gusto nuevamente de haber formado parte como uno de los organizadores del “Programa Internacional del Aire y del Espacio”, mejor conocido como “IASP” por sus siglas en inglés de International Air and Space Program, que se realiza anualmente en las instalaciones del Johnson Space Center de la NASA en Houston, Texas, en el cual un buen número de jóvenes universitarios de diferentes partes del mundo fueron partícipes durante una semana intensa de constante trabajo y estudio, recibiendo interesantes cursos y talleres sobre temas relacionados con la industria aeroespacial y aeronáutica.

 

Una de las actividades que ofrece también dicho programa internacional, consiste en que cada uno de los estudiantes tengan la oportunidad de realizar un vuelo de 30 minutos en una avioneta, despegando desde la Base Aérea de Ellington, muy cerca de las instalaciones de la NASA.

 

Los universitarios estando en pleno vuelo, no sólo tuvieron la oportunidad de aprender lo básico para poder volar, sino que con base a unas maniobras especiales realizadas por el instructor, ellos pudieron sentir un poco los efectos de la falta de gravedad, experiencia muy semejante a lo que sienten los astronautas una vez que se encuentran en órbita.

 

Durante el transcurso del programa, se cuenta con la oportunidad de conocer a detalle cada uno de los rincones de la NASA donde se desarrolla y se construye la nueva tecnología espacial, como lo es el nuevo programa denominado Orión, que serán los nuevos vehículos de transporte que llevarán al ser humano hacia el planeta Marte.

 

Los jóvenes participantes aprendieron de manos de los ingenieros de la NASA, lo básico para la construcción de un cohete de dos etapas. De hecho, los estudiantes divididos en varios grupos construyeron sus propios cohetes poniendo en práctica lo aprendido.

 

Cada uno de los cohetes fueron lanzados en un terreno especial de la NASA, donde cabe señalar que en dicho lugar se realizó hace décadas los primeros estudios a escala para llevar el Transbordador Espacial a cuestas de un avión Boeing 747, y desplazarlo de la Base Aérea de Edwards hacia el Kennedy Space Center en Florida.

 

También en esta edición del IASP, tuvimos la grata sorpresa de tener como maestro al veterano Franklin Chang Díaz, quien durante su carrera como Astronauta participó en siete misiones dentro del Transbordador Espacial (STS), visitando inclusive la hoy desaparecida Estación Espacial Rusa Mir y la actual Estación Espacial Internacional (ISS). Hasta el momento, él es único astronauta en haber realizado más misiones espaciales que otros. De hecho, se le conoce a Chang Díaz por ser el primer astronauta hispano en toda la historia espacial.

 

Originario de Costa Rica, Chang Díaz es Doctor en Física, y en la actualidad se está dedicando a desarrollar en su propio laboratorio los nuevos motores para cohetes basados en plasma, una nueva tecnología que revolucionará por completo la industria aeroespacial, pues se tiene el plan de ya no utilizar en el espacio combustibles a base de elementos químicos, sino a base de pura energía.

 

Fue un verdadero privilegio poder ver en su laboratorio una práctica de encendido de un cohete a base de plasma. Es como ser testigo del nacimiento de una nueva carrera espacial, cosa que sí te deja marcado de por vida.

 

Escrito por Jimmy Herrera

El Orbitador. Columnista de Luces del Siglo


Twitter

Facebook