REVISTA R

El Quinto Informe es, según especialistas, el comienzo del periodo en el que el Presidente será más débil que nunca y el preludio de la última crisis sexenal.

 

CIUDAD DE MÉXICO 26-Ago .- Sin saber que sería el último Presidente que usaría la tribuna de San Lázaro para presentar su Informe de Gobierno, Vicente Fox llegó el 1 de septiembre de 2005 a la Cámara de Diputados a hacer el penúltimo balance de su gestión. 

 

 

De traje negro, y con la banda presidencial sobre el pecho, el mandatario inició su discurso anunciando que, con su Quinto Informe, concluiría el rito del "día del Presidente". 

 

 

Desgastado tras el desafuero de Andrés Manuel López Obrador, sin posibilidades de colocar a su esposa Marta Sahagún en la carrera presidencial y enemistado con Felipe Calderón, Fox dijo que entre el Ejecutivo y el Congreso existían muros y culpó al Legislativo de las expectativas no cumplidas en el primer gobierno de alternancia. Al término del discurso de más de 40 minutos, priistas y perredistas cuestionaron al mandatario: "¿Y dónde está el informe?". 

 

 

Un año después, el Presidente entregó el último Informe de su gestión en el vestíbulo del recinto legislativo, luego de que la oposición le impidió el paso al Pleno. Fox había cumplido al menos una de sus promesas: poner fin al "día del Presidente". 

 

 

Punto de inflexión, porque marca el arranque de la sucesión presidencial, el Quinto Informe es, según especialistas, el comienzo del periodo en el que el Presidente será más débil que nunca y el preludio de la última crisis sexenal. 

 


Viejo régimen


El primer Quinto Informe de Gobierno se presentó en 1939, 11 años después de que el Congreso aprobó una reforma constitucional que aumentó de cuatro a seis años el periodo presidencial. 

 

 

Entre 1928 -año de la reforma- y 1934, ningún mandatario terminó su encargo; fue el general Lázaro Cárdenas el primer Presidente que concluyó su sexenio.

 

La investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana María Eugenia Valdés señala que, a partir de Cárdenas y durante el régimen hegemónico priista, el Quinto Informe de Gobierno se fue convirtiendo en el preámbulo de la sucesión. 

 

"La sucesión estaba cantada, ya nada más faltaba el dedazo; los tapados ya estaban ahí y ya todos sabían quiénes eran; no se podían mover, tenían que estar calladitos, y entonces el dedo presidencial tenía que elegirlos", detalla.

 

Sin oposición real, agrega la académica, la designación del candidato presidencial oficial era, de facto, el nombramiento del Presidente entrante.

 

"En el régimen priista ya sabíamos que el PRI ganaba aunque el Presidente hubiera sido malón; entonces, el Quinto Informe tenía en mente ya no el sexenio que acababa, sino el futuro", señala. 

 

Para el jurista del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Diego Valadés, el penúltimo informe presidencial era, también, el momento de culminación del poder del mandatario en turno, toda vez que su partido le reconocía y respetaba la facultad de imponer a su sucesor. 

 

"En el orden estrictamente político, el Quinto Informe era el informe de la culminación de la acumulación de facultades políticas presidenciales, y eso era lo que le daba al Presidente la autoridad metaconstitucional -como le llamó Jorge Carpizo- para señalar al candidato que lo iba a suceder", explica. 

 

 


De Díaz Ordaz a De la Madrid


Para el historiador Lorenzo Meyer, fue a partir de Díaz Ordaz cuando los penúltimos informes de Gobierno comenzaron a ser una especie de despedida. 

 

Antes de él, indica, los mandatarios salientes se quedaban haciendo política o figurando en la escena pública, ya sea como parte del gabinete del Presidente entrante o influyendo en otros aspectos de la vida nacional.

 

"Antes, cuando el régimen era fuerte, joven, nunca democrático desde luego, pero con fuerza -Cárdenas, Alemán-, se quedaban haciendo política. Éstos ya no pueden. ¿Qué política van a hacer? Salvo Salinas, los demás mueren muy rápido", asegura. 

 

En su opinión, lo que viene para el jefe de Ejecutivo en turno después del penúltimo informe es administrar la salida. 

 

"Estoy administrando ya la ida. ¿A dónde? ¿Qué es del Echeverrismo? Ahí estaba Echeverría, pero como si no estuviera. ¿Qué fue del Lamadridismo?... Se preparan casi para la muerte", indica. 

 

Un ejemplo: el 1 de septiembre de 1969, al rendir su Quinto Informe de Gobierno, Díaz Ordaz asumió la responsabilidad por la matanza estudiantil del 2 de octubre de 1968. 

 

El mandatario llegaba sumamente desgastado por su régimen de mano dura. A pesar de ello, su poder se dejaría sentir: no sólo delineó la sucesión al despejar el camino para que su secretario de Gobernación, Luis Echeverría, se convirtiera en su seguro sucesor, sino que, a su mea culpa, le siguió una ovación de pie de más de un minuto.

 

Pero fue sólo una última manifestación pública de poder.

 

La muestra de que la figura de Díaz Ordaz ya estaba debilitada llegó en mayo de 1970: el mandatario arribó en helicóptero al Estado Azteca para inaugurar el Campeonato Mundial de Futbol, pero la multitud lo recibió con chiflidos e insultos. 

 

Al concluir su sexenio, se retiró de la política; salió de su encierro siete años después, cuando fue designado embajador de México en España, pero meses después tuvo que renunciar a ese cargo, ante la lluvia de críticas por la matanza de la Plaza de las Tres Culturas. Murió en 1979.

 

 


Último tramo


El investigador de El Colegio de México, Rogelio Hernández, coincide en que el Quinto Informe de Gobierno marca el inicio del declive del Presidente en turno, que se acelera conforme transcurre su último año de administración. 

 

"En nuestra tradición, el último es un año en el que el Presidente empieza a ser muy débil, más de lo normal, porque tiene que compartir muchas cosas... El Presidente saliente normalmente participa al futuro Presidente de cosas, era una especie de coordinación del trabajo político y económico. Desde luego que el Presidente saliente prevalecía, pero de todas maneras se podía trazar claramente una pérdida de poder en la medida que avanzaba el tiempo", detalla.

 

Para el especialista, el poder del Presidente también se ve reducido a partir del penúltimo informe, porque la oposición ha encontrado que el sexto año es el mejor momento para presionar. 

 

"Todos los cambios políticos relevantes en este país o los momentos más críticos del país, tienen lugar exactamente ahí, porque la política mexicana adiestra a los políticos, también en términos generales, a que es ese el momento en que pueden ganar más", advierte. 

 

En la historia política del país hay ejemplos de ello. En el último tramo del sexenio de Luis Echeverría, se fortaleció la llamada ala democrática del sindicato de electricistas, el líder sindical Fidel Velázquez negoció y logró incrementos salariales. En el estado de Guerrero, cobraron fuerza las guerrillas encabezadas por Genaro Vázquez y Lucio Cabañas. 

 

 

Miguel de la Madrid enfrentó, en 1987, la irrupción de la Corriente Democrática -la escisión más importante en la historia del PRI-, que dio origen a la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas y a un convulso proceso electoral en 1988.

 

 


Salinas: ¿primer mundo?


El Quinto Informe de Gobierno de Carlos Salinas de Gortari fue el último que cumplió con los rituales del viejo régimen priista: besamanos, recorrido en coche descapotable y celebración en Palacio Nacional. 

 

Las negociaciones del Tratado de Libre Comercio habían concluido con éxito, lo que lo colocaba en la cúspide de su popularidad. La economía mexicana parecía estable, el gobierno federal avanzaba en las negociaciones para ser parte de la OCDE -el llamado club de los ricos- y el mandatario presumía la segunda visita del Papa Juan Pablo II en su sexenio. El balance era triunfalista.

 

No obstante, el panorama se descompuso al poco tiempo: 27 días después del Quinto Informe, su secretario de Desarrollo Social, Luis Donaldo Colosio, fue postulado candidato presidencial; en protesta, Manuel Camacho Solís, regente de la Ciudad de México, rompió las normas no escritas de la sucesión presidencial, al negarse a expresar públicamente su apoyo al candidato oficial.

 

El 1 de enero de 1994, el mismo día que entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio, irrumpió el Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

 

Dos meses y medio después, el 23 de marzo, fue asesinado en Tijuana Luis Donaldo Colosio y, seis meses más tarde, el secretario general del PRI, Francisco Ruiz Massieu. Por si eso fuera poco, al final del sexenio, el "error de diciembre" hizo estallar una grave crisis económica. 

 

 


Zedillo: fin de la hegemonía

 


Con Ernesto Zedillo, el Quinto Informe conservó su significado, pero cambió en sus formas. A él le tocó terminar la tradición del "dedazo". 

 

Tras cinco años de gobierno, Zedillo llegó a su penúltimo informe con buenos números en la economía, pero con las masacres de Aguas Blancas, en Guerrero, y de Acteal, en Chiapas, sobre sus hombros. El Fobaproa había generado la indignación de la sociedad, la UNAM se encontraba en huelga y Mario Villanueva, gobernador de Quintana Roo, se había dado a la fuga tras hacerse pública su relación con El Señor de los Cielos. 

 

El mandatario centró su mensaje en la estabilización de las finanzas publicas y presentó cifras alegres. Dijo que la inflación había caído, que se redujo la deuda externa, y que las finanzas públicas se manejaban con responsabilidad.

 

No obstante, omitió informar que el crecimiento del 3.6 por ciento del PIB era insuficiente para generar los empleos que el país requería. 

 

El mandatario debió rendir su penúltimo informe ante un Congreso sin mayoría priista. El panista Carlos Medina Plascencia fue el encargado de responder el Informe, y aprovechó para arrancar la campaña panista rumbo a Los Pinos. Durante su discurso, Medina calificó la lucha contra la pobreza como "retórica, vacía y desgastada".

 

Con Zedillo también terminó la tradición de usar el Quinto Informe para la exhibición de los "tapados". El 1996, durante su XVII Asamblea, el PRI amplió las facultades del Consejo Político Nacional, al otorgarle la posibilidad de designar al Presidente y al Secretario General del Partido. Además, estableció candados para la elección de aspirantes a puestos de elección popular. Este nuevo mecanismo de elección, le arrebató a Zedillo la posibilidad de imponer a su sucesor.

 

La candidatura se decidió, por primera vez en la historia del PRI, a través de una elección interna en la que participaron Roberto Madrazo, Humberto Roque Villanueva, Manuel Bartlett y Francisco Labastida, quien ganó la candidatura, pero perdió la elección.

 

El de Zedillo fue una nueva versión de Quinto Informe de Gobierno: marcó el inicio la sucesión presidencial, pero sin "dedazo" y con alternancia.

 

 


Fox: el Congreso dispone


Vicente Fox fue el último mandatario que acudió al Congreso a leer su penúltimo informe de gobierno.

 

El Presidente de la alternancia llegaba con un gran desgaste: 

 

En abril de 2005, se consumó el desafuero de López Obrador, una maniobra en la que fue clara la participación de su gobierno para tratar de descarrilar a quien era el puntero en las encuestas. 

 

Los hermanos Bibriesca, hijos de su esposa Marta Sahagún, fueron acusados de beneficiarse con negocios con organismos de gobierno. 

 

La inseguridad comenzaba a hacer crisis en varios estados, con más de mil 500 asesinatos ocurridos durante 2005.

 

Y, a pesar de los ingresos excedentes derivados del precio internacional del petróleo, el crecimiento del PIB era 1.2 por ciento menor al del año anterior -muy alejado del 7 por ciento anual prometido en campaña-, y la deuda había aumentado un billón de pesos. 

 

Además, la relación entre él y el PAN estaba fracturada. Mientras Fox leía su Informe, en aquel septiembre de 2005, Felipe Calderón se preparaba para arrebatarle la candidatura presidencial a Santiago Creel, el precandidato del foxismo.

 

 


Calderón: nuevo formato


Felipe Calderón pudo entrar al recinto de San Lázaro el 1 de septiembre de 2007, para poner en manos del vicepresidente de la Cámara, el panista Christian Castaño, su Primer Informe de Gobierno y leer un brevísimo mensaje protocolario, con la ausencia de la presidenta de la Cámara, la entonces perredista Ruth Zavaleta y el resto de los legisladores de izquierda.

 

Pero su mensaje político tuvo que leerlo al día siguiente en Palacio Nacional.

 

Meses después, el Congreso aprobó una reforma constitucional que modificó el formato de presentación de los informes presidenciales y sepultó en definitiva el ritual del "día del Presidente".

 

Conforme al nuevo ordenamiento, Calderón envió sus demás informes por medio de sus secretarios de Gobernación. El Quinto Informe fue entregado por el tercer secretario de Gobernación del sexenio, Francisco Blake Mora, quien dos meses después murió al caerse el helicóptero que lo transportaba de la Ciudad de México a Morelos.

 

El año había sido catastrófico en materia de violencia. De acuerdo con cifras oficiales, en 2011 se registraron más de 27 mil homicidios en el país y, para ese momento, el calderonismo ya arrastraba diversos hechos sangrientos, como la masacre de 72 migrantes en San Fernando, Tamaulipas; el asesinato de dos estudiantes del Tec de Monterrey a manos de la Marina; la matanza de jóvenes en la colonia Villas de Salvárcar de Ciudad Juárez, Chihuahua, y el asesinato del hijo del poeta Javier Sicilia en Morelos, que había dado origen al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, que puso a las víctimas de la violencia en el centro de  la agenda nacional.

 

Seis días antes del Quinto Informe de Calderón, el atentado terrorista en el Casino Royale de Monterrey obligó al mandatario a mover la sede de su mensaje político del 2 de septiembre, programado originalmente como un acto masivo en el Auditorio Nacional, al patio central del Museo de Antropología.

 

El Presidente leyó un mensaje de más de hora y media ante 500 invitados "especiales". Más de 40 minutos los destinó a defender su guerra contra el narcotráfico. 

 

A la sucesión presidencial, el panista le dedicó sólo un par de minutos. Al igual que su antecesor, tampoco pudo perfilar a quien hubiera deseado como sucesor.

 

Su candidato era Ernesto Cordero, secretario de Hacenda, pero de cara a la elección interna del PAN, Josefina Vázquez Mota se colocaba a la cabeza de las preferencias. Finalmente, la panista fue designada candidata presidencial y, en julio de 2012, acabó en tercer lugar, muy abajo de Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador.

 

 


Peña: lo que ya no es


El próximo 1 de septiembre, Enrique Peña Nieto entregará su Quinto Informe de Gobierno, tras un año caracterizado por nuevas crisis de gobierno.

 

En opinión del investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Diego Valadés, éste puede convertirse en un momento inédito en la historia política del país. 

 

Después de los dos sexenios panistas, el Quinto Informe volverá a marcar el inicio de la sucesión, con un presidente priista que baraja nombres de su posible heredero en su gabinete.

 

Valadés señala que esta circunstancia hará que la oposición tenga la posibilidad de desgastar políticamente a los secretarios de Estado que aspiran a la candidatura, pues las reformas de 2008 obligan a los secretarios de Estado a comparecer bajo protesta de decir la verdad, como parte de la glosa del Informe. 

 

"No es remoto que los partidos de oposición al gobierno aprovechen la circunstancia de que van a tener a los secretarios defendiendo las políticas públicas presidenciales para acosarlos políticamente y, en la medida de lo posible, para desgastarlos al máximo que les resulte viable", advierte. 

 

Una situación que no se había vivido en los últimos 100 años, añade Valadés.


 

Escrito por Martha Martínez / Agencia Reforma

Reportera de Agencia Reforma


Twitter

Facebook