SUPLEMENTOS

CIUDAD DE MÉXICO.- Lo que empezó como la renovación de un antiguo granero para crear un estudio artístico ubicado en una granja al norte de San Francisco se convirtió en la construcción de un nuevo edificio, pues la estructura original resultó insalvable.

Sin embargo, esta edificación, realizada por la firma Mork-Ulnes Architects / sfosl fue sólo el principio, pues posteriormente se le añadió una extensión, nombrada La Ameba, que se distingue por sus sinuosos muros de hormigón y que sirve como comedor y cocina.

"La idea era que La Ameba contrastara con el concepto del granero, que es más racional. Lo único que los une es el encofrado para el concreto, que tiene las marcas de las antiguas tablas de madera usadas para darle forma", explicó el arquitecto Casper Mork-Ulnes.

Para el primer edificio se decidió usar un envolvente de madera antigua. Los muros internos fueron cubiertos con madera contrachapada de abedul, y el techo, con acero oxidado, materiales que le dan un carácter agrario.

En el proyecto se invirtió el tradicional techo a dos aguas, lo que resultó en una hendidura si es visto desde fuera y en espacios de doble altura en el interior.

De uno de los costados del granero emerge el cuerpo de la cocina y comedor, cuyo techo de madera expuesta descansa sobre muros de concreto de más de 20 centímetros de ancho, lo que ayuda a mantener las temperaturas internas. El diseño interior replica la arquitectura a una menor escala, pues se compone de muebles de distintos orígenes y estilos.

"El mobiliario es una colección ecléctica de piezas que el cliente había coleccionado a lo largo de muchos años. Va de una silla 'Scandia', diseñada por Hans Brattrud a mediados de siglo, a antigüedades provenientes de Noruega y piezas californianas hippies de madera reutilizada", expuso el artífice.

"La unión de muebles, piezas de arte y objetos coleccionables contrasta con la arquitectura, más rígida y limpia, pero eso es lo que da al proyecto un cierto carácter imposible de replicar".

 

EXTENSIÓN A LA NATURALEZA

La Ameba, además de lo orgánico de sus trazos y de su nombre, contiene un jardín interior compuesto por plantas de taro, higo y bambú, las cuales cuentan con un sistema de irrigación.

"El cliente quería una cocina y un comedor exteriores que pudiera usar durante todo el año", dijo el arquitecto.

"La idea era dejar que el paisaje se escurriera al interior, pues él lo imaginó como una jungla con plantas exóticas por dentro y por fuera".

En la misma vena se encuentra el esfuerzo por favorecer la entrada de luz natural, especialmente en el estudio artístico ubicado en el granero, donde ventanales se abren al norte. "En La Ameba hay un extenso tragaluz de policarbonato operable que provee a la vegetación y a las personas con iluminación natural difusa.

Si se le deja abierto, permite que luz y ventilación natural entren al edificio", comentó Mork-Ulnes. Esta claraboya se complementa con un muro acristalado en un extremo del edificio, así como por ventanas de diferentes dimensiones y en distintos puntos.

El proyecto presume, además, una orientación sostenible en lo relativo a los materiales.

Elementos del granero original fueron reutilizados para construir gabinetes y espacios de almacenamiento. Se recurrió también a madera certificada y las piezas con que se creó el encofrado se usaron posteriormente como barda

Escrito por Staff / Agencia Reforma

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