ENTRE MUROS

Desde el Templo Mayor hasta la Catedral Metropolitana -la más grande del continente-, pasando por la Torre Latinoamericana o el Palacio de Bellas Artes, el primer cuadro de la Ciudad se define por el diálogo entre materiales, volúmenes y estilos.

 

 

CIUDAD DE MÉXICO 3-Sep .- El Centro Histórico de la Ciudad de México, escenario de fiestas patrias y manifestaciones sociales, tiene una historia que abarca varios siglos e incluso culturas distintas, lo que se refleja en su arquitectura.

 


Ese punto de la Ciudad, que forma parte de la lista de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, destaca tanto por los vestigios de la capital azteca como por las grandes construcciones coloniales y por sus edificios públicos, a los que en tiempos recientes se han añadido una serie de propuestas contemporáneas residenciales, culturales y turísticas.

 


Desde el Templo Mayor hasta la Catedral Metropolitana -la más grande del continente-, pasando por la Torre Latinoamericana o el Palacio de Bellas Artes, el primer cuadro de la Ciudad se define por el diálogo entre materiales, volúmenes y estilos.

 


A esto se suman las propuestas a continuación presentadas, que van de intervenciones y remodelaciones de construcciones antiguas a edificaciones nuevas, y que se plantean como nuevas maneras de habitar y vivir el Centro Histórico.

 

Ubicado entre la Arena Coliseo, un recinto de lucha libre, y la Iglesia de Santo Domingo, este edificio, construido en 1962, fue intervenido arquitectónicamente para darle nuevos bríos.

 


Llevada a cabo por la firma Boué Arquitectos, la remodelación partió del uso como bodega y estacionamiento en la planta baja que en 2016 tenía el lugar, edificado originalmente para oficinas y talleres.

 


En la renovación se cambió también el uso de la estructura: hoy en día contiene 36 departamentos, que van de los 35 a los 38 metros cuadrados, y tres locales comerciales.

 


"Trabajar con esta construcción preexistente representó muchos retos, ya que hubo que generar todas las instalaciones de luz, agua, drenaje y demás elementos para convertir una estructura de oficinas en un espacio residencial", explicó el arquitecto Gerardo Boué, líder del despacho.

 


Además de las dificultades de lograr una coexistencia armónica entre lo antiguo y lo nuevo, el trabajo en el Centro Histórico de la Ciudad conlleva retos relacionados con la normatividad, los horarios y la integración de lo creado con la escala del entorno existente.

 


Otro punto en el que el arquitecto Boué hizo énfasis en este sentido fue el deseo de lograr una influencia positiva en el lugar circundante mediante la propuesta, que se alza en una esquina del primer cuadro de la Ciudad.

 


"El edificio se encuentra en el límite de lo que fue el Convento de Santo Domingo, y eso le da una ubicación histórica importante. Es fundamental crear conceptos de calidad para recuperar poco a poco la vida urbana y social de zonas que se fueron deteriorando con el tiempo.

 


"Es importante renovar estos edificios para crear espacios mixtos, principalmente con el componente de vivienda, lo cual ayudará a la zona a recuperar su vitalidad", señaló.

 

 

PAISAJE URBANO


El trabajo exterior realizado en la edificación incluyó la regeneración de un basamento de piedra en color claro, con lo que se evita un mantenimiento intensivo, mientras que la parte superior se dejó en blanco para obtener ligereza visual.

 


"La fachada estaba completamente deteriorada y el estado general del edificio era malo por falta de mantenimiento; sin embargo, la estructura se encontraba en perfectas condiciones", comentó Boué.

 


"A pesar de esto, se hizo un refuerzo en todas las columnas del sótano para rigidizar más su base, aunque en la obra se quitó mucho peso, ya que tenía muchos muros intermedios de tabique y nosotros hicimos divisiones con materiales ligeros".

 


De la fachada destaca también el papel que juega durante la noche como actor urbano, pues el diseño lumínico del proyecto hace destacar sus planos y presencia en la esquina de República de Perú y Leandro Valle.

 


La neutralidad cromática se mantiene en el interior, donde pisos de mármol travertino fiorito acompañan muros de yeso en blanco y gris, con remates en naranja en puntos estratégicos.

 


Al interior del edificio se trabajó la distribución de la manera más eficiente posible, con circulaciones que permiten el movimiento de mobiliario entre los pequeños departamentos, y se aprovecharon, especialmente en los espacios comunes, las vistas que ofrece el entorno.

 


"Se diseñó una terraza en la parte superior con una vista de 360 grados a la Ciudad, en la que se pueden apreciar las cúpulas de las iglesias colindantes, especialmente Santo Domingo", apuntó el artífice.

 


Desde este punto, donde se erigió una estructura con acero y cristal, también se aprecian la Torre Latinoamericana y, en las noches, la instalación lumínica que cubre el edificio del Centro Cultural Universitario Tlatelolco.

 


 

 

Escrito por Andrea Martínez de la Vega / Agencia Reforma

Reportera de Reforma


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