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Joaquín Cosío escribe poesía, rechaza papeles de villanos y ahora protagoniza La desobediencia de Marte.

 

CIUDAD DE MÉXICO 19-Ago .- La mayor batalla de Joaquín Cosío es contra sí mismo. O, mejor dicho, contra esos alter egos que ha creado en la pantalla, como el El Cochiloco. Sabe que por eso lo identifican, pero su búsqueda va más allá, por eso escribe poesía, rechaza papeles de villanos y ahora protagoniza La desobediencia de Marte, obra escrita por Juan Villoro y en la que interpreta al astrónomo Tycho Brahe.

 

 

¿Eres un hombre malo?

¡Sólo en la intimidad!, jajaja. No entiendo ese concepto tan unilateral, soy tan bueno como malo.

 

 

Hasta los 38 años viviste en Chihuahua trabajando en la universidad, ¿cómo es que a esa edad decides venirte a la Ciudad de México?

Ni tan joven ni tan viejo. Había hecho teatro desde los 19 años en Ciudad Juárez; entonces, en realidad, siempre fui un actor de teatro. Lo que ocurre es lo que todos sabemos: en la provincia no hay manera de que vivas haciendo teatro, ni pintura, ni danza.  Entonces, siempre trabajé en mi carrera, fui comunicador, diseñador, a la par que hacía teatro. Allá terminan su jornada en la maquiladora y los chavos llegan a sus ensayos en la noche.

 

 

¿Cómo logras dejar atrás todo lo que tienes?

Sin pensar demasiado. Si lo pienso, no lo hago, porque efectivamente tenía pocos elementos a mi favor, entre ellos la edad. Además, no soy un galán ni un actor de televisión, nadie me conocía, no tenía carrera. 

 

 

¿Alguien te trató de disuadir?

Mi padre me daba un argumento muy sólido: "piensa en tu seguro médico", pero era una decisión tomada.

 

 

¿Eres un ejemplo de cómo se triunfa contra el centralismo cultural?

Pues no, porque me vine para acá. 

 

 

Pero, ¿te consideras un triunfador?

Me considero un hombre muy afortunado. No tengo más que aceptar la bondad del destino sobre mi vida. 

 

 

¿Qué te da ser un actor formado fuera de los círculos tradicionales?

Me da ventajas y desventajas. Me considero un actor sin demasiada técnica, justamente por no haber tenido una formación, pero al mismo tiempo me permite ser muy versátil por no tener una camisa de fuerza formal. 

 

 

De 2002 a la fecha tienes registrados 78 créditos como actor, ¿qué detona tu carrera?

Mi paso al cine es un accidente, pues tenía intenciones de ser actor teatral. A eso vine hasta que se me atravesó un casting. Alejandro Caballero me llamó para una película de norteños, Una de dos, con Tiaré Scanda y Erika de la Llave. Fui absolutamente inexperto y me quedé. Ahí me empezaron a llamar para más castings, hasta que llega Matando Cabos. El papel del Mascarita es el que, de alguna manera, me da a conocer con la gente y con los productores.

 

 

¿Te arrepientes de haber interpretado a El Cochiloco, de El Infierno? 

No, para nada. Tengo que agradecer profundamente que la gente reconozca a este personaje que trascendió mi propia expectativa.

 

 

Ahora con Tycho Brahe, un científico, el cambio es radical.

Siempre he buscado cambiar. De hecho, cuando me empezaron a llamar sólo para hacer de judicial o para hacer del hombre violento de la película o el violador, empecé a rechazar esos papeles. Les decía: "si me quieres nada más por mi cara ruda, consíguete otro; yo quiero actuar".

 

¿El no ser guapo es una maldición o es una bendición?

En mi caso es una bendición, sin duda. Digamos que soy un ser singular.

 

 

¿Te consideras singular?

Sí, claro. A eso le debo que me llamen con bastante frecuencia.

 

 

Entonces, ¿no debo decir que soy feo?

Para nada. Somos singulares, no nos parecemos a nadie.

 

 

¿Qué tiene de ti Tycho?

El gusto por el vino, jajaja. El personaje lo construyes con aquello que te es común, pero sobre todo con aquello que no te es común. Es decir, tengo la corpulencia de Tycho, tengo la energía de este personaje que era un genio de la astronomía, pero al mismo tiempo era un hombre que le gustaba la buena vida, las mujeres, el alcohol y que era un hombre además beligerante, de poca tolerancia. Entonces, más bien construyes el personaje a partir de lo que no eres. En este caso había que construir una mente brillante, que no creo tenerla, pero había que construirla. 

 

 

A propósito de astrónomos, ¿con qué planeta te identificas?

Iba a decir que soy como un sol, pero ya me lo ganó Luis Miguel. Soy un planeta pesado que se mueve a partir de las leyes de la gravedad, un cuerpo atrae a otro cuerpo. Yo fui soltero hasta los 50 años, un soltero feliz y desgraciado como todos los solteros. De pronto aparece ese cuerpo celeste misterioso y todo cambia, ahora soy un hombre casado con un hijo. Las leyes del universo están sucediendo también en la calle.

 

 

Eres un hombre comprometido con temas sociales, políticos.

Soy un hombre muy hablador, no estoy comprometido porque no tengo ninguna afiliación, no tengo partido.

 

 

Pero no te callas y dices fuerte las cosas que te molestan, con las que estás inconforme.

Sí, por eso decía que soy un hablador, no soy un activista. Lamento mucho, por ejemplo, no poder asistir a las marchas por la guardería ABC, pero no puedo porque no tengo tiempo. Me gustaría poder ser más activo y corresponder más con acciones a lo que digo.

 

 

En términos teatrales, ¿cuál consideras que es la tragedia de los mexicanos?

Su gobierno y sus políticos, sin duda. La peor tragedia de México se llama Enrique Peña Nieto y su gabinete. 

 

 

¿Cómo se llamaría una obra de teatro basada en este sexenio?

En una obra teatral este gobierno se llamaría El Socavón.

 

 

¿Fue sólo un rumor o realmente te ofrecieron ser candidato de Morena a la alcaldía de Ciudad Juárez?

¡Pregúntales a ellos!, jajaja. No sé nada de eso. No me la ofrecieron. Me han llegado mensajes de amigos y me llegó un correo por ahí plantándome cosas muy extrañas, pero no he tenido ninguna plática personal con nadie, ninguna oferta como tal.

 

 

¿Te aventarías?

Es algo que no me interesa mucho contestar porque es una especulación absoluta, me estás preguntando sobre algo que no ha pasado.

 

 

Si te lo ofrecieran formalmente, ¿te interesaría?

No, no creo.

 

 

¿No hace falta un político que hable directo?

No, hace falta un político que administre bien, que tenga sentido de justicia, que tenga sentido de equidad y los primeros que traicionamos esas cosas somos los artistas que de repente nos volvemos políticos, porque nos utilizan para ganar el voto. Pero, ¿después de ganar qué sigue?, ¿qué puede hacer un actor como responsable de la seguridad de una ciudad como Juárez?  Uno piensa cómo colaborar con estas comunidades tan diezmadas y tan lastimadas como Ciudad Juárez.

 

 

¿Te mueven ese tipo de situaciones?

Sí, claro, como nos mueve a todos, supongo: la violencia contra las mujeres, los feminicidios sin resolver, la violencia desatada, la corrupción, la impunidad. En ese sentido, soy como cualquier ciudadano que se siente lastimado por ello. Yo conozco Juárez, viví toda mi vida ahí, la vi transformarse de una ciudad intensa y vigorosa a una ciudad oscura, violentada. 

 

¿Juárez es una ciudad con miedo?

Tal vez tuvo más miedo hace algunos años que ahora, pero es una ciudad donde el miedo persiste, donde la violencia persiste. 

 

 

¿Qué libro le recomendarías a Enrique Peña Nieto?

El de sexto de primaria.

 

 

¿Cuál quieres que sea tu epitafio?

"Amé lo que pude amar y lo amé profundamente". 

 

 

¿Qué papel te falta interpretar?

El de presidente municipal.

 

 


 Cinco datos de Joaquín Cosío

  1. Estudió Comunicación en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. 
  2. Ha sido profesor universitario, diseñador gráfico, locutor de radio, periodista y ha publicado un libro de poesía.
  3. Ganó el Ariel por El infierno y la Diosa de plata por la La vida precoz y breve de Sabina Rivas.
  4. Es la voz en español del oso de peluche que cobra vida en Ted.
  5. La desobediencia de Marte, en la que también actúa José María de Tavira, es la cuarta obra teatral de Juan Villoro.
     

Escrito por Miguel de la Vega / Agencia Reforma

Reportero de Agencia Reforma


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