INTERNACIONAL

Liu Xiaobo fue arrestado en 2008 tras firmar un manifiesto pro democrático.

“Hay que creer en los testigos dispuestos a morir”, decía Pascal. Liu Xiaobo, premio Nobel de la Paz, autor, crítico literario, pensador y disidente chino, fue uno de ellos.

 

Ayer, el Ayuntamiento de Shenyang, la ciudad donde se encontraba ingresado en un hospital, anunció la muerte a los 61 años del disidente que reclamó más alto y más claro que nadie la democracia para China.

 

El cáncer de hígado diagnosticado tarde en la cárcel donde cumplía once años de prisión por subversión finalmente lo venció.

 

La silla vacía que lo representó en la ceremonia de concesión del galardón pacifista en Oslo en 2010 mantendrá su hueco para siempre.

 

Queda la duda de si el tumor no se descubrió a tiempo por las malas condiciones médicas generalizadas en las cárceles chinas o se trató de una negligencia voluntaria para deshacerse del hombre al que Beijing consideraba su principal adversario político interno.

 

Después de dos décadas de lucha por la democracia, Liu fue detenido en 2008 y condenado el 25 de diciembre de 2009 a 11 años de prisión por “incitar a la subversión”, tras ayudar a redactar un manifiesto político.

 

El texto, de 303 firmantes iniciales, pedía el reconocimiento en China de la libertad, la igualdad y los derechos humanos como valores universales; la división de poderes, un poder judicial independiente o la libertad de información eran otras de las demandas.

 

Tuvo múltiples ocasiones para exiliarse y empezar una nueva vida en otro lugar. Las rechazó todas.

 

Temía que su voz perdiera potencia fuera de China. Quería ser un elemento activo dentro de su país. Liu es el primer premio Nobel de la Paz que muere en cautiverio desde 1938, cuando el pacifista Carl von Ossietzky falleció en el hospital mientras le retenía el régimen nazi en Alemania.

Escrito por Staff / Agencia Reforma

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