DE VIAJE

El impresionante entorno, con grandes árboles y cristalinos cenotes, incita a buscar acción.

 

RIVIERA MAYA, Quintana Roo 29-Jul .- Un sutil aroma a madera y miel silvestre percibe quien se interna en la selva para hallar la aldea maya de Tankah.

 


Algunos han oído hablar de ella, pero pocos son los que hasta aquí llegan. Cabe precisar que a este parque ecológico -ubicado a unos 11 kilómetros del centro de Tulum- sólo se puede tener acceso previa reservación con una operadora turística, como Famar Travel & Adventure o Qts-Cancun. 

 


Sin embargo, algunos resorts, también ofrecen a sus huéspedes la posibilidad de contratar esta experiencia. 

 


César Ceme es nuestro guía durante este paseo, y también nuestro traductor, ya que los lugareños que brindan servicios turísticos sólo hablan maya. 

 


"Aquí no hallarán esos parques llenos de turistas, que han invadido la naturaleza con elementos artificiales. La virtud de Tankah es que sí se te puede decir: 'Bienvenidos a la verdadera selva maya'", dice Ceme.

 


El impresionante entorno, con grandes árboles y cristalinos cenotes, incita a buscar acción.

 


Los viajeros más intrépidos se apresuran para disfrutar de las tirolesas que cruzan Naval, el más grande de los cuatro cenotes que presume el parque.   

 


Dos de las tirolesas miden aproximadamente 110 metros de longitud y una tercera, 212 metros. Esta última conduce hasta una pequeña isla de la que sólo es posible regresar a bordo de una canoa. Así que, antes de lanzarse, hay que considerar las habilidades para remar.

 


Quienes desean una experiencia mucho más tranquila pueden refrescarse en alguno de los otros tres cenotes.  

 


Nada más placentero que flotar en aguas cristalinas mientras se tiene la sensación de que la selva esmeralda y un intenso cielo azul te caen encima.

 


Cuando el hambre llega es momento de dirigirse a un comedor que está montado bajo una palapa tradicional maya. 

 


Ahí, cocineras tradicionales hacen tortillas a mano y preparan delicias como pollo pibil y salsa de habanero; el apetito queda saciado. 

 


Sin duda, esta aldea logra combinar la ecoaventura con la posibilidad de tener un cálido contacto con la gente local. 

 

 

 

 

 Un trío imperdible: pasear en canoas, deslizarse por tirolesas y gozar en las aguas de un cenote.

Escrito por Cirze Tinajero / Agencia Reforma

Reportera de Reforma


Twitter

Facebook