ENTRE MUROS

El artífice, cuya participación en Mextrópoli lo trajo al País, trabaja actualmente en múltiples proyectos, entre ellos dos en Kenia relacionados con la familia Obama, el nuevo Parlamento de Burkina Faso y el pabellón de la londinense Galería Serpentine de este año.

 

CIUDAD DE MÉXICO 4-Jun .- Si bien Diébédo Francis Kéré es hijo de la pequeña aldea de Gando, ubicada en Burkina Faso, el arquitecto se formó como tal con una beca en Alemania.


Ser el hijo mayor del líder de la aldea le abrió las puertas al estudio, con todo y que miembros de la comunidad percibían la educación convencional occidental como una pérdida de tiempo.


Además de una fundación que lleva su nombre y con la que recauda fondos para hacer proyectos en su aldea natal, Kéré lidera su firma arquitectónica, que lo ha llevado a realizar proyectos en diferentes partes del mundo.


El artífice, cuya participación en Mextrópoli lo trajo al País, trabaja actualmente en múltiples proyectos, entre ellos dos en Kenia relacionados con la familia Obama, el nuevo Parlamento de Burkina Faso y el pabellón de la londinense Galería Serpentine de este año.

 

 

¿Usted participó en la construcción de estructuras en Gando antes de irse a Alemania?


¡Sí! La construcción es una actividad comunitaria en mi aldea natal. Como muchos lugares rurales con recursos limitados, tus vecinos y familiares te ayudan a construir tu casa o repararla.


Crecí en esta comunidad ayudando a levantar o arreglar viviendas de arcilla. Cuando era más grande y estudiaba en la ciudad, realicé trabajos de carpintería reparando puertas y techos.

 

¿Cuál fue el mayor reto que tuvo en la transición a otro continente?


Viajar de Burkina Faso a Alemania fue una transición enorme. Todo era diferente. Los cambios más difíciles fueron la lengua, la comida y el clima.

 

¿Qué lo llevó a interesarse por la llamada arquitectura social, un maestro o su historia?


Fueron ambos. La construcción es una función natural de mi comunidad en la que colaboramos en casi todos los aspectos de la vida: el cultivo, la educación y la crianza de los niños. Es la realidad en la que crecí y mucha gente de mi región aún vive así.
También tuve maestros en Berlín que me empujaron mucho como estudiante. Construí mi primera escuela en Gando todavía en la universidad, y después de eso no veía el punto de graduarme. Mis maestros fueron los primeros que dijeron que lo que estaba haciendo podía ser parte de la discusión global, de que podía contribuir al campo de la arquitectura.

 

 

¿Sus proyectos en Burkina Faso incluyen planeación urbana?


Definitivamente. Muchos de los espacios donde trabajo son muy remotos, a veces no hay caminos o límites claros en los terrenos. Tenemos que empezar de cero, lo que es una gran responsabilidad. El diseño necesita responder a la situación actual y, al mismo tiempo, anticiparse al crecimiento futuro.

 

¿Enfrentó resistencia cuando empezó a trabajar en Gando después de sus estudios?


Enfrenté mucha presión de mi comunidad, fue muy difícil convencerlos de que mis diseños funcionarían. En mi cultura no hay libros; los ancianos son los que poseen el mayor conocimiento debido a su experiencia. El concepto de ganar conocimiento mediante el estudio era extraño.


Al ser tan joven, tuve que pelear mucho para explicar mis ideas. Nadie creía que pudiera hacer un edificio moderno con arcilla, un material tan tradicional en mi país. Necesitaba convencerlos, así que hice un prototipo y funcionó.

 

 

¿Cómo equilibra el trabajo de arquitecto con recaudar fondos para muchos de sus proyectos?


Debo mantener un balance de los tipos de proyectos que hago. Para mantener a la oficina de Berlín, tomamos muchos proyectos pequeños en Europa y EU. Gano suficiente para poder invertir en mis propios proyectos poco a poco.


También hay muchos colaboradores con los que he tenido el honor de trabajar, como el Museo Internacional de la Cruz Roja, la Academia Real de Artes de Londres, Vitra, Camper y el Museo de Arte de Filadelfia.

 

¿Cómo hace un uso eficiente de estos recursos?


Tengo que aprovechar más el terreno y el presupuesto con menos, encontrando maneras pasivas para ventilar los edificios y protegerlos del sol, recolectando y administrando agua de lluvia y, en ocasiones, integrando paneles solares.

 

 

¿Qué percibe del crecimiento de la arquitectura como profesión en Burkina Faso?


Antes, la arquitectura parecía ser un producto del poder corporativo o de Gobierno. Ahora la gente, especialmente los jóvenes, es más consciente de que la arquitectura es una profesión que puede ser aprendida por quien sea, incluso un joven de la aldea como yo.


Mi trabajo ha mostrado que la arquitectura puede hacer una diferencia en la vida de la gente si se basa en el clima y cultura locales.

 

¿Cómo comunica las necesidades y prioridades de sus proyectos en Gando cuando imparte clases en universidades occidentales?


Esto es un reto real. Intento hacer a los alumnos conscientes de la abundancia en su vida, por ejemplo, el hecho de que pueden girar una llave y sale agua fresca o apretar un botón y tienen luz. El pequeño gesto de mover un switch... mucha gente parece olvidar el gran logro que significó hacer que esto pasara.

 

¿Qué similitudes arquitectónicas encuentra entre Burkina Faso y América Latina?


Definitivamente hay una urgencia común por viviendas de calidad que sean asequibles. Parece que también hay una fuerte voluntad de cuidar a nuestra gente. 


Existe una conciencia y orgullo de nuestra herencia cultural, la reconocemos como algo que debe ser celebrado y preservado para futuras generaciones. La arquitectura es algo que puede ayudar a lograrlo.

 

Escrito por Andrea Martínez de la Vega / Agencia Reforma

Reportera de Reforma


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