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Mitla es el centro ceremonial por excelencia. Aquí vivía el sacerdote supremo de la religión zapoteca.

 

SANTA MARÍA ATZOMPA, Oaxaca 15-Jul .- Las nubes forman un telón blanco por el que discurre el camino que lleva a uno de los montes que rodean a la ciudad de Oaxaca. Detrás de él se encuentra la zona arqueológica de Atzompa.

 


El verano ha hecho que el área esté cubierta de un verde absoluto que se replica en el cerro vecino; paso tras paso, largos muros de cantera amarilla refulgen contra la naturaleza que se adueña del espacio, habitado hace más de mil años por nobles zapotecas y que dista unos 15 minutos de la capital del estado.

 


"Este sitio tiene vistas muy impresionantes de los Valles Centrales de Oaxaca" destaca el arqueólogo Miguel Guevara, quien trabaja en la investigación del sitio.

 


De acuerdo con Guevara, Atzompa pudo ser un barrio de la poderosa ciudad de Monte Albán, esta última nombrada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1987. 

 

 


Los vestigios de sus casas, altas pirámides y su plaza central, desde donde se tienen espectaculares vistas de los Valles de Etla y Oaxaca, y sus tres juegos de pelota, señalan la importancia que tenía este barrio en la vida del imperio... y también en la muerte.

 

 

En la casa del Señor Oscuro


"Mitla es el centro ceremonial por excelencia. Aquí vivía el sacerdote supremo de la religión zapoteca", señala el antropólogo Julio César Flores.

 


El nombre de esta ciudad, que cobró auge a la caída de Monte Albán entre los años 1200 y 1521, hace referencia a Mictlantecuhtli, señor del Inframundo. Queda aproximadamente a 52 kilómetros de distancia de Atzompa, y es un referente mundial de la cultura que floreció en esta región.

 


"Todos los señores zapotecos eran enterrados en Mitla. La gente todavía viene el Día de los Muertos a hacer ceremonias, porque aquí es donde está el fundamento de la religión zapoteca", añade Flores.

 


Además de servir como palacios, los edificios revelan la forma en la que esta cultura veía la vida, la muerte y al hombre mismo, en la búsqueda de encontrar orden en el caos.

 


Las grecas que adornan el edificio principal, iluminado por el sol de distintas maneras según la época del año, son muestra de ello. Mientras el agua y los elementos son representados por el caracol del eterno retorno, el Hombre encuentra su símil en la serpiente doble, el caos del cielo y la tierra. Porque, como dijera el poeta Joan Salvat-Papasseit, para nacer hay que morir.

 

 

 

Escrito por José Arrieta / Agencia Reforma

Reportero de Reforma


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