REVISTA R

La Ciudad de México ya está rebasada y colapsada, por lo que es momento de repensar los proyectos futuros como el Nuevo Aeropuerto o el tren Interurbano que conectará Toluca con la Ciudad, los cuales aumentarán la densidad poblacional y los problemas en las siguientes décadas, asegura el maestro arquitecto y urbanista Roberto Eibenschutz Hartman.

 

“La Ciudad de México está en una zona vulnerable y ahí va a estar por el resto de la historia. Entonces, no la compliquemos más; no la hagamos más difícil de lo que ya es. Hay tres elementos que se conjuntan que no los vamos a quitar: el agua, el subsuelo y los sismos. Y esas tres cosas son muy peligrosas”, alerta.

 

Coordinador del programa de investigación metropolitana en la UAM, el maestro Eibenschutz recomienda fomentar el desarrollo de otras zonas del país. “Hay que bajarle presión a la Ciudad, buscar un desarrollo del país más equilibrado. Esto ya lo habíamos logrado. La Ciudad, hace 40 años, tenía un índice de preeminencia –esto quiere decir el peso de la primera Ciudad con relación a la segunda– del orden de 10 o de 11, la Ciudad de México con relación a Guadalajara. Eso ya bajó, ahora es de 1 a 5, pero nuevamente estamos insistiendo en hacerla grande; grandes edificios, grandes equipamientos. Todo el equilibrio que logramos estamos tendiendo a perderlo”, explica.

 

“Por ejemplo, seguimos construyendo en un lago, como el Nuevo Aeropuerto. Claro que se puede, es un reto tecnológico; la pregunta sería si es la mejor opción”.

 

Recuerda que tras el sismo de 1985, el gobierno federal instrumentó una política de descentralización de dependencias federales. Una de ellas fue el INEGI, que en febrero de 1986 reubicó sus oficinas centrales en Aguascalientes, donde se asentarían 3 mil empleados. Esa decisión obligaría a la edificación de igual número de viviendas en los años 1986 y 1987, un proyecto instrumentado para bajar la saturación de la Ciudad.

 

“Después del sismo de 1985 hubo un intento tibio de hacer eso de la descentralización. El INEGI a Aguascalientes; algunas cosas de fomento minero se fueron a Hidalgo; los institutos médicos se fueron a Cuernavaca, pero fue un intento débil. Lo que sí fue fuerte fueron estos intentos de desarrollo regional: los desarrollos turísticos de Cancún, Los Cabos y los puertos de Tampico, Veracruz, Manzanillo, tuvieron inversiones importantes, de alguna manera jalan inversión económica y esto hace que se vaya equilibrando. Son esfuerzos que hay que mantener y las decisiones federales son muy importantes”, asegura.

 

 Eibenschutz explica que una inversión como la del Aeropuerto, con 200 mil millones de pesos, con necesidades de transporte y vivienda, detonarán asentamientos periféricos que incrementarán la densidad poblacional del Valle de México. La premisa, indica, es que la vida en la Ciudad y Zona Metropolitana del Valle de México debe tender a simplificarse, pero en los últimos 25 años ha ocurrido lo contrario.

 

Ejemplifica con el desarrollo de zonas como Coapa y el repoblamiento de la Condesa o la Del Valle, tres áreas de la Ciudad afectadas actualmente por el sismo, todas en su momento tuvieron su boom inmobiliario producto de la centralización de inversiones en la Ciudad.

“La Condesa y La Roma, su florecimiento –esta gentrificación que han tenido– se debe principalmente a lo que ofrece una ciudad: localización. Es esta accesibilidad lo que les da su valor, por eso son atractivas y a eso se le suma el atractivo de sus calles”, detalla.

 

Sin embargo, estos beneficios han provocado saturación de viviendas sin que se vigile la edificación o la reconstrucción de edificios. La expresión palpable de la problemática, añade, es la abundancia de zonas comerciales por la Ciudad, el tráfico cotidiano y la falta de transporte. “El tráfico de la Ciudad, la saturación del Metro indican que debe cambiar la dinámica.

 

Me preguntan: ‘¿Qué va a pasar con la Ciudad?’ Y yo les contesto: ‘Ya pasó y no nos damos cuenta’. Nuestra capacidad de adaptación es muy grande; los recorridos de 20 minutos ahora se hacen en dos horas y nos parece normal”, indica. Roberto Eibenschutz ha vivido los tres grandes sismos en la Ciudad de México: el de 1957, de magnitud de 7.7; el de 1985, de magnitud 8.1 con epicentro en Michoacán, y el de hace 12 días con epicentro en Morelos.

 

Sin embargo, recuerda que desde hace años los sismólogos han alertado sobre la posibilidad de un gran sismo cuyo origen estaría en la placa de Cocos, en las costas de Guerrero. Consciente de que aquí nunca dejará de temblar, el urbanista insiste en que lo mejor sería bajarle presión a la Ciudad y retomar la idea de descentralizar el país.

 

SIGUE CRECIENDO

La población en la Ciudad de México se redujo después del sismo de 1985, y en los 90 retomó su expansión, aunque a un ritmo más moderado.

Escrito por Octavio Ortega / Agencia Reforma

Reportero de Reforma


Twitter

Facebook