REVISTA R

Cuando el escritor Kazuo Ishiguro, británico nacido en Japón, jugaba pimpón en un equipo inglés, infundía temor entre sus contrincantes por su aspecto oriental.

 

“Solía coger la raqueta como los europeos, pero me di cuenta de que me temían aún más si la agarraba a la japonesa. Así pues, me decidí a hacer el cambio, pero fue un error, ya que quizá los impresionaba más, pero se me escapaban muchos puntos. Con la literatura pasa algo parecido: no puedo ir de japonés cuando me siento un autor británico”, relató a El País.

El recién galardonado Premio Nobel de Literatura ha rehusado los estereotipos, al grado de eliminar en Los restos del día (1989) –su tercera novela– las referencias japonesas que asomaron en Pálida luz de las colinas (1982) y Un artista del mundo flotante (1986), su obras anteriores.

“Lo hice porque encontraba que me estaban estereotipando. Me veían como un corresponsal japonés que vivía en Londres, pero la verdad es que vivo en Inglaterra desde los cinco años y no soy un experto en la cultura japonesa. Me di cuenta de que si continuaba situando mis libros en Japón, la gente me leería por razones equivocadas, porque no soy un escritor japonés”, dijo.

Salió de Nagasaki, donde nació en 1954, rumbo a Surrey, Inglaterra, a los cinco años; su padre, oceanógrafo, colaboraría durante dos años en un proyecto de investigación y preveía regresar, recordaba el escritor en The Guardian. Sin embargo, Ishiguro volvió 40 años después, pues evitaba el retorno.

Más bien confrontar al Japón auténtico con la idea que se forjó de él a partir de sus recuerdos infantiles, de los relatos de sus padres y de sus lecturas.

Era un mundo propio, entrañable, relató en Tokio, durante un encuentro con jóvenes escritores. Ishiguro, también guionista, formado en letras inglesas y filosofía en la Universidad de Kent, hubiera podido ser cantautor, como se perfilaba en 1973, cuando recorrió Estados Unidos con una guitarra al hombro, como sus héroes Bob Dylan, Leonard Cohen y Joni Mitchell, pero su necesidad de preservar aquel Japón íntimo fue tan poderosa, que lo convirtió en escritor, pronto incluido entre los mejores de la lengua inglesa, junto con Martin Amis, Ian McEwan, Salman Rushdie y Julian Barnes, entre otros.

Ha escrito letras para la cantante de jazz estadounidense Stacey Kent y todavía toca jazz y guitarra acústica, pero el reconocimiento ha provenido de sus obras literarias y las versiones cinematográficas a parir de ésta. Los restos del día, llevada al cine por el director estadounidense James Ivory con el título Lo que queda del día  protagonizada por Emma Thompson y Anthony Hopkins–, ganó en 1989 el Booker Prize.

Cada año que pasaba, ese mundo propio, ese Japón íntimo, como lo definió en la charla en Tokio, se desvanecía.

“Fue mi primera motivación para convertirme en novelista, porque en aquella época estaba más interesado en la música, en el rock, que en las novelas, pero repentinamente, cuando tenía 23 o 24 años, comencé a escribir ficción ubicada en mi propio Japón; no estaba interesado en conocer el Japón real: lo que quería era mantener este propio Japón en el papel. Era una manera de preservarlo”.

Autor de siete novelas de una escrupulosa narrativa –destina varios años a cada una–, Ishiguro considera la ficción como una manera de modelar mundos emocionales privados y resguardarlos para que otros puedan visitarlos.

“¿Por qué deberíamos estar interesados en leer una historia que no es verdad? ¿Por qué no leer un ensayo, un libro de historia o científico, libros verdaderos de los que se puede aprender?”, preguntó en aquel encuentro con noveles narradores.

Por la necesidad de habitar universos alternativos: mundos particulares en los que resuenan situaciones universales, respondió el autor, cuyas novelas abrevan de diversos géneros, situaciones, tiempos y temas para aventurarse, cada vez, en nuevos terrenos que suelen sorprender a los lectores, porque no son lo que aparentan, sino metáforas.

Sara Danius, secretaria permanente de la Academia Sueca, describió a Ishiguro como “un escritor de gran integridad”. “Él no mira a los lados”, dijo. “Ha desarrollado un universo estético propio”.

“Una novela de Ishiguro jamás es lo que pretende ser, sino un tramposo ejercicio de enmascaramiento del género que confunde y que desbarata el horizonte de expectativas del lector”, escribió por su parte el crítico Javier Aparicio Maydeu a propósito de la novela Nunca me abandones (también con versión cinematográfica), donde recurre a la biotecnología para crear una historia de niños clones, en un relato que no puede reducirse a la ciencia ficción.

“Todos sabemos que vamos a morir, pero realmente no lo creemos. Intentamos escapar psicológicamente, pero no podemos rebelarnos contra la mortalidad. Estos niños se enfrentan a su destino, aceptan el papel que les corresponde en la vida e intentan hacerlo bien. La mayoría de la gente tampoco cuestiona su función ni trata de comprender el gran esquema de las cosas. Buscan dignidad y orgullo cumpliendo bien su labor”, explicó en una entrevista con El País.

El tema ya pulsaba en Lo que queda del día, protagonizada por un mayordomo inglés. “Quería utilizar el mayordomo como una doble metáfora: por un lado, para explicar el tema del control emocional, que es lo que caracteriza al mayordomo inglés, y a través del mayordomo quería explorar la parte de las emociones humanas autocontroladas y como muchas personas utilizan su profesión para escudarse.

Por otro lado, quería explorar el tema de la gente normal que se encuentra detrás de los poderes políticos”, refirió al diario español. Segundo escritor en lengua inglesa consecutivo que recibe el Nobel, después de Bob Dylan en 2016, Ishiguro, tiene un credo que lo resguarda de modas y estereotipos literarios. “Escribo los libros que tengo que escribir”.

La obra de Kazuo Ishiguro

En español, la editorial Anagrama ha publicado toda la obra del nuevo Nobel de Literatura, que comprende siete novelas y un libro de relatos, entre los que destacan:

El gigante enterrado

En su más reciente novela, el autor mezcla fábula y épica, para conseguir una narración que indaga en la memoria y el olvido. ANAGRAMA.

Los restos del día

Galardonada con el Booker Prize, esta obra fue calificada como deslumbrante por la crítica; “una historia hermosa y cruel al mismo tiempo”, en palabras de Salman Rushdie. ANAGRAMA.

Nocturnos

Éste es el primer libro de relatos del autor, reúne cinco historias que pueden leerse como estudios y variaciones sobre unos cuantos temas o como todo un concierto. ANAGRAMA.

Escrito por Yanireth Israde / Agencia Reforma

Reportera de Reforma


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