CULTURA

El sismo del pasado 19 de septiembre produjo daños en la Catedral Metropolitana desconocidos hasta ahora por la mayoría de las personas que atestiguaron.

 

CIUDAD DE MÉXICO.-El sismo del pasado 19 de septiembre produjo daños en la Catedral Metropolitana desconocidos hasta ahora por la mayoría de las personas que atestiguaron -en directo o en video- el desplome de la escultura La Esperanza y de la cruz de la torre oriente del campanario.

 

La cruz, que medía más de dos metros, cercenó, en su caída desde 70 metros de altura, una representación de Santa Catarina y abrió un boquete en la bóveda del Sagrario, por ejemplo.

 

El temblor de magnitud 7.1 fracturó, además, las torres del campanario y debilitó el resplandor que enmarca la asunción de la Virgen María en el Sagrario, entre otros daños que señala el Director de Sitios y Monumentos de la Secretaría de Cultura (SC), Raúl Delgado.

 

El arquitecto muestra, durante un recorrido, las obras de rehabilitación en el recinto, cuyas campanas suspendieron temporalmente su repique.

 

En cambio, suenan las percusiones y el motor de las herramientas que refuerzan, sueldan y sellan el monumento. Sólo el 5 de febrero, durante la ceremonia de recepción del nuevo Arzobispo, Carlos Aguiar Retes, la SC permitió que tocaran, durante cinco minutos, siete de las 35 campanas repartidas en el edificio histórico.

 

Delgado detalla los trabajos en curso, en respuesta al reclamo del presidente de la Comisión de Arte Sacro, José de Jesús Aguilar Valdés, quien lamentó la falta de atención de las autoridades federales hacia el templo y pidió reanudar el plan maestro para la Catedral Metropolitana, que operó al despuntar el milenio (REFORMA 29/01/2018). “Nunca se interrumpió el plan maestro.

 

Se presentó un sismo y tenemos que ajustar, por fuerza, el plan”, afirma el funcionario, al tiempo que asciende por el sistema de escalinatas, andadores e intrincados pasadizos que los constructores dispusieron hace siglos para alcanzar los puntos más elevados y recónditos del inmueble. Allí, trabajadores sujetos de arneses se columpian para abarcar las áreas que les corresponden.

 

Acompañan a Delgado los arquitectos Enrique Varela Argote, Diego Ramos Madrigal y Guillermo Flores, residentes de la SC en Catedral, y su colega Ángeles Valencia, de CAV Diseño e Ingeniería, empresa encargada de las obras.

 

“El plan maestro”, añade el funcionario, “identifica las debilidades que podría tener la Catedral, las necesidades de intervención, y jerarquiza las prioridades.

 

Pero cuando cambian las circunstancias, hay que ajustarlo”. Informa que la SC dispone de 20 millones de pesos para invertirlos en el plan maestro del recinto religioso y espera que las autoridades eclesiásticas aporten su parte para el mantenimiento y conservación, en apego a la Ley General de Bienes Nacionales.

 

A nt e s d e l t e r r e m o t o, explica, el plan consideraba restaurar la cúpula, cuya linternilla -estructura en forma de torre que la remata y provee luz- presenta desfasamientos.

 

Incluía también intervenir las frágiles balaustradas. Ahora, las labores se concentran, por un lado, en resolver los problemas derivados del sismo y, por el otro, en restaurar deterioros previos, como los referidos en la cúpula, obra de Manuel Tolsá.

 

A las primeras tareas corresponde la colocación de abrazaderas o cinturones de hierro que circundan las columnas de los campanarios, para reforzarlos; la restauración en la bóveda del sagrario que la cruz traspasó al caer, así como el apuntalamiento y aseguramiento del resplandor de la Asunción de María, fabricado con tablillas de madera dorada que separó el movimiento sísmico.

 

Para afianzarlo, colocaron en la parte posterior estructuras metálicas que lo sujetan y cohesionan, de modo que durante un temblor se moverá de manera uniforme, no diferenciada como antes, explican Varela y Valencia. En una próxima fase restaurarán esta obra, instalada sobre el Altar Mayor del Sagrario.

 

En el segundo frente de intervenciones para revertir daños anteriores al terremoto, el equipo del arquitecto refiere la limpieza de fachadas, con el retiro flora parásita, y de las puertas de cedro, el apuntalamiento de balaustradas en la cúpula y el mantenimiento de pisos, entre otros trabajos en marcha. Todos los tratamientos, enfatizan, tienen el aval del INAH.

Escrito por Yanireth Israde / Agencia Reforma

Reportera de Reforma


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