BUENA MESA

Si se busca en libros de panadería, repostería o de cocina en general de Francia, el pan francés no es un nombre a encontrar.

 

Una de las historias que se cuentan sobre el origen de este término dicta que se debe a un estadounidense, Joseph French, que en el siglo 18 llamó a este clásico desayuno como su apellido: French toast, que en español se traduce como “tostada francesa”; sin embargo, es difícil encontrar documentos que lo sustenten de forma contundente.

 

De cualquier manera, los franceses sí que comen este plato, le llaman pain perdu, que en español significa pan perdido.

 

Y la teoría del nombre en ese idioma viene de aprovechar el pan de un día anterior, algo que se creía perdido por volverse duro, y al que se le da una nueva vida al rehabilitarlo cortándolo en rodajas y pasándolo por leche y huevo para luego llevarlo a cocción.

 

 

Pero no es el único país que hace esto, si la teoría del estadounidense es correcta, lo más probable es que en México se tradujo como pan francés, ya que aquí no es común llamarle a un pan tostado tosta o tostada.

 

Y del hecho de dorar el pan sobre la sartén se desprende que en la provincia de Quebec, Canadá, donde además de inglés se habla francés, le llamen pain doré, que quiere decir “pan dorado”; ahí lo más común es que se vierta jarabe de maple ya en el plato; dulce versión que se repite en México.

Escrito por Staff / Agencia Reforma

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