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Esta fotógrafa, que hoy protagoniza el cierre de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara al recibir el Homenaje Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez, abrió sus alas muy joven, nutriéndose a través de la vista, de instantes y sorpresas.

 

CIUDAD DE MÉXICO 02-Dec-2017 .-De alguna forma, Graciela Iturbide es un pájaro. 

 


El poema Condiciones del pájaro solitario, de San Juan de la Cruz, se lo recuerda incesantemente: "Son cinco: / la primera, que se va lo más alto; / la segunda, que no sufre compañía, aunque sea de su naturaleza; / la tercera, que pone el pico al aire; / la cuarta, que no tiene determinado color; / la quinta, que canta suavemente".

 

 

Esta fotógrafa, que hoy protagoniza el cierre de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara al recibir el Homenaje Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez, abrió sus alas muy joven, nutriéndose a través de la vista, de instantes y sorpresas.

 

 

"El instante me atrapa y, a la vez, yo aprieto el gatillo de la cámara para atrapar lo que me atrapó", define quien en su vuelo ha ganado distinciones como el Premio Hasselblad 2008, considerado el Nobel de la Fotografía, y el Nacional de Ciencias y Artes en 2009.

 


 
No paran los reconocimientos para Graciela Iturbide, y ahora termina el año con el homenaje en la FIL. ¿Qué afianza la carrera hecha de instantes?
 
Qué bonita pregunta. ¿Qué afianza?, yo creo que el placer de trabajar. Siempre una trabaja por puro placer. No trabajas para premios ni para tener. A veces pides becas, porque las becas te ayudan a trabajar y a seguir proyectos, pero una trabaja en la fotografía porque le gusta, porque te encuentras con muchas cosas de la cultura en diferentes partes del mundo, en tu propio país. A mí me sorprende mucho. Yo digo que la fotografía es un pretexto para conocer el mundo y la cultura. Es lo que me gusta, me encanta. Ojalá pueda seguir trabajando porque para mí es muy importante.

 


 
¿En que instante exacto de tu vida te diste cuenta que esto era lo tuyo?

Yo quería ser escritora de niña. Evidentemente, mi familia que era muy conservadora me dijo que no, que cómo iba a ir a la universidad. Me caso muy joven. Empiezo a estudiar cine. Tengo la suerte de conocer a Manuel Álvarez Bravo en la escuela de cine, me vuelvo su achichincle, su ayudante y ahí me doy cuenta de que era más fácil ser fotógrafo. En esa época, tenías que llevar unas cámaras que cargabas, que eran muy pesadas, equipo, rollos, ayudantes... para poder hacer cine. La verdad, cuando me di cuenta de que con una camarita podía recorrer el mundo, y con Álvarez Bravo, una persona tan maravillosa, tan fina, tan culta, tan poética, dije: "quiero ser fotógrafa", y dejé el cine.

 

 

Leí algo que lo conociste y al día siguiente ya estabas trabajando con él...
 
Sí. Estaba trabajando con él de achichincle, pero la verdad es que yo nada más lo veía trabajar. Veía cómo movía la charola y de repente yo también la movía. Mi enseñanza realmente fue sobre la vida, no sobre la fotografía. Claro, lo veía trabajar; veía las impresiones, aprendí mucho de fotografía. Nunca me dijo "tus fotos son buenas" o "tus fotos son malas". Jamás me dijo nada, pero me enseñó tanto de pintura, de literatura... No era una gente mafiosa, no era una gente que le interesara el poder. Me encantó haberlo conocido y yo creo que ha sido la mayor suerte que he tenido en mi vida.

 


 
Trabajaste año y medio con él nada más, ¿pero lo seguiste frecuentando?
 
Sí. Yo vivo en este barrio (Coyoacán) porque cuando me separé él vivía aquí a dos cuadras. Dejé de ser su asistente porque no quería tener muy fuertes influencias de él, porque yo tenía que seguir mi camino y tener mi propio lenguaje. Pero seguí viéndolo, yo vivía en otra parte de Coyoacán, pero venía a verlo a su casa. Seguía yendo a fiestas y a pueblos con él. A él le encantaba fotografiar este barrio. Y yo, en esa época, lo fotografiaba con él. Pero ahora no, ahora que vivo aquí, me da pena fotografiar este barrio. Pero vivo aquí gracias a Manuel Álvarez Bravo. Y ya después iba a escuchar música, ópera... a él le gustaba todo tipo de música, jazz, cante hondo, de todo le gustaba. Fue una enseñanza realmente cotidiana, maravillosa, me imagino que así era en la Edad Media, que estabas con tu maestro en todo y aprendías de todo.

 


 
¿Cómo descubriste ese ojo?

Trabajando todos los días y viendo lo que hacía. Como en los contactos, ¿no? Esto sí sirve, esto no sirve. Poquito a poco hay una enseñanza para ti misma. En tu propio trabajo, en tu trabajo cotidiano. Y ya, te vas formando; pero te vas formando también leyendo, escuchando música como me decía Álvarez Bravo, y poco a poco vas teniendo tu lenguaje y tu ojo se va refinando supongo, y poco a poco vas siendo tú: Graciela Iturbide la que fotografía, porque la fotografía es muy subjetiva, ¿no?

 


 
¿Qué es un instante?

Un instante es lo que vale la pena en la vida. Es un instante que puede ser de amor, un instante donde ves algo que te sorprende y tu cámara lo logra atrapar. Un instante también es cuando ves tus contactos y eliges el adecuado.

 


 
¿Cómo definirías esa partícula del tiempo, que de pronto se perpetúa?
 
Muchas veces, incluso me equivoco, porque yo he hecho exposiciones donde está el instante en que tomé la foto, está el instante en que elegí el contacto según yo necesario, pero muchas veces, cuando ya sale la exposición, que es otro instante de instantes, te das cuenta de equivocaciones que tuviste. De "por qué puse esto", "esto no vale la pena", o al revés, muchas veces con el tiempo descubro en mis contactos fotos que dije: "por qué la dejé pasar". Ese instante te lleva a muchos instantes, y esos instantes te hacen feliz o infeliz, pero generalmente, si haces una buena elección, estás contenta de lo que tu ojo vio.

 


 
¿Qué debe tener ese instante cuando tú lo tomas?
 
Sorpresa. Para mí es la prioridad. Si yo no me sorprendo con algo, no tomo nada. Ya estás un poco formada, y esa sorpresa es cuando ves algo que ya está construido en la realidad y tú lo puedes atrapar y llevarlo a tu laboratorio. Pero es la sorpresa para mí.
Yo puedo estar caminando por la calle, tanto fuera de México como en México, y cuando veo algo que me sorprende, es algo que estéticamente tiene que ver con mi corazón y que tiene que ver también con mi intelecto. Es algo que a mí me está dando algo. Yo no fotografío por fotografiar, una cosita que no me sorprende. Tiene que darme algo que me satisfaga y que me dé más cultura, que me dé más emoción. Es cuando aprieto el botón de la cámara.

 


 
¿Se educa la sorpresa?
 
Se educa con otras disciplinas. Porque cuando tú has visto muchos libros de pintura, de fotografía o de literatura, todo se va sedando en ti. Esa sorpresa se da con los recuerdos que tienes, claro, todo sedado, pero se da con los recuerdos de tu formación, porque un fotógrafo se tiene que formar en otras disciplinas. Hay fotógrafos que sí pueden. Lo vemos con los niños de los pueblos, que de repente van y toman, con su sensibilidad, fotos maravillosas. Yo creo, que, hablando de la sorpresa, en mi caso es porque es el resultado de toda una disciplina de estarme formando en otras disciplinas.

 


 
Mencionabas a los niños, que de repente van con su cámara y toman algo, y les sale una foto maravillosa, pero se pueden quedar en eso. Aquí tú has hecho toda una trayectoria de estas sorpresas.
 
Bueno, sí, trato y sigo tratando de hacerlo. El día que no me sorprenda, creo que dejo de fotografiar. Me dedicaré a editar mis cosas o a buscar mis negativos. Pero, por suerte, todavía cuando salgo a la calle, en cualquier parte del mundo, todavía me sorprendo con muchas cosas, que trato de atraparlas.

 

 

¿Atrapas ese instante o el instante te atrapa a ti?
 
Ambos. El instante me atrapa y, a la vez, yo aprieto el gatillo de la cámara para atrapar lo que me atrapó.

 

 

¿Qué es una cámara para ti?
 
Atrás de la cámara está el ojo. Obviamente, también la inteligencia y el corazón, pero la cámara es una prolongación de tu ojo en especial, pero también de la inteligencia y del corazón.

 


 
¿Qué es revelar para ti?
 

Es muy interesante porque estás revelando lo que viste. Te estás revelando a ti misma, por qué te sorprendiste con eso. Te estás analizando también y estás analizando toda esa parte de la cultura de los lugares donde has estado, de las emociones del hombre, del paisaje. Todo eso.

 


Ahora, sigo con el paisaje, con objetos. Tengo muchas ganas de fotografiar las piedras, pero de una manera especial. Eso no quiere decir que deje de fotografiar gente. Si veo una escena que me interesa, por supuesto que la fotografío, pero quisiera descubrir paisajes raros. No el paisaje bonito, y así divino. Empecé a fotografiar el jardín botánico cuando estaba en terapia, es decir, con velos, con palos... Cada vez que viajo busco plantas en terapia. Hay trabajos que yo sigo haciendo y que van a la misma cajita, trato que sean en terapia, o que sean árboles raros que tengan algo especial, no el paisaje así, hermoso.

 


Para mí es un ritual poner los contactos sobre la mesa, muchas veces los recorto, muchas veces los pongo en tarjetitas. Claro, es el recuerdo de que yo ya tomé eso, y que va a seguir el ritual, de las plantas en terapia, de las plantas raras. Como que siempre está la sorpresa, pero en esa sorpresa también está la atención a lo que has hecho antes.

 


Hace poquito me puse a pensar, ¿qué es retratar? Es un trato, con la persona, con la naturaleza. Siempre llego a los lugares con mi cámara, pido permiso para estar ahí y fotografiar. Si veo que les va a molestar, no los tomo. Si es una comunidad, hasta me dicen dónde hay lugares a dónde ir. La complicidad para mí es muy importante.

 


 
¿Qué retrato ha sido el más entrañable?
 
Yo pienso que la complicidad que tuve con Cuevas y que ahora tengo con Francisco Toledo, cuando les tomo fotos, como hay esta complicidad creo que son los mejores retratos. También con Lupe Marín, porque se prestó mucho, había complicidad.

 


Con Toledo hay esta complicidad, sabe que lo voy a fotografiar y se presta. Yo traje un murciélago de Estados Unidos, de ese lugar en Soho, Evolution, donde venden animales y cosas raras. Traje ese murciélago, se lo puso él, yo ya no tuve nada qué hacer. Él escoge lugares bien. Hay una complicidad, él es un artista excelente. Tomo fotos, a veces yo sugiero. De repente tomó una pistolita de alambre en su oficina y entonces tengo esa foto de él con la pistolita.

 


Igual con Cuevas. Él se prestaba: íbamos al cementerio, le tomaba yo fotos. Es muy bonito trabajar con un artista porque hay esta complicidad, donde te ayudan a que la foto sea mejor. Le hice una entrevista que se llama Duelo con la muerte, va a ser la entrevista grande que va a estar en mi película, es un corto muy pequeñito que hice cuando estudiaba yo cine. Precisamente, porque él se prestaba a estar en la cama, poníamos los autorretratos.

 

 

¿Quién es Graciela Iturbide en este momento?

Una mujer que tiene muchas ganas de seguir fotografiando, que le encanta su trabajo y que quisiera que esa sorpresa no se fuera nunca, y que está dedicada totalmente a la fotografía, ya sea en mi casa, revelando e imprimiendo, seleccionando mi obra, exponiendo. Pero lo que más me gusta es salir y fotografiar, ésa es mi vida.

 

 

¿Cómo describirías al fotoperiodismo?
 
Todo es fotoperiodismo en la vida, todo. Todo es un testimonio de lo que uno hace. Todos los fotógrafos hacemos reportaje, quizás no fotoperiodismo porque no va a los periódicos. Todo es un reportaje, aún lo abstracto, es un reporte de lo que estás viendo. El fotoperiodismo es muy interesante, mira a (Robert) Capa, mira a su mujer (Gerda Taro), mira a Eugene Smith, es uno de mis ídolos, es de las pocas personas que con el fotoperiodismo cambió al mundo. ¿Te acuerdas de esa foto de Minamata, de esa mujer con su hijo? Es La Piedad. Es una foto que queda para toda la vida, es un ícono. A qué grado hicieron daño esas personas que se metieron allá y cómo Smith pudo hacer este reportaje maravilloso de Minamata, y el del Ku Klux Klan. Para mí es uno de los fotógrafos que han cambiado al mundo. La fotografía cambia, no siempre, pero algunas veces cambia.

 


 
¿Y el periodismo mexicano?

 
Es fantástico, realmente. Me parecen fantásticas las noticias que ahora salen. Antes era más reprimido, prohibido. En estos momentos te enteras de todo lo que está pasando en México, de cosas fuertísimas, de cosas bellas. Yo siento que el periodismo mexicano está muy bien, muy, muy bien.

 

 

¿Has dicho lo que has querido con tu fotografía?

Me falta mucho por decir, pero lo que he hecho hasta ahora me ha gustado porque me sorprendido, y lo he llevado a cabo. Se me han pasado algunas fotos por estar ahí tan maravillada, que no apreté el gatillo, pero tuve el placer de ver algunas cosas. Hasta la fecha sí, porque cuando salgo logro atrapar lo que me sorprende. Hasta ahora soy feliz.

 


 
¿Lo que quisimos decir, la gente lo entendió?
 
Ah no, lo que quisimos decir para mí es muy subjetivo. Yo soy muy egoísta porque yo fotografío para mí. Cuando hice Juchitán, una persona me dijo: "eso no es Juchitán". Claro que no es Juchitán, eso es mi Juchitán, es lo que yo vi. Yo tengo una interpretación del lugar. Y el público va a tener su interpretación y qué bueno. Yo no estoy haciendo foto para enseñarle a la gente y decirle: "Esto es así". No, no no. Yo estoy haciendo algo que me sorprende, que me gusta. Y el público que lo interprete como quiera. Si se sorprende o no se sorprende, si le gusta o no le gusta, es su problema.

 

 

¿No te gusta lo digital?
 

Ni lo conozco. Como que el ritual que yo tengo, de poner mis contactos, de recortarlo, ese ritual me encanta. El tiempo es necesario para mí.

 


 
¿Has pasado mucho tiempo sola haciendo foto?
 
Toda mi vida. Solamente el año pasado, mi asistente Oswaldo me acompañó a Colombia, porque era un viaje pesado. Luego en Oaxaca, con el padre Solalinde, con los Mara Salvatrucha. Hay cosas que no sé hacer. Pero toda mi vida he trabajado sola como fotógrafa. Me encanta estar sola, y reflexionar cuando estás en un lugar, y leer lo que pasa en ese lugar y aprender de ese lugar que estás fotografiando.

 


 
¿Por qué el interés por retratar aves?
 
Porque cuando yo me encontré al muerto en medio del Panteón de Dolores, ahora sí que en el medio del camino, como diría Dante, todas las primeras aves que fotografié son las que picotearon al señor. Para mí fue un aviso, como que sentí que la muerte me dijo: "Ya no fotografíes angelitos". Tú sabes, yo perdí una hijita cuando tenía 6 años y dejé de fotografiar. Y pasé casualmente a fotografiar aves, pero aves no de la muerte, otro tipo de aves. Hay este poema de San Juan de la Cruz, que me impresiona y me gusta mucho: Condiciones del pájaro solitario, que vuela muy alto, que no busca compañía aunque sea de su propia naturaleza. Es un poema con el que me identifico mucho, ese misticismo que tiene que ver con los pájaros. También me identifico con un libro que hizo (Farid al Din) Attar, que se llama El lenguaje de los pájaros. Cuando leo eso, me quedo con esa parte, me gusta mucho.

 

 

¿Hay algo que te mueva para hacer otro tipo de fotografía?
 
Yo creo que el fotógrafo va cambiando. Antes no hacía paisajes, ahora sí. No hacía objetos, ahora hago objetos. Hoy, las piedras, mañana quizás el aire. Como que uno va cambiando, intuitivamente, de una manera casual.

 


 

Escrito por Héctor García / Agencia Reforma

Reportero de Agencia Reforma


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