ENTRE MUROS

Después de su abandono, a mediados de los 80, la planta baja del edificio fue utilizada como gimnasio, lo que la dejó sin la decoración original en algunas partes.

 

CIUDAD DE MÉXICO 4-Jun .- El barrio de Poblenou, en Barcelona, es descrito por los miembros de Flores & Prats Architects como "proletario por excelencia", además de una cuna de cooperación social y cultural.

 


Son estas características las que se aprecian en la nueva Sala Beckett, un espacio dedicado al teatro de corte experimental creado en el cuerpo de lo que fue una cooperativa obrera de consumo.

 


El edificio, construido en 1924, perteneció a la cooperativa Paz y Justicia y llegó a albergar una tienda de comestibles y panadería en su planta baja, además de un bar, un teatro, una sala de baile, otra de juntas, una cocina e incluso una escuela en la alta.

 


Después de su abandono, a mediados de los 80, la planta baja del edificio fue utilizada como gimnasio, lo que la dejó sin la decoración original en algunas partes. Si bien este elemento no se tocó en la parte alta, la entrada de agua por los techos hundidos dañó paredes, molduras, rosetones y yesos.

 


"A pesar del abandono, encontramos un edificio cuyas paredes y techos estaban aún cargadas de historias y emociones que el proyecto podía incorporar, recuperar", señaló el arquitecto Ricardo Flores.

 


"El estado de ruina en que encontramos el edificio nos interesó no para devolverlo a su estado inicial y tampoco para dejar la ruina en un estado congelado. Lo que quisimos fue llevar esa ruina hacia adelante y hacerla participar, con su carácter inacabado y superposición de épocas, en una nueva realidad".

 

 

REPOSICIÓN Y ARREGLO


La distribución espacial original del edificio se debe al pasado industrial de la zona de la ciudad, lo que hacía de sus dimensiones y estructura algo cercano a una nave o fábrica.

 


Si bien los arquitectos no buscaron subdividir estos ambientes, para no robar al edificio su riqueza espacial, decidieron crear transiciones más orgánicas entre sus diferentes áreas mediante la creación de muros curvos.

 


"Las paredes curvadas se han hecho para favorecer la circulación fluida del público y los estudiantes a través de los espacios del nuevo centro de dramaturgia", expuso la arquitecta Eva Prats.

 


Sin embargo, es en el aspecto decorativo y el de los detalles donde se hace más evidente la coexistencia de pasado y presente, para lo que fueron necesarias algunas reubicaciones.

 


Un ejemplo es el pavimento de mosaicos hidráulicos que los artífices encontraron en la primera planta, todos de color y dibujo diferentes, que fueron llevados a la planta baja y colocados en el bar y el vestíbulo de acceso.

 


Algo similar pasó con las puertas y ventanas que, por el nuevo uso de los espacios, ya no serían necesarias en la planta alta.

 


"Todas fueron retiradas para la rehabilitación, numeradas y dibujadas en el inventario y almacenadas para, meses después, volver a posiciones diferentes", explicó la artífice.

 


"Algunas puertas necesitaban más dimensión en las nuevas salas, así que se deformaban añadiendo nuevas partes, opacas o vidriadas, dependiendo de la situación. Otras ventanas nos interesaban como puertas, así que las estirábamos hacia abajo hasta tocar el suelo, pero copiando el detalle constructivo que la antigua tenía".

 


El reto de los arquitectos, explicado por ellos como "adaptar el edificio al nuevo uso sin que se vayan de ahí los fantasmas", los ayudó a definir el manejo del color, el cual se fragmentó para las distintas paredes y techos.

 


Esto debido a que en la ruina no se usaba el color en grandes unidades de pared, lo que Flores y Prats buscaron replicar.

 

Escrito por Andrea Martínez de la Vega / Agencia Reforma

Reportera de Reforma


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