ENTRE MUROS

CIUDAD DE MÉXICO  6-Ago .- La esencia de una casona cuya construcción data de los primeros años del siglo 20 guió el trabajo de restauración e intervención llevado a cabo por Taller de Arquitectura para crear lo que hoy es la Rectoría de la Escuela Bancaria y Comercial (EBC).

 


Ubicada en la Colonia Juárez, la edificación se encontraba, según los socios del despacho Gabriela Carrillo y Mauricio Rocha, en buenas condiciones a pesar de haber sido sometida en su siglo de vida a múltiples modificaciones.

 


Un análisis previo a la intervención arquitectónica, en el que colaboraron restauradores y estructuristas, arrojó que una porción de la construcción es del siglo 19 y que la mayoría de los elementos estructurales estaba en perfectas condiciones.

 


Además de satisfacer las necesidades de la EBC con oficinas, salas de usos múltiples, recepción, un espacio de exposición y comedores institucionales, los arquitectos consiguieron armonizar un carácter porfiriano con gestos manifiestamente contemporáneos.

 


"Hay una estructura, justamente la de la caballeriza del siglo 19, donde la piel del siglo 21, que es nuestra estructura de acero y cristal, desaparece, deja de estar, y aparece el muro antiguo, a pesar del esqueleto actual", expuso la arquitecta Carrillo.

 


Este tipo de contrastes son la regla en este proyecto, en el que se conservaron los pisos de parquet y el trabajo en piedra tallada y, simultáneamente, se construyeron estructuras de acero y cristal suavizadas con madera.

 


"Con nuestro calculista, hemos logrado entender la capacidad y el potencial de la densidad de los muros preexistentes para en ellos posar el edificio contemporáneo", apuntó Rocha. "El reto está en qué tan ligero tiene que ser ese edificio para poder resolverse de esta manera".

 


A esto se añade la creación de una zanja perimetral a lo largo de toda la casa en donde se sembraron las instalaciones que requería el programa.

 

 

INTEGRACIÓN DEL EXTERIOR


Las extensiones a la casona, ya sean las estructuras de acero y vidrio o el volumen de concreto expuesto que sirve como distribución vertical, se sumaron a otra interpretación contemporánea del espacio: el aprovechamiento del techo.

 


"En esa época, nunca a nadie le interesó darle un uso a la azotea, y aquí teníamos una maravillosa, abandonada, con el potencial de crecimiento hasta cuatro niveles", expuso Carrillo. "Al final, nada más sembramos un edificio sobre la casa que nos permitió usar su misma cimentación y rescatar una vista increíble".

 


La reactivación de espacios residuales no se limitó a esta zona, pues también se aprovecharon el patio y jardines laterales, a los que se les dieron nuevos usos.

 


"Un punto esencial fue la activación de manera contundente del patio central, que se convierte en circulaciones, paso entre los diferentes elementos, y ahí puede haber un toque de lo contemporáneo con la parte histórica", dijo Rocha.

 


Esta zona tiene una serie de desniveles rescatados de la construcción original. La especie que le dio su nombre, "patio de drácenas", fue elegida con el fin de mantener la escala del entrepiso demolido en la intervención.

 


Si bien se aprovecharon todos los espacios para nuevas funciones, como el área de fumadores, se buscó mantener el espíritu de los jardines. Esto se refleja, por ejemplo, en el rescate de unos lavaderos convertidos en fuentes.

 

 

Importancia histórica


Además de reconocer la naturaleza interdisciplinaria del trabajo realizado, en el que participaron restauradores, estructuristas, calculistas, paisajistas y diseñadores industriales, entre otros expertos, Rocha se refirió al valor de rescatar edificaciones antiguas.

 


"El interés era poder reforzar, enfatizar y, muchas veces, incluso construir o reconstruir elementos que ya estaban perdidos y que le pudieran dar al lugar lo que siempre fue", expuso.

 


"Lo que tenemos que hacer los arquitectos es repensar la Ciudad de una manera distinta a otras épocas, en donde se pensaba que tirando las cosas y haciendo nuevas era la mejor solución".

 


 

 

 

Escrito por Andrea Martínez de la Vega / Agencia Reforma

Reportera de Reforma


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