REVISTA R

Potencia cultural desde hace siglos, México no había tenido un mercado del arte como el que se ha abierto paso en los últimos tres lustros. ¿Cómo opera una industria valuada en millones de dólares?

 

El año pasado, según el Reporte del Mercado del Arte de UBS y Art Basel 2017, la Ciudad de México logró colarse al top 10 de las
ciudades con más ferias de arte en el mundo.

 

Y, en las últimas ediciones anuales del conteo de ArtNews, que enlista al top 200 de los coleccionistas más importantes del mundo, se han incluido a varios mexicanos, entre ellos Eugenio López Alonso, María Asunción Aramburuzabala, Isabel y Agustín Coppel, y Gabriela y Ramiro Garza.

 

Éstos son apenas dos indicadores de un mercado en crecimiento y consolidación. Aunque con sus bemoles, el mercado del arte de la Ciudad de México vive una efervescencia.

 

“Es un mercado imperfecto. Nunca sabemos cuánto se vende ni cómo se vende”, observa Ercilia Gómez Maqueo, consultora de inversión en el ramo. Pero el río suena, y hasta han llamado a la capital mexicana “el nuevo Berlín”.

 

DETONANTE

La primera semana de febrero es ya identificada como la semana del arte en la CDMX. Zona Maco, la feria de arte contemporáneo nacida en 2004 y que llega este año a su edición número 15, es reconocida como un detonante, provocando en su trayectoria el surgimiento de dos iniciativas satélite, Material Art Fair y Salón ACME, a las cuales se suma este 2018 una cuarta, Arte10.

 

Nutren el panorama decenas de inauguraciones de muestras paralelas en galerías y museos, además de proyectos especiales en espacios alternativos. La CDMX deviene durante esos días en foco de atención, en “el nuevo Berlín” que han sugerido publicaciones extranjeras ante la efervescencia de la escena contemporánea.

“Desde que Zona Maco creció, ha sido un impulso al coleccionismo, al mercado, a la distribución”, considera Gómez Maqueo, quien también dirige Fomento Cultural Cuervo.

 

“Nuestro enfoque siempre está en crecer con calidad, y una de las claves para lograrlo ha sido escuchar a nuestros expositores, visitantes y colaboradores. El día de hoy nuestro plan es fortalecer y seguirnos consolidando”, responde Zélika García, fundadora y directora de Zona Maco, que el 7 de febrero cumple tres lustros en medio de un panorama completamente distinto al paisaje árido de 2004.

 

Aunque hubo otras iniciativas satélite que se quedarían en el camino, como EstaciónARTE y Affordable Art Fair, hoy el terreno es fértil para otras iniciativas.

 

Brett Schultz, cofundador de Material, feria que este año llega a su edición 5, no duda en señalar que la combinación de ferias congregadas alrededor de Zona Maco, incluida la que encabeza, hicieron propicio el surgimiento de una nueva cultura del coleccionismo en México, al tiempo que atraía a compradores de Estados Unidos, Sudamérica y Europa.

 

ANTECEDENTES

Gómez Maqueo lleva más de 20 años inserta en el ámbito del arte, dentro de instituciones privadas o de forma independiente. Estar dentro le ha permitido analizar el mercado nacional con información de primera mano. México siempre ha sido una potencia cultural, aclara, pero la valoración de esa cultura como mercado, sobre todo en el terreno de las artes visuales, tardó en llegar.

 

“El mercado no era tomado en cuenta. Se veía de mal gusto hablar de dinero y arte, como si el dinero ensuciara al arte. Y aún hay gente que piensa así”, recuerda.

 

El artista británico Brian Nissen, quien llegó en 1963 a vivir a México, recuerda, incluso, que en los 70 las pocas galerías mexicanas que existían exhibían las obras que les gustaban, no lo que exigía el entonces inexistente mercado.

 

Para la década de los 80, las subastadoras Christie’s y Sotheby’s, en sus sedes de Nueva York, ya tenían departamentos enfocados en arte latinoamericano. Pero la venta, con respecto a las corrientes mexicanas, era predominantemente de la Escuela Mexicana de Pintura: Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, Rufino Tamayo...

 

Y, aun así, su valoración en el mercado mundial no era comparable. Cuando Christie’s inició las subastas de arte de la región, en 1981, vendió un autorretrato de Frida Kahlo en 35 mil dólares, que actualmente valdría millones.

 

“Llegamos muy tarde al mercado por esas ideas. En los 90, apenas se empieza a hablar del tema, lo cual hace que México traiga un retraso de 40 o 50 años. En los 90, la única casa de subastas que había en México, Morton, vendía objetos (antigüedades), no arte”, opina Gómez Maqueo.

 

Y apenas existía una decena de galerías profesionales. Sorpresivamente, la primera feria de arte contemporáneo en México nació en Guadalajara, en 1992: Expo-Arte, fundada por Gabriela López Rocha. Duró siete ediciones hasta que cerró por complicaciones de financiamiento, registrando cinco mil visitantes en su mejor año.

 

“Fracasa porque no había mercado. Y, en Guadalajara, menos”, sentencia Gómez Maqueo. En la Ciudad de México, mientras tanto, convivían iniciativas de grupos de artistas como Temístocles 44, La Quiñonera o La Panadería, que funcionaban más como escaparate que bajo un esquema de galería.

 

Entre los involucrados estaban Abraham Cruzvillegas, Yoshua Okón, Miguel Calderón y Damián Ortega. Pero, a inicios del nuevo milenio, hay una explosión de arte a nivel mundial. De acuerdo con Bloomberg, el mercado internacional del sector incrementó más de tres veces su valor desde 2003.

 

CONSOLIDACIÓN

Zona Maco ha pasado por varios cambios, incluso de nombre. Hasta 2008 se llamó Maco, rebautizada con su nombre actual al año siguiente.

 

En 2002, Zélika García abrió, primero en Monterrey, Muestra 001: Feria de Arte Contemporáneo, aún con el recuerdo del antecedente tapatío, Expo-Arte.

 

Al año siguiente, dicho encuentro se mudó al DF, pero fue hasta 2004 cuando la organizó ya bajo el nombre de Maco, con sede en Expo Reforma. A aquella primera edición acudieron cerca de 15 mil personas para visitar las 70 galerías que se dieron cita, varias extranjeras, aunque de bajo perfil.

 

Catorce años después, los visitantes sobrepasaban los 40 mil, en una sede mayor, Centro Citibanamex, y con un cartel que incluyó a varias de las galerías más importantes del mundo, como Gladstone, David Zwirner o Gagosian, y una oferta de cotizados artistas, entre ellos Ai Weiwei, Anish Kapoor, Yayoi Kusama, Jeff Koons, Damien Hirst, entre muchos otros, y obras que pueden alcanzar hasta los 1.5 millones de dólares.

 

Deborah McLeod, directora de Gagosian Beverly Hills, quien ha estado al frente del stand por dos años, asegura que en la CDMX hay coleccionistas en potencia que tienen curiosidad e inteligencia.

 

“La feria es pequeña, comparada con Art Basel, por ejemplo, pero la calidad de los visitantes es alta. ¡Están comprando!”, señala convencida. “Tenemos mucha fe en la Ciudad de México, como una ciudad hermana de Los Ángeles, con su comunidad artística vibrante y su creciente escena galerística”.

 

El Reporte del Mercado del Arte de UBS y Art Basel 2017 señala que, en 2006, se realizaban 108 ferias a nivel mundial, mientras que, en 2016, 230. Y de los 56.6 mil millones de dólares que alcanzó el mercado a nivel mundial en ese mismo año, 13.3 mil millones de dólares se vendieron en ferias, en las cuales ya ha tenido presencia consolidada México a través de espacios nacidos en los 2000, como Kurimanzutto, Hilario Galguera y Arróniz, que rápidamente incursionaron en otras latitudes asistiendo a ARCO Madrid, Art Basel Miami o la propia Art Basel de Suiza. La competencia ya no es sólo local, sino global.

 

COMPETENCIA

“Hay un circuito de ferias demandante, en términos económicos, pero también de energía”, señala Brett Schultz, cofundador de Material Art Fair. “Estamos en un momento del mercado de arte contemporáneo en que las galerías están reevaluando sus prioridades, sobre todo cuando se trata de las ferias”.

 

Y, a nivel local, la energía también es patente. Schultz cofundó Material movido por el arrojo: “Queríamos crear una feria donde hubiera posibilidad de tomar más riesgos como expositor. Mostrar a los artistas que quizá no son los más comerciales, o mostrar espacios independientes que no tienen fines de lucro”, explica.

 

Y es que, desde otros estados, se veía a la CDMX como la meca de un arte contemporáneo que tenía en Zona Maco una puerta cerrada.

“Al no tener galería, era un territorio inalcanzable”, cuenta, por su parte, Zazil Barba, miembro del equipo fundador de Salón ACME, que arrancó en 2013. El concepto de Barba y su equipo fue utilizar un espacio temporal para vender obras de artistas sin intermediarios, pero con una curaduría y selección. Fue un éxito desde la primera edición.

 

“Nos dimos cuenta que nuestra necesidad era una necesidad compartida. “Al final, es gracias a que existen ferias así de descomunales que iniciativas como la nuestra nacen. ACME no tendría el público que tiene si no estuviera ocurriendo Maco”, reconoce Barba. Hubo intentos que no prosperaron.

 

La Affordable, una franquicia de ferias alrededor del mundo, llegó en 2012, pero sólo duró tres ediciones y se fue sin hacer ruido. Su concepto era vender obras de arte de menos de 99 mil pesos, aunque los críticos señalan que era similar a la tienda Galerías del Triunfo o a una feria del hogar. Pero el mercado, de alguna forma, fluye.

 

No sólo han abierto galerías, ferias, salones, sino que en el último año abrió la división AXA Art, seguros de arte. La casade subastas Philips abrió una oficina en  la Ciudad de México y hay al menos dos fondos de inversión de arte, ArtsMundi y ArtEnergy.

 

UN MERCADO PARA TODOS

Para que el mercado de arte mexicano termine de crecer, se necesitan más coleccionistas. “Ellos detonan el resto”, dice Gómez Maqueo, quien reconoce que Zona Maco y las ferias satélite han alimentado la cultura del coleccionismo en un país en el que no existía esa tradición.

 

El modelo ideal de coleccionista es el de Eugenio López Alonso, quien inició la Colección Jumex, que derivó en uno de los acervos de arte contemporáneo más prestigiadas del mundo y una fundación de la que, posteriormente, surgiría un museo de clase mundial, capaz de atraer los reflectores internacionales.

 

En las últimas ediciones del conteo de ArtNews del top 200 de los coleccionistas a nivel mundial se han incluido, además del propio López Alonso, a mexicanos como Isabel y Agustín Coppel, Carlos Slim, María Asunción Aramburuzabala, David Martínez, y Gabriela y Ramiro Garza.

 

Pero Schultz, Barba y Gómez Maqueo coinciden en que hay una generación nueva de coleccionistas, que, aunque de entrada van a comprar piezas para decorar su casa, terminan por ir más allá. Y ellos piensan iniciativas como Salón ACME y MaterialArt Fair. La asesora enfatiza que la inversión en arte es mejor que comprar Cetes. “El gran riesgo es comprar mal. El precio no determina la calidad de la obra.

 

El mercado no distingue entre arte bueno y arte malo. Necesitan educarse, preguntar, asesorarse”, dice. Los artistas, por su parte, siguen luchando por tener visibilidad y acceso a este mercado, que aún se concentra en la Ciudad de México. “Es impresionante la cantidad de artistas que hay. Nunca va a ser suficiente”, concluye Barba. Mientras Gómez Maqueo zanja: “Ha crecido (el mercado), pero no lo suficiente. No hay correspondencia con el tamaño de la economía en México”.

 

IMPERFECCIONES

“Analizar el mercado en México es muy difícil porque no hay una institución ni hay una empresa, no hay una base de datos en donde se analice el fenómeno del arte mexicano”, expone Gómez Maqueo.

 

“Las transacciones son privadas”. Según sus estimaciones, obtenidas por el contacto directo con artistas y galeristas, el mercado del arte en México ronda los 60 millones de dólares, mientras que el de Brasil los 600 millones de dólares.

 

Clare McAndrew, a cargo del Reporte del Mercado del Arte de UBS y Art Basel, considera que el mercado mexicano no tiene presencia en el panorama mundial, en parte por la falta de medición en la región.

 

Por otra parte, el Reporte TEFAF, dirigido por la holandesa Rachel A. J. Pownall, puso el dedo en la llaga justo en 2016, cuando la investigación periodística Panamá Papers destapó una red mundial de lavado de dinero y evasión fiscal.

 

“El mercado del arte es conocido por su informalidad, opacidad financiera y conexión con paraísos fiscales, así como con países con regulaciones favorables. La relación con las riquezas ocultas y cuentas offshore, que han salido a la luz en 2016, tocó una fibra cuando los Panamá Papers fueron revelados en tiempos de austeridad global”, indicaba.

 

Y, en ese panorama, México no es la excepción. A partir de julio de 2013 entró en vigor la Ley Federal para la Prevención e Identificación de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita (Ley Antilavado), aplicable también a quienes comercian con arte.

 

Las empresas están obligadas a identificar a sus clientes y guardar sus datos cuando la venta sobrepasa los 168 mil 941 pesos, y cuando supera los 337 mil 531 pesos deben dar aviso de la transacción. Además, las operaciones en efectivo están prohibidas a partir de los 225 mil pesos.

 

Pero el SAT sólo está investigando el 0.2 por ciento de las 340 mil empresas que, por su giro, tienen riesgo de ser utilizadas para lavar dinero (Reforma, 5 de enero de 2018).

 

Galeristas han aceptado que la regulación sólo ha favorido el mercado negro, que las compras se hagan a través de cuentas bancarias en Estados Unidos o que se acepten pagos en efectivo que no declaran. “Es un mercado imperfecto”, insiste Gómez Maqueo.

 

 

Escrito por Lourdes Zambrano/ Agencia Reforma

Reportero de Reforma


Twitter

Facebook