OPINIÓN

HACE UNOS años un simpático comercial televisivo de pan dulce mostraba a una pareja de ancianos discutiendo sobre un rol de canela ante la mirada divertida de su nieto, quien al final miraba hacia el espectador, a quien decía que “esto es todos los días”. Algo parecido es lo que esgrime la consejera presidenta del Instituto Electoral del estado, Mayra San Román, respecto a que el INE haya iniciado un procedimiento administrativo para destituirla. Es “una situación normal y que sucede en todo el país” ha dicho. Palabras que pueden interpretarse como “mira cómo se me resbala” o bien un abierto desafío a quienes la critican.

PUEDE QUE San Román tenga razón, pues hay 32 estados en el país, cada uno con un instituto electoral local y un número variable de consejeros, por lo que es muy probable que este tipo de situaciones sea algo que tenga cierta recurrencia. Lo grave es la ‘normalidad’ que sugiere la consejera, pues indicaría que las instituciones electorales tienen que trabajar mucho para lograr ser garantes de los procesos electorales, puntal clave en una democracia. También implica que como ciudadanía todavía no aquilatamos la importancia de tener una idea clara de lo que queremos como sociedad: si buscamos certeza y transparencia, si queremos tener autoridades confiables, hay que serlo a nivel personal también.

LA ‘NORMALIDAD’ pasaría por que este tipo de procedimientos no fueran ‘normales’.

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UNA CÁPSULA del Tiempo. Eso es lo que el gobierno de Benito Juárez ha sumergido en la tierra alrededor del Palacio Municipal para celebrar el cumpleaños 47 de Cancún. El cofre, cápsula, contenedor o cajita lleva en su interior “recuerdos” del presente, para que quienes la destapen en 2032 vean cómo se vivía en esta ciudad en el lejano 2017.

EL CONTENIDO incluye fotografías de los mejores lugares de la ciudad, del gabinete municipal y el cabildo, del equipo de futbol Pioneros de Cancún, una memoria digital con el Plan Municipal de Desarrollo 2016-2018, actas de nacimiento de las primeras personas registradas en la ciudad, un libro de memorias del patrimonio cultural, ejemplares de periódicos y una carta dirigida a los ciudadanos de ese año.

NO SUENA mal, pero quince años parecen pocos. La mayoría de quienes estuvieron presentes en la ceremonia de enterramiento de la cápsula seguirá aquí y salvo que haya un avance enorme e inesperado en muchos ámbitos, la ciudad presentará un aspecto no muy distinto al actual: con asentamientos irregulares en la periferia, autobuses y vagonetas disputándose el pasaje por la avenida Tulum, automóviles detenidos en horas pico en la zona hotelera (¿en 2032 ya habrá puente sobre la laguna Nichupté?) y programas municipales de descuento en predial y asistencia a los necesitados.

¿LOS HABITANTES del futuro se sorprenderán de saber que en 2017 había soldados patrullando las calles?, ¿les resultará increíble conocer que en ese año Cancún estuvo amenazado de recibir una Alerta de Violencia de Género?, ¿mirarán con curiosidad fotografías de cuando en el malecón Tajamar sólo había terrenos baldíos antes de que se concluyera la pomposa Basílica de Santa María del Mar, uno de los grandes iconos turísticos de la ciudad en ese año?, ¿harán comentarios jocosos cuando se enteren de que la Gran Rueda de la Fortuna, esa vistosa atracción que domina el horizonte de la zona hotelera, fue retirada en un principio por cuestiones de seguridad ambiental y permisos burocráticos?, ¿creerán las historias de cuando las instalaciones del CREA estaban abandonadas y en disputa legal antes de haber sido expropiadas para convertirse en una universidad dedicada al quehacer turístico? ¡Ahhh, qué tiempos aquellos!

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HABLANDO DEL futuro, la Comisión de Cambio Climático de la Península de Yucatán dice que para 2030 la meta es que haya cero deforestación en la región, con un objetivo intermedio de 80 por ciento de avance para el ya cercano 2020. La cifra luce prometedora y es deseable que se logre, aunque, matiza la Comisión, eso depende de que las instituciones encargadas de dar seguimiento al objetivo reciban el dinero necesario para operar. Es decir, con suerte y lo logramos, porque en materia de programas ambientales se depende más de ciclos económicos que de la voluntad (¿?) de las autoridades.

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HABRÁ NUEVA Central de Abastos en la capital del estado, Chetumal, para dar salida a la producción de los agricultores locales. La noticia es buena tanto para la población de la ciudad y alrededores como para los negocios locales y los productores, quienes podrán colocar su mercancía sin riesgo de tratar con intermediarios, que suelen aprovecharse de ellos. La sede de tan necesaria instalación todavía está por definirse, pero se habla de que estará en las afueras de la ciudad. Y aquí es donde entra la duda, porque en las afueras de la ciudad también se encuentra otra instalación que en su tiempo fue promovida como un detonante de la economía del sur de la entidad: el parque industrial de Chetumal, hoy día una suerte de colección de bodegas y edificios semiabandonados y polvosos.

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LIBERAR VISAS a China, Rusia e India es lo que pide el titular de Turismo en el país, Enrique de la Madrid, para incrementar la cifra de turistas provenientes de ellos. La idea tiene su lógica, puesto que con base en experiencias ajenas, la exención de ese requisito da como resultado un aumento en el flujo de visitantes, algo que es muy necesario en estos tiempos ante la incertidumbre que aún generan las políticas migratorias de Donald Trump en Estados Unidos, el principal mercado para Quintana Roo.

CIERTO, NO es lo mismo viajar desde China o India que apenas cruzar el Golfo de México, tanto en términos de distancia y tiempos como de costos. Pero por otro lado la diversificación es vital si no queremos vernos afectados por la errática e impredecible conducta del presidente gringo, víctima del Síndrome de la Chimoltrufia, puesto que así como dice una cosa luego dice otra.

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QUE POR cierto, en una tradición muy internacional de recibir a equipos deportivos campeones en algún deporte de gran convocatoria en la sede del gobierno, ayer míster Trump fue anfitrión de los Patriotas de Nueva Inglaterra, campeones de futbol americano, en la Casa Blanca. Apuntan las crónicas que todo transcurrió conforme al protocolo: los apretones de manos, el discurso laudatorio, la entrega de recuerditos y la infaltable foto con los héroes deportivos. Salvo por un detalle: no estuvieron algunos de los campeones como LeGarrette Blount, Devin McCourty, Martellus Bennett, Alan Branch, Dont'a Hightower y Chris Long, quienes desde semanas atrás habían dicho que no asistirían a la ceremonia por estar en desacuerdo con algunas ideas del presidente.

¿QUE SE trataba de una tradición inocua y por tanto no hay lugar para protestas de corte político? A estas alturas ya todo puede adquirir un tinte político, no importa si es el ámbito deportivo, social o de espectáculos. Baste recordar los puños al aire de Tommi Smith y John Carlos, atletas negros de Estados Unidos al recibir sus medallas en las Olimpiadas de 1968. En el presente caso, ausentarse de una ceremonia es también una forma de hablar fuerte y claro.

Escrito por Kukulkán

Columnista de Luces del Siglo


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