OPINIÓN

A los periodistas muertos y a los amenazados

 

“Ma in Kati”, no quiero, fue la frase que escribió el informante de fray Diego de Landa cuando se le pidió que plasmara un ejemplo de escritura maya en la “Relación de las cosas de Yucatán”. Una frase extraña para ser la clave a partir de la cual se descifró un sistema de escritura. Se trata de una rotunda negativa al fraile franciscano responsable del auto de fe de Maní, una de las muestras más representativas de la barbarie que la civilización occidental cometió en la evangelización americana.

 

Landa, celoso protector de la fe, hubiera pasado a la historia por su combate a la idolatría de los indios. Estaba convencido de que los indios tenían alma por lo tanto reconocía su humanidad. La crueldad y el celo con el que quiso extirpar la idolatría para salvar sus almas terminó destruyendo la memoria escrita de un pueblo. La fama contemporánea de Landa se debe a la Relación, documento en el que trata de redimirse al hacer un conteo de múltiples detalles sobre la vida cotidiana en la península de Yucatán en el momento de la llegada de los españoles.   

 

En la relación se coló la negativa de un sabio derrotado y subordinado a las nuevas leyes impuestas por los conquistadores. Se trata de una pequeña muestra de resistencia. Por lo general, la resistencia discursiva ante el poder tiene formas ocultas, como señaló James C. Scott, en el extraordinario libro “Los dominados y el arte de la resistencia”. Si en las estructuras jerárquicas existe una deferencia hacia quienes imparten las órdenes también se levanta una barrera entre opresor y oprimido, entre gobernante y gobernado. Hay dos hechos remarcables en este episodio.  Que el escribano maya es explícito al plasmar su negativa y que Landa no lo hubiera censurado. El discurso público del conquistador espiritual permite la expresión del discurso público del conquistado y la traducción se convierte en una especie de acuerdo entre ambas partes. El conquistador, quien detenta el poder, reconoce al derrotado un derecho mínimo de resistencia.

 

Haciendo una pirueta en el tiempo, nos situamos en el presente.  No hay conquistadores de otras tierras que impunemente quieran imponer sus leyes en nuestras tierras. ¿O si los hay? Masiosare, el extraño enemigo enunciado en nuestro himno nacional, es tan escurridizo como un diablo. Cuando un escribano como Javier Valdez se atreve no sólo a escribir “No quiero” sino a denunciar el contubernio entre el poder y el diablo, es ajusticiado impunemente. Este año van doce periodistas muertos en el país. Una cifra escandalosa en tiempos de paz. ¿Dónde están los llamados a la movilización cívica para detener los asesinatos de periodistas? ¿Hasta cuándo continuará esta sangría de mentes comprometidas con su sociedad? ¿Hasta cuándo la impunidad?

 

Javier Valdez reconocía que para investigar al crimen organizado en México había que hacerlo “con una mano en el culo”, y se le olvidó decir que con chaleco antibalas. Si no paramos esta locura pronto no tendremos ni siquiera el derecho a decir “No quiero”. Perderemos escribanos, perderemos nuestra memoria y nuestra identidad se irá diluyendo. “Ma in Kati”.

Escrito por Abraham Guerrero

Aj Tsíib* *Palabra con la que los mayas se referían al escribano y al pintor.


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