DE VIAJE

Según los locales, el licor levanta el ánimo y cura enfermedades.

 

El guajango es una bebida espirituosa, una especie de tequila dulce, elaborado con el zumo de un agave que crece en el sur andino de Ecuador y que, según los habitantes Gera, igual cura resfriados y reumas que aviva las fiestas y atrae los viajeros hasta esta comunidad indígena en la provincia de Loja.

 

Este licor aparece siempre en Gera durante la Navidad y el Inti Raymi, o Fiesta del Sol, en quichua andino –que se celebra durante el Solsticio de Verano–, pero las familias guardan raciones para otras celebraciones y ahora para recibir a quienes llegan hasta aquí para practicar el “turismo comunitario”.

 

Francisco Lima Macas, un dirigente de Gera, es un experto para abrirse paso entre las afiladas hojas del agave y llegar a su corazón, donde coloca un recipiente que recoge el zumo de la planta durante varios días, a veces más de veinte. Ese zumo, llamado mishqui, lo usan los habitantes como medicamento.

 

Cura resfriados y reumas, según Lima Macas. “También es muy bueno para los riñones”, asegura.

 

También lo beben para refrescarse, pues no contiene azúcar.

 

Además, el mishqui hervido suele mezclarse con harina de cebada para formar una especie de masa, que, dicen, es una delicia y de gran alimento.

 

Ya fermentado en recipientes de barro se convierte en el licor que anima a cualquiera.

 

La comunidad indígena de Gera, ubicada en la periferia de la ciudad de Saraguro, apostó desde hace algunos años por un manejo turístico de la zona.

 

Así, varias familias adecuaron sus viviendas para acoger a extranjeros que quieran pasar sus vacaciones conviviendo con ellos.

 

Han llegado principalmente de EU, Holanda, Francia, Alemania y otros países europeos, así como también de Perú y Colombia.

 

Segundo Sarango, alcalde de Saraguro, comentó que el “turismo comunitario” está ganando cada vez más adeptos debido a la necesidad de convivir con la naturaleza y dejar de lado, aunque sea un poco, el vertiginoso mundo moderno.

 

“(Los turistas) desean cosechar los productos que brinda la naturaleza, prepararlos y ser parte de esa relación con la Madre Tierra”, comenta.

 

Una gastronomía sana, exenta de químicos en el cultivo, así como una relación estrecha con el medioambiente, dice, provocan en los visitantes una reacción positiva.

 

Con información de EFE.

 

Escrito por Staff / Agencia Reforma

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