ENTRE MUROS

Para el arquitecto Alexandro Velázquez, la arquitectura, al igual que la poesía, no es lineal, no existe una interpretación única de ella y es posible vivirla una y otra vez con nuevos significados y asociaciones.

 

“Me gusta cuando callas porque estás como ausente’, esa es la mejor descripción de Casa Penélope”, señaló Velázquez, creador de una propuesta residencial basada, más que en lo visual, en las sensaciones que genera.

 

 

En esta casa puedes entrar y bajar por muchos lados. En un poema podrías pensar que el mensaje es uno, pero años después lo lees y ya es otro. En una casa esto es factible porque es un espacio muy íntimo. Si el cliente permite que esto pase, cada vez que entre va a tener una experiencia diferente y no requiere una explicación: Esta es tu casa, vívela. Yo ya la escribí, tú interprétala,

comenta Velázquez.

 

Casa Penélope evoca el silencio, las sensaciones experimentadas a través de todo el cuerpo y no sólo la parte visual. Su diseño activa una forma de vivir el espacio de manera total, en busca de un mundo háptico.

 

“Lo háptico tiene que ver con todas las sensaciones que puedes experimentar y todas las vivencias que se pueden hacer de manera corpórea y en la escala humana, a través de todas las vivencias que genera un espacio y la luz más las que nosotros creemos que hay que sumarle al proyecto que provocan esta evocación”, destacó Velázquez. 

 

 

SENSITIVA Y NO FORMAL

En la parte formal, esta propuesta residencial se ubica en la parte posterior de un terreno en declive, esto debido a que los habitantes no querían tener relación alguna con los autos ni la calle.

 

La vivienda se divide en tres partes, la privada, la semiprivada y la pública, su diseño se caracteriza por tener relación constante con el jardín y el paisaje.

 

“Cuando entré al terreno, era un día soleado y se podían ver los volcanes y todo el horizonte. Mi inspiración fue ¿qué pasaría si ellos tienen todo el tiempo esta relación con el exterior y provocamos que desde el punto que estés parado puedas tener esta constante asociación. Entonces parece que entras por un túnel y lo único que tiene al fondo es un vano gigantesco. Entonces desde cualquier punto logras atravesar la casa y ver los volcanes o el Ajusco”, destacó Velázquez.

 

 

En este proyecto la iluminación y el interiorismo van de la mano, pues los materiales empleados en acabados distinguen los usos de cada una de las zonas y hacen que no sea necesario emplear elementos ornamentales en exceso para cubrir detalles de la construcción.

 

“Lo que planteé fue usar sólo cuatro materiales, los cuales fueran distintivos de los usos. Así pudimos definir una relación de experiencia con quienes usan la casa. Todo lo que es gris es la circulación central, que es el volumen; todo lo que es blanco son los volúmenes que se adosan y los pisos que tienen que ver con espacios públicos, privados o semiprivados son de madera. De manera que no tuvimos que hacer artimañas para decorar o maquillar el resto”, agregó.

 

Placentera

  • La residencia cuenta con obras de arte de Carlos Mérida, Rufino Tamayo, y Manuel Felguérez.
  • Dentro de los elementos de jardinería se emplearon bambú, lirio egipcio, jazmín, garra de león, helechos y papiros.
  • De acuerdo con Alexandro Velázquez, el olor que define a la casa es dulce, a jazmín, y el sonido, grave, como de un cello.

Escrito por Natalia Barraza / Agencia Reforma

Reportera de Reforma


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