REVISTA R

JUCHITÁN.- La región del Istmo suma tragedias. El sismo magnitud 8.2 del 7 de septiembre machacó aún más a la relegada población zapoteca, zoque, mixe y huave.

 

Pero el terremoto no representa el final de su drama. El millón de habitantes que habitan el Istmo oaxaqueño padece una marginación histórica, el dominio de cacicazgos que se han perpetuado en los cargos públicos, conflictos agrarios, disputas entre etnias, pobreza, falta de trabajo... A partir del 7 de septiembre, la región enfrenta además el reto de la reconstrucción.

PENÍNSULA AISLADA

Santa María del Mar es una agencia municipal que pertenece a Juchitán, pero no lo parece. Se encuentra en la barra que divide el
Golfo de Tehuantepec y la Laguna Inferior.

Un conflicto agrario dividió a Santa María del Mar del municipio de San Mateo del Mar y, desde hace ocho años, San Mateo decidió bloquear a Santa María. Le cerró el paso por tierra, le cortó la energía eléctrica y obligó a sus 900 habitantes a atravesar por lancha el Golfo, para conectarse con la tierra.

Los gobiernos de Ulises Ruiz, de Gabino Cué, y ahora el de Alejandro Murat, no han logrado conciliar a esos pueblos, disputa que tiene a Santa María en la desgracia.

Los ataúdes se pasan por lancha desde la península hasta Juchitán; lo mismo que el cemento, los ladrillos, los víveres, las refacciones para la única patrulla que posee, el agua potable, los muebles y algunos refrigeradores que operan con energía solar, vitales para conservar los alimentos.

No existen doctores, señal telefónica ni internet. Ni pensar en un restaurante o un hotel. Sólo existen una escuela preescolar, una primaria y una secundaria, pero con profesores limitados a los que les disgusta el viaje diario en lancha. Un teléfono satelital conecta a todo el pueblo y suena de vez en cuando desde un escritorio de la agencia municipal, encabezada por Matías González.

Dos tiendas ofrecen comida enlatada, azúcar, huevo y galletas. Una más ofrece ropa y zapatos chinos, ahora bajo escombros. Existe una planta de luz y una antena para recibir señal WiFi. Pero no funcionan.

El sismo pegó a una Santa María que ya estaba noqueada.

El temblor tumbó casas, palapas y bardas, pero también nos dejó sin iglesia, y lo que pasó es que con el sismo el agua subió mucho, en algunas zonas el agua llegó a la cintura de las personas, la gente se asustó mucho ¿Cómo salimos 900 personas en lancha? Tenemos el paso bloqueado por tierra,

lamenta el agente municipal. Hasta Santa María no ha arribado ningún funcionario de gobierno.

Yo ya fui a Juchitán, hablé con la presidenta municipal, hablé con el DIF, les expliqué cómo está Santa María del Mar pero nadie llega, y yo estoy desesperado con mi gente, me están presionando ¿Qué les voy a decir? No tenemos agua, estamos tomando agua negra, porque no vienen los apoyos.

advierete González.

TIERRA DE CACIQUES

El sismo ventiló carencias y enfrentamientos. La mayoría de las casas en esta región fueron construidas con adobe, madera, rellenos de cemento y techos de teja.

Los que tuvieron recursos para tabique o blocks encargaron a los conocidos de un familiar la construcción de las viviendas, sin proyecto arquitectónico ni cimientos.

En la agencia municipal Chicapa de Castro, el sismo también destapó transas. Teodosio López, regidor de Obras de Juchitán, denuncia que en Chicapa el ex agente municipal se ahorró la construcción de unos pilares para la modernización de la sede oficial, un mercado y una cancha de basquetbol techada con lámina.


Ahora, todo ese complejo está a punto de quedar en ruinas. La política también cimbra a los habitantes y la razón principal de que la región no prospere.

Representamos votos, por años, y conozco familias que hasta les conviene que haya elecciones, inundaciones y hasta temblores, porque es como llegan apoyos, despensas, material nuevo para construir, ropa o muebles, si bien nos va hasta televisores,

indica Rodrigo López, un juchiteco que anda buscando partido donde incrustarse con miras al 2018. Asegura que la Coalición Obrero Campesino Estudiantil del Istmo –la Cocei, una organización social que enfrentó a los caciques priistas en los años 80 y 90– le jugó chueco.

La Cocei dejó de ser emblema de la izquierda radical, y hoy es la cantera del PRD. Pero conserva el músculo que consigue apoyos a partir de plantones y bloqueos en carreteras vitales para las comunicaciones en el Istmo de Tehuantepec.

Héctor Sánchez López, ex líder de la Cocei, fue senador, diputado federal y alcalde de Juchitán gracias al PRD. Hoy, es visto como uno de los principales caciques de la región. Y se le recuerda por traicionar a la izquierda en 2004, y ayudar a Ulises Ruiz a ganar las elecciones.

Su hermana Gloria es la actual edil, bajo la bandera del PRD y el apoyo de un sector del PRI, rival histórico. Los liderazgos priistas están ligados a los ex gobernadores Ulises Ruiz, quien se crió en Juchitán, y José Murat, oriundo de Ciudad Ixtepec. Después de los seis años de administración de Gabino Cué, la llegada a la gubernatura del priista Alejandro Murat volvió a darles oxígeno. Personajes como Héctor Matus, La Garnacha Voladora, Porfirio Montero, Ricardo Dorantes y la familia Gurrión, entre otros, eternizan promesas y despensas a los zapotecas, a cambio de votos.

En esta tierra de caciques, la tragedia provocada por el sismo se convierte en oportunidad para que los operadores políticos acaparen los apoyos y controlen el reparto de despensas y enseres.

Finalmente, dentro de apenas 10 meses (el 1 de julio) habrá elecciones de presidentes municipales, que suelen ser los cargos más disputados en la región; a veces, hasta con enfrentamientos violentos. Manuel López Villalobos, síndico de Juchitán, denuncia la movilización de redes del PRD para ayudar afectados por el temblor.

“La presidenta municipal Gloria Sánchez tiene una agenda paralela a la tragedia, en las visitas a las zonas afectadas, las reuniones y la distribución de apoyos está utilizando su grupo político, eso no es acuerdo del Cabildo, y lo que busca es reelegirse el próximo año.

“Y el PRI, a través de la pasarela de funcionarios federales, también juega su papel en la tragedia para recuperar Juchitán; es evidente que hay una exclusión total del ayuntamiento; no hay coordinación y quien se amuela es el juchiteco”, reprocha el síndico. Sobre las disputas políticas que fragmentan a la población, el sismo vino a fracturar calles, edificios y hasta el Palacio Municipal.

TOPOS AMARILLOS

En Santa María del Mar, las casas se hundieron, los pisos se fracturaron y los techos se abrieron. Los colchones se mojaron por las fuertes lluvias, los muebles se partieron y la gente busca de manera urgente la reconstrucción.

El presidente Enrique Peña Nieto y su gabinete reforzaron la ayuda en Juchitán, pero Santa María quedó fuera de su radar. Para llegar a Santa María es forzoso atravesar Unión Hidalgo y la agencia Chicapa de Castro, ambas localidades devastadas por la pobreza y el sismo.

En Chicapa el equipo de futbol llanero “Boca Juniors” suspendió entrenamientos para abocarse a tirar casas al punto del colapso a mano limpia. Los ahora autodenominados “topos amarillos”, además de tirar paredes y techos a jalones con una cuerda, también rescatan cuadros, fotografías o algún mueble que aún sea funcional, a solicitud de los dueños del terreno donde los escombros dejan adivinar que algún día hubo una casa.

Después de un sinuoso camino, que también presenta brecha, se llega a San Dionisio del Mar, un municipio oaxaqueño de 7 mil habitantes, donde autoridades locales estiman que cuatro de cada seis casas deberán ser derrumbadas.

Aquí también lo que nos afectó son las grietas en el suelo, y creemos que se pueden agrandar en cualquier momento y que se traguen las casas,

alerta Cecilio Pérez, un profesor de primaria.

San Dionisio carece de energía eléctrica, agua y víveres. Se asemeja a un pueblo fantasma. Aquí, el camino a Santa María del Mar se complica. Partiendo de San Dionisio sólo una carretera saturada de zanjas y hundimientos lleva al faro, de donde desembarcan las únicas dos lanchas a Santa María. Los habitantes de Santa María viven de la pesca de mojarra, lisa, y de camarón blanco a través de redes atadas a maderos.

Pero su pesca es mal pagada por los intermediarios, que les dan unos 50 pesos por un kilo de lo obtenido. El producto de Santa María llega a Juchitán y luego a las capitales de Oaxaca o Chiapas, donde un platillo no baja de 200 pesos. La venta de camarón y pescado en Juchitán está controlado por los caciques. En el Istmo se sacudió todo, menos la pobreza.

Escrito por Benito Jiménez / Agencia Reforma

Reportero de Reforma


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