ENTRE MUROS

Arquitecta y artista, la persona para la que la firma Garduño Arquitectos creó esta casa buscaba que su residencia en la Ciudad de México reflejara su amor, compartido con su familia, por el arte.

 

Para lograr esto les dio a los artífices rienda suelta en cuanto a la creatividad, lo que llevó al arquitecto Juan Garduño a un concepto que describe como un “origami de concreto que se desenvuelve de manera sutil”.

 

Esto se aprecia en la ligera inclinación de algunos muros, en ciertos trazos que apenas sugieren diagonales, en la ligereza del volumen superior, que descansa sobre el inferior pese a estar desfasados, y en las dimensiones de los muros mismos.

 

“El vestíbulo se generó para la pieza de arte que ya era parte de la colección del cliente; las alturas en general se hicieron para poner cuadros de gran formato”, explicó el arquitecto Garduño.

 

Algo similar pasó con el planteamiento de los espacios de la casa, que fueron pensados para la convivencia familiar, pero también para que la artista pudiera vivir y trabajar casi en el mismo espacio.

 

 

“En el nivel superior de la residencia hay un estudio con una entrada independiente desde la calle y comunicado de forma íntima con la recámara principal, lo que se diseñó para poder dormir y trabajar en una misma área, pero dándole independencia a cada una. “Este espacio involucra gran parte de lo incluido en el programa: una sala de recepción, sala, comedor, cocina, alberca y las habitaciones de los niños se conectan en esta parte”, expuso el artífice. 

 

La planta baja sirvió para darle altura a la edificación y permitir así una conexión visual con el parque ubicado enfrente, separado del proyecto por una avenida.

 

SUAVIDAD DE MATERIALES

Además del cristal, presente en forma de grandes ventanales que se abren a las vistas del jardín trasero y del parque de enfrente, un material predomina en el proyecto: el concreto expuesto. La presencia en el envolvente de granito negro, usado también en los pisos de interiores, y de madera en algunos muros, como el de la sala, completan la paleta de tonalidades y texturas.

 

 

“El color del concreto se sacó a través de muestrear el terreno en sitio, que es adobe natural, y sólo se jugó con ese matiz junto con el negro en el piso y madera de nogal”, señaló el creativo. “Tres colores, dos de ellos neutros y cálidos, en donde el arte puede sobresalir y no hay competencia”.

 

El concepto que guió la elección de mobiliario, a cargo de la misma firma arquitectónica, fue similar al de los materiales.

 

“Buscamos muebles sin pretensiones, atemporales y con carácter de serenidad y comodidad, que se sintieran como una extensión de la familia”, comentó Garduño. Si bien la luz natural, que se cuela a la casa por los múltiples y amplios ventanales, es la principal fuente de iluminación, se diseñó un complemento artificial.

 

“La iluminación se pensó sensual y delicada. Tratamos de minimizar el volumen de luz artificial y solamente generar lo indispensable para lograr remates visuales y donde fuera requerido por programa”, expuso.

 

 

 

Escrito por Andrea Martínez de la Vega / Agencia Reforma

Reportera de Reforma


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