OPINIÓN

La propaganda del poder ya no está en los discursos que emiten los gobernantes sino en todo el sistema de comunicación que moldea nuestros pensamientos, sentimientos, valores y acciones.

 

“Damas y caballeros, tengo que anunciarles una grave noticia. Por increíble que parezca, tanto las observaciones científicas como la más palpable realidad nos obligan a creer que los extraños seres que han aterrizado esta noche en una zona rural de Jersey son la vanguardia de un ejército invasor procedente del planeta Marte…”

 

Cuando Orson Wells presentó la novela “La guerra de los mundos” en versión radiofónica causó alarma entre los oyentes. Era 1938, la guerra se respiraba en las relaciones internacionales que al siguiente año se desataría con las invasiones nazis a Polonia y Checoslovaquia y la invasión soviética a Finlandia. La novela de H.G. Wells fue transmitida de una manera tan realista que al radioescucha se le dificultaba separar la ficción de la realidad.

 

Welles escribió el guión como si se tratara de un noticiero radiofónico, más o menos el mismo  tipo de operación comunicativa que la propaganda previa a la Segunda Guerra Mundial manejaba. Los límites entre la ficción y la realidad se borraban para generar información que no necesariamente es mentira pero tampoco es una verdad como lo consideraría el canon del periodismo.

 

La Segunda Guerra Mundial representó todo un reto para los sistemas de propaganda que utilizaron de manera extendida las fake news para crear consensos a favor de sus respectivas causas dentro de sus propios países y los invadidos. El uso de recursos diplomáticos, informativos y de inteligencia convergieron en la creación de historias que se presentaron al público para mover sus emociones patrióticas.

 

En ese sentido habría que preguntarse por qué a partir de las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016 la aparición de las noticias falsas ha provocado tanto revuelo en los campos de la política y del periodismo, este último extendido a la producción y reproducción de noticias en distintos medios.

 

Una primera hipótesis es que la irrupción de las fake news es en sí misma una fake news del uso político de la propaganda política. Una segunda hipótesis es que las fake news son en realidad parte de una batalla que se va dar en el periodismo en torno a qué son los hechos, qué es verdad y cómo deben presentarse.

 

La tercera hipótesis es que las fake news son síntoma del proceso de extinción de la opinión pública como se conoció a partir de la cultura del libro y de los modelos de comunicación masiva en los que hay un emisor que controla el flujo de la información y hay receptores aparentemente pasivos.

 

El presidente ruso Vladimir Putin es entrevistado por el cineasta estadunidense Oliver Stone y lo que trasciende son sus dichos sobre que preferiría no bañarse junto a un homosexual y que es cinta negra de judo y sambo. Donald Trump sube a Twitter un pequeño corto en el que bajo un cuadrilátero termina noqueando a un tipo con la cara cubierta con el logo de CNN.

 

El presidente francés aparece en un video con un fondo muy sobrio apelando a Trump a que no saque a su país de los Acuerdos de París y concluye haciendo un llamado “to make our planet great again”.

 

El presidente mexicano Enrique Peña Nieto aparece en una serie de videos entregando infraestructura carretera manejando solo en autopistas vacías. Al final solo queda el sabor de boca de que la propaganda del poder ya no está en los discursos que emiten los gobernantes sino en todo el sistema de comunicación que moldea nuestros pensamientos, sentimientos, valores y acciones.

Escrito por Abraham Guerrero

Aj Tsíib* *Palabra con la que los mayas se referían al escribano y al pintor.


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