PRIMERA FILA

Un vestido de encaje rosa, un pequeño atuendo de princesa de Disney o un coqueto disfraz infantil de Harley Quinn... todo suena adorable, hasta que quien lo porta es un niño.

Entonces comienza la controversia: ¿por qué una mamá permite que su hijo varón se vista con prendas femeninas? ¿Pues en qué está pensando?

Esos fueron sólo algunos de los señalamientos que enfrentó Megan Fox hace unas semanas cuando publicó una foto de su hijo Noah vestido como Ana de Frozen: Una Aventura Congelada. Pero la estrella de Transformers no se inmutó, pues considera que si el pequeño de 4 años quiere usar un vestido (como ya lo ha hecho en otras ocasiones), ella no va a imponer prejuicios.

El trabajo más importante como mamá es lograr que tus hijos se amen a sí mismos. Entonces, lo que sea que quieran hacer, a lo que sea que quieran jugar o lo que sea que elijan para vestir, nosotros debemos impulsarlos. Tenemos que hacer que sean mejores que nosotros,

dijo la actriz en entrevista durante su reciente visita a México.

Charlize Theron, Liev Schreiber, Naomi Watts, Angelina Jolie y Adele comparten con Fox la filosofía de desafiar los convencionalismos sociales cuando se trata del guardarropa de sus respectivos hijos.

Hemos hecho esta asimilación natural de que el rosa, las faldas, los vestidos y cierta forma de vestimenta no sólo es apropiada, sino obligatoria, para ciertas personas en función de su sexo. El primer reto es comprender que no hay ropa del sexo opuesto, sino que puede ser usada por cualquier persona. Históricamente hemos pensado que pertenece a uno u a otro sexo, pero eso es sólo una construcción social,

explica Tania Rocha, especialista en Estudios de Género y Diversidad Sexual de la UNAM.

En la pasada edición de la Comic-Con de San Diego, el hijo menor de Naomi Watts y Liev Schreiber, Samuel Kai, se disfrazó de la antiheroína de DC, Harley Queen. Mientras que Shiloh, la hija de Angelina Jolie y Brad Pitt, desde pequeña se identificó con el género masculino y usaba shorts, pantalones y hasta esmoquin.

Ambos casos, explica Rocha, responden a una apertura general que se está dando en todo el mundo, a una necesidad de acabar con convencionalismos sociales que se consideran obsoletos. Lo importante, advierte, es identificar de dónde proviene el impulso de cada infante para vestirse de equis manera o probar determinada situación.

“¿Por qué nos agobia tanto si un niño pide una muñeca? ¿por qué no pensamos que ese acto ofrece la posibilidad de generar un ejercicio de paternidad responsable, como suponemos que va a pasar con las niñas?”.

La experta sostiene que, a diferencia de lo que opinan algunos críticos, el hecho de que un varoncito use prendas “femeninas” no afectará su identidad sexual.

“Está demostrado en distintos estudios que no hay una relación directa o causal; no podríamos alterar, por así decirlo, aunque nos lo propusiéramos, la identidad de género de una persona, y mucho menos la orientación sexual”, asevera.

Lo que sí considera irresponsable es que el padre o la madre tomen esa decisión simplemente por seguir una moda.

“Si nosotros estamos imponiendo algo al niño o a la niña, al margen de lo que quiere, eso sí es violencia. Entonces, tengo que decirlo, la mayoría de nosotros ejercemos violencia porque los obligamos a ser, vestirse y comportarse de una forma”, dice Rocha.

En ello coincide Patricia Ramírez, maestra en sexualidad y género, quien recomienda que haya un empoderamiento por parte de los padres.

Lo primero que hay que hacer es aceptar a tu hijo tal cómo es. Y hay que brindarle el apoyo, la confianza y la seguridad para que pueda enfrentarse a la sociedad.

 

Con información de Ana Cristina Vargas

Escrito por Fidel Orantes / Agencia Reforma

Reportero de Reforma


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