OPINIÓN

Adrián Ladrón, ataviado con una falda escocesa, apretó la estatuilla recién recibida, su Ariel por Mejor Actor 2017, y tomó unas hojas arrugadas de su saco.


"Pido paciencia", adelantó para dar un discurso de diez minutos en el foro del Palacio de Bellas Artes.


"Este país está desapareciendo; desaparecen las personas, las familias, las creencias, pero no el abuso del poder, la corrupción y los privilegios de unos cuantos...no los bonos ni los altos sueldos de los funcionarios públicos", clamó.


Lo dijo el martes 11, antes del socavón. Podía parecer el discurso impetuoso de un joven actor galardonado por primera vez con un Ariel. Pero luego pasó José Carlos Ruiz, señor de escenarios, 80 años de edad, y hace 37 acreedor del primero de sus seis Arieles.

 

Designado, en empate, también como Mejor Actor, Ruiz dijo su lamento en la Gala del Ariel 2017. "Es una vergüenza, de verdad, que haya tanto dinero que se va de la manos de todos nosotros, quién sabe dónde... pero sí sabemos dónde", comentó para la ovación; pidió defender al cine nacional, con la vehemencia con la que el gobierno les cobra impuestos; y apeló a sus colegas que si los Arieles desaparecen por la rapacidad de los recortes "se unan conmigo para orinar sobre las tumbas de la política nacional".


Aunque muchos querían ir al baño aguantaron en las butacas al momento en que Isela Vega recibió el Ariel de Oro por trayectoria. La sonorense, de 77 años, desenfadada como siempre, criticó abusos y desigualdades. "¿Cómo ves? En el Estado de México el abuelo fue gobernador, el papá fue gobernador y ahora el chamaco también ¡hazme el favor!".


Cuéntase que en una ocasión, un par de dirigentes del PAN acudieron a la oficina del entonces secretario de Función Pública, Germán Martínez, para pedirle que levantara la inhabilitación que había ordenado contra la constructora Gutsa por hacer con asfalto defectuoso una carretera. Razones de pesos los llevaban ahí.

 

Gutsa era financiadora de actividades de una capilla política panista, la del Yunque. Martínez tendió sobre una mesa el mapa de la carretera y pintó varias cruces en diversos puntos para simbolizar las muertes por accidentes provocados por la mala obra. Les negó ayuda.


La empresa peleó en tribunales su inhabilitación y perdió. Entonces cambió de nombre y obtuvo el contrato del Monumento a la Corrupción del calderonismo, la Estela de Luz. Vinieron nuevos juicios por ésa otra transa y volvió a mutar. Ahora esa empresa es Epccor, constructora junto con Aldesa, del Paso Exprés de Cuernavaca, el del socavón de la muerte, el hoyo de la transa nacional. Cambió de cómplices aunque fueran de otro partido pero no de otra ética.


¿Podían caer más la popularidad y credibilidad del Presidente y su Gobierno? Sí Señor. Abramos un socavón y se lo demuestro. Al fondo hay lugar.


Allá va. La corrupción cobra vidas, no solo es ratería impune. Indigna la transa y la negligencia criminal. La Secretaría de Comunicaciones no actúa ante las advertencias de pobladores. El titular, el señor Ruiz Esparza, tuiteó ante la desgracia de Morelos: "debido a falla en el drenaje que cruza Paso Exprés de Cuernavaca se reblandeció el subsuelo y provocó un socavón en km.93. Precaución". Todavía ni llegaba al lugar y ya daba dictamen.


"Secretario Gerardo Ruiz Esparza, no es un socavón no es la lluvia. Es negligencia y corrupción. Deje de hacerle daño al Presidente y al país. Renuncie", escribió en Twitter su ex colega de Gobierno, Aristóteles Núñez.


Dicen que al Presidente le angustia un juicio o juicios en su contra, aquí o afuera, apenas deje el cargo. Con lo que le ayudan sus compadres, materia sobra.


Ése es el ambiente. Ollanta Humala, ex Presidente de Perú encarcelado por sobornos de Odebrecht. Los brasileños Lula o Michel Temer, enjuiciados por acusaciones de corrupción. El panameño Ricardo Martinelli, corrupto,  y preso por espionaje, sí, igualito que el de Pegasus. 


Mucha rata. Por cierto ¿quién se ha llevado mi queso? Pregunten en la SCT, (Socavón de la Corrupción y de la Transa), antes de que lo esparzan.

Escrito por Roberto Zamarripa

Columnista de Reforma


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