ENTRE MUROS

Situada sobre un terreno de 11 hectáreas al sureste del pueblo mágico Mineral de Pozos, en Guanajuato, esta propuesta retoma las ruinas de una antigua mina del siglo 19 para crear un sitio de descanso y contemplación.

 

“Empezó su vida como pueblo minero en el siglo 16, con los jesuitas, y después tuvo una caída muy fuerte tras las expulsión de dicha orden del País. A finales del siglo 19, Porfirio Díaz dio facilidades a empresas mineras, por lo que se desarrollaron más de 300 en este pueblo. Una de ellas es ésta, se llamaba El Danubio y Anexas”, destacó Antonio Alvarado, quien junto con los arquitectos José Alvarado y Carlos Guzmán se dio a la tarea de rescatar este sitio.

 

Antes de la intervención, en el lugar existían vestigios de los edificios que formaron parte de las instalaciones de trabajo y administrativas de la mina. La vegetación era poca y consistía principalmente en magueyes, pequeñas cactáceas, nopales, algunos mezquites, huizaches y pequeños matorrales.

Frente a estas condiciones, el equipo arrancó trabajos de conservación de la vegetación local, reforestación, captación de agua, los cuales tomaron aproximadamente cuatro años. El resultado se reflejó inmediatamente en un cambio significativo en la vida del lugar, con el retorno de diversas especies de aves, mamíferos y reptiles.

 

“Habían vestigios de las oficinas, el cuarto de máquinas y el tiro de la mina. Lo que nos propusimos fue recuperarlo en todos los sentidos y en la parte ambiental. Hicimos trabajo de recuperación de suelos, zanjas para conservar la humedad, reforestamos, hemos sembrado cerca de 8 mil agaves, 2 mil mezquites, mil pirules, biznagas y pasto de bajo consumo de agua”, describió Alvarado.

SíNTESIS Y CONFORT

Tras la recuperación ambiental siguieron trabajos arquitectónicos en los edificios y ruinas existentes, los cuales se rigieron por la utilización de materiales naturales como la piedra local, piedra caliche, madera, piedra pórfido, acero oxidado y cristal.

 

El proyecto consiste en tres lofts en renta –Cielo, Nube y Arrebol– con un diseño contemporáneo y limpio que se une de forma natural a los restos de la antigua mina, además, todos se encuentran dispuestos alrededor del estanque principal al poniente del terreno, el cual sirve como área de contemplación.

“Casa Arrebol es la más grande, con 150 metros cuadrados. Se conservaban cuatro muros originales, había marcos y un muro con contrafuertes, pero en la parte de atrás sólo quedaban los basamentos”, puntualizó Alvarado.

 

En este caso se rehabilitó la totalidad de la estructura existente y se hizo una reposición de los faltantes estructurales con piedra caliche, barro, madera y ladrillo. Al igual que en los otros dos lofts, los ventanales y la herrería en general son de acero al carbón al natural, lo que permite el establecimiento de un diálogo entre lo antiguo y lo contemporáneo.

 

En cuanto al mobiliario, se eligieron piezas rústicas que, sin ser burdas, brindarán calidez, comodidad y permitieran lograr una sensación de naturalidad. Además, la iluminación, tanto en el exterior como al nterior, buscó no ser invasiva y resaltar las ruinas y las líneas actuales del diseño.

Mineral del Cielo es una síntesis de la identidad del pueblo, de su pasado minero y de los materiales del lugar, pero lo proyecta hacia el presente y lo relanza. Es un lugar que te invita a serenarte y a reflexionar, pensar, trabajar en paz”, concluyó.

 

Invitan al descanso

  • Loft Cielo tiene dos niveles y cuenta con 70 metros cuadrados.
  • Loft Nube es el más pequeño, con 45 metros cuadrados, y presume una vista al estanque central a través de una vidriera de acero corrediza.
  • La iluminación interior de los lofts se basa en lámparas empotradas al techo y candiles con focos de filamento.

Escrito por Natalia Barraza / Agencia Reforma

Reportera de Reforma


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