AUTOMOTRIZ

Manejábamos en 4 de julio, así que fueron frecuentes los fuegos artificiales a la orilla del camino.

 

NUEVA YORK, EU 4-Ago .- Llegar a Columbus fue todo un logro, pero también una jornada demasiado larga. Todo lo que avanzamos el día anterior lo estábamos perdiendo en la mañana; realmente, sólo la Sienna estaba lista para más kilómetros. A las 10 horas reiniciábamos la carrera.

 


Nueva York nos recibió con autopistas de cuota. Era la primera vez que pagábamos algo por circular en una autopista después de salir de México; fueron alrededor de 11 dólares. El tráfico era más intenso y, aunque podíamos mantener una buena velocidad; la Sienna navegaba sin intimidarse entre vehículos pesados.

 


Buffalo era el siguiente punto en nuestra agenda y llegamos sin problemas, pero ya por la tarde. El sistema de navegación de la Sienna prácticamente nos dejó ver partes olvidadas de la ciudad; naves industriales abandonadas y, lo que en algún tiempo debió de haber sido una zona muy prolífera, ahora estaba casi abandonada. 

 


Finalmente la frontera. Un puente largo y alto nos separa de Canadá; pero, antes de cruzarlo hay que llegar al duty free. Últimas compras antes de internarnos en un nuevo país. Es increíble todo lo que puede caber en la Sienna. Cada vez que salimos parece llena, pero de alguna forma llegan y llegan bolsas y bolsas y se acomodan.

 


La cajuela es amplia y muy profunda. Las maletas caben en una configuración vertical y hay muchos pequeños espacios qué aprovechar. Es como un juego de Tetris; unas cosas horizontales, otras verticales y unas escondidas en los pequeños huecos que deja la tercer fila de asientos. Tiene rieles en el techo, así que si el viaje se prolongara por varios meses quizá necesitaríamos de agregar algún tipo de carga ahí, espero que no.

 


En el puente, la misma práctica; la fila más lenta. Es un puente similar al de México-Estados Unidos, pero bastante más civilizado. Carriles amplios y no hay gente cruzándose de carril a carril. El oficial vio nuestros papeles y con la misma cara de incredulidad preguntó de dónde veníamos. ".de México.", contestamos, ahora con una voz bastante más segura que cuando nos preguntaron a dónde íbamos en Laredo.

 


Dos noches para descansar en Niágara; disfrutando de una excelente vista en el hotel, los paseos típicos en el barquito, las luces de noche y los fuegos artificiales. Los canadienses seguían celebrando el "Canadá Day", así que nos unimos a la celebración. Ahora sí, a Boston.

 


El valet nos entregó la Sienna muy rápido; dijo que fue fácil, era la única con placas de México y, obviamente una familia mexicana es fácil de identificar. Sólo faltó la chancla volando por el lobby para que su sospecha se confirmara.

 


El último tramo siempre es el más largo independientemente de la distancia. Sólo dos estados qué cruzar esta vez, Nueva York y Massachusetts y ya no queríamos parar mucho. Tanque lleno para la Sienna, eso nos garantizaría alrededor de 650 kilómetros antes de tener que parar. El problema del plan es que las vejigas de los pasajeros tienen una autonomía de 120 kilómetros, así que las paradas seguían siendo seguidas.

 


En Nueva York hay menos áreas de descanso, pero hay "text areas", que no son más que un carril a la orilla de la autopista con cajones para que te estaciones y contestes tus mensajes. Y no hay baños; a Beto le importó poco, hay árboles, pero con Elena había que buscar estaciones más en forma, así que a salirse de la autopista y volver a entrar, pagando las cuotas correspondientes.

 


Finalmente Massachusetts; estábamos ya cerca. El cambio más importante del camino se notó en el menú del McDonald's, el Lobster Roll. Seguramente no tan bueno como un Lobster Roll fresco en muelle, pero era una señal de que estábamos cerca.

 


Manejábamos en 4 de julio, así que fueron frecuentes los fuegos artificiales a la orilla del camino. Fue un buen entretenimiento irlos buscando durante la última parte de nuestro recorrido. Llegamos a Boston a las 9.30 de la noche; contentos, sin infanticidios ni divorcios. 

 


Le tocaba descansar a la Sienna, pues Boston tiene un muy buen sistema de transporte público, pero no fue así. Después de la primer salida decidimos que era mejor pagar estacionamientos y enfrentar tráfico con niños dormidos cómodamente en la camioneta que caminar en estaciones con niños dormidos y cargados. Sorry Sienna, no tuviste el descanso que merecías. Ahora a disfrutar la ciudad; y sin pensar en el regreso.

 


 

Escrito por Alberto Bortoni / Agencia Reforma

Reportero de Reforma


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