AUTOMOTRIZ

El motor es un V6 ya conocido: 3.7 litros que generan 350 caballos de fuerza y 276 lb-pie de torque que se transmiten directamente a las ruedas traseras.

 

Diez años son suficientes para hacer que un automóvil se vuelva obsoleto y se vea viejo. El 370Z está a punto de cumplirlos, pero está lejos de sentirse obsoleto o de verse pasado de moda; y menos aún la última versión Nismo.

 

Estamos ante un deportivo por mérito propio; la intervención de Nismo, la submarca más deportiva de Nissan, no es indispensable, aunque es bien apreciada.

 

Estéticamente el exterior sigue viéndose agresivo y, con los elementos modificados en fascias y rines es un coupé de líneas rápidas y modernas.

 

En el interior ya comienzan a notársele los años. Afortunadamente, cuando lo diseñaron lo hicieron no como un vehículo de moda sino como un vehículo funcional y esto le vale para mantenerse vigente.

 

El tacómetro ocupa una posición preponderante en la parte central y con una prioridad por encima de los demás indicadores. Es un tablero monocromá- tico, con una pequeña pantalla del lado izquierdo e indicadores de combustible y temperatura de forma digital pero con pequeños LED en lugar de una proyección LCD. Lo realmente interesante del 370Z es su manejo y, en la versión Nismo no decepciona.

 

El motor es un V6 ya conocido: 3.7 litros que generan 350 caballos de fuerza y 276 lb-pie de torque que se transmiten directamente a las ruedas traseras.

 

La operación del motor es casi completamente lineal, aunque sí se pueden sentir los cambios en el reglaje valvular conforme aumentan las revoluciones.

 

Son pequeñas pataditas en donde es evidente que la urgencia y emoción del motor por revolucionarse cambia. El 370Z Nismo está disponible con transmisión manual de seis velocidades o automática de siete, que fue la que condujimos.

 

Para muchos la automática será la menos deseable, pero en realidad es igualmente disfrutable; más considerando que tenemos levas tras el volante y una operación rápida a las indicaciones del piloto. Con este auto es imposible no caer en la tentación de provocar al 370Z de vez en cuando.

 

El eje trasero se desliza con facilidad y, con el control de tracción desactivado, se puede ir como caballo de charrería por largos tramos. Un charro y su caballo es una buena analogía para este coche.

 

El 370Z se siente como una extensión del cuerpo; pero no necesariamente como un elemento inerte, sino algo con vida propia y capaz de tomar sus decisiones, pero siempre siguiendo la voz del amo.

 

Evidentemente el 370Z no es un auto para manos inexpertas. Es un vehículo rápido que no dudará en reparar si se le pican las costillas de mala forma. Pero bien tratado,

Escrito por Alberto Bortoni / Agencia Reforma

Reportero de Reforma


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